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Rabinos,
imanes y sacerdotes rezan juntos para que llueva
en Tierra Santa

Los líderes religiosos de Tierra
Santa pocas veces están de acuerdo en algo, pero
estos días rezan por una causa común: traer la
lluvia a la árida región, que vive un mes de
noviembre con temperaturas veraniegas.
En iglesias, sinagogas y mezquitas los
asistentes al culto no dejan de dedicar desde
hace semanas unas palabras para pedir a Dios que
les bendiga con las ansiadas precipitaciones,
cuya ausencia podría causar estragos en una
agricultura que soporta ya siete años
consecutivos de sequía.
Unos sesenta imanes y rabinos y un sacerdote
cristiano unieron sus fuerzas hace dos semanas
en un curioso encuentro en el pueblo palestino
de Wallajah para orar juntos por la llegada de
un otoño que no se decide a aparecer.
Al poco común rezo inter-confesional han seguido
multitud de iniciativas, a cual más original,
para conmover a la Divinidad y que se apiade de
sus fieles en esta región que alberga algunos de
los más importantes lugares sagrados de las
principales religiones monoteístas.
Quizás los más activos hayan sido los judíos,
cuyos rabinos jefes, el ashkenazí Yona Metzger y
el sefardí Shlomo Amar, han dejado claro en una
misiva a sus seguidores que "la tierra está seca
debido a nuestros muchos pecados", un castigo
celestial ante el que sólo cabe esperar la
misericordia del Todopoderoso.
Ayer, los rabinos Menashe Malka y Reuven Deri se
subieron a un globo aerostático junto a la reina
de la belleza Shavit Wiesel (Miss Israel 2010)
para pedir desde el cielo del caldeado desierto
del Negev que Yavé envíe las lluvias.
El colorido grupo entonó una oración del rabino
Mordejai Eliahu, destinada específicamente para
este tipo de ocasiones.
También ayer, Metzger y Amar visitaron en la
ciudad de Hatzor Haglilit, en el norte del país,
la tumba de Honi Hamagel, sabio judío del siglo
I A.C. famoso por invocar con éxito la llegada
de la lluvia.
En la última quincena, los más altos guías
espirituales judíos han convocado a sus
feligreses a varias jornadas de ayuno, en las
que cientos de creyentes no han comido ni bebido
desde el anochecer de un día hasta el del
siguiente, como muestra de sacrificio y
expiación de los pecados que han llevado a Dios
a castigar con la sed a su rebaño.
El miércoles, docenas de rabinos se unieron en
una ceremonia multitudinaria con el mismo
objetivo a bordo de un barco en el Mar de
Galilea, cuyo nivel disminuye medio centímetro
cada día y ha superado ya en más de un metro el
nivel mínimo de alerta.
Los dos rabinos jefes han diseñado una oración
especial que los judíos más religiosos recitan
estos días con fervor para luchar contra la
alarmante situación.
"Oh, Aquel que escucha las oraciones, por favor,
trae la lluvia a esta tierra y bendice al mundo
entero con tu bondad, y llena nuestras manos con
tus bendiciones y la riqueza de tus regalos. Ten
misericordia con nosotros y con nuestras frutas
y cultivos. Bendícenos con la lluvia y haznos
merecedores de la vida, el sustento y la paz
como en los buenos años", dice la plegaria.
El rabino Mezger está convencido de su poder y
asegura que: "Hace un año nos encontramos en la
misma situación, en la que no había lluvia en
mitad del invierno. Después de que
distribuyésemos nuestra oración y las sinagogas
en todo el país hicieran servicios especiales,
llegaron las lluvias al final del invierno y se
evitó la sequía".
La relación entre las lluvias y el pueblo judío
está plasmada en la Biblia, en el capítulo once
del Deuteronomio, en el que se advierte a los
judíos de que, si adoran a otros dioses, Yahvé
"cerrará los cielos y no habrá lluvia y la
tierra no dará sus frutos".
Hoy, a pocos días de finalizar el mes de
noviembre, los residentes de Tel Aviv pueden
disfrutar de su paradisíaca playa, con una
temperatura de 25 grados, mientras en Jerusalén
se registran 23 y a las orillas del Mar Muerto
se llega a los 30.
El fin de semana será aún más caluroso y el
termómetro subirá todavía un par de grados más
en esta tierra sedienta, cuyos agricultores
miran al cielo con la esperanza de avistar a lo
lejos alguna nube que preceda a la tormenta.
Si las cosas no cambian pronto, los peregrinos
cristianos podrían llegar a la ciudad palestina
de Belén dentro de unas semanas a pasar una
calurosa Navidad en camiseta, sandalias y
pantalón corto.
Fuente: EFE
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