Quiere la casualidad que hoy, sábado, mientras en España algunos se
van a manifestar contra Israel por el asalto a la flotilla solidaria
con Hamas (y de eso hablaremos mañana) en Teherán se recuerde que
hace exactamente un año el régimen iraní institucionalizó el fraude
electoral para que Mahmoud Ahmadineyah pudiera seguir en el poder.
Que hoy hace un año los iraníes salieron a la calle exigiendo que se
respetara su voluntad y fueron reprimidos a tiros. Que hubo muertos,
torturados y encarcelados. Y que hoy en Irán hay condenados a muerte
por exigir durante esos días libertad.
Pocos pueblos en el planeta tienen el pasado, el potencial y, en
muchos casos, la formación de los iraníes. Una de las cosas que más
le ha llamado la atención a este periodista en su carrera
profesional es el nivel intelectual de los exiliados iraníes ya sea
en Gran Bretaña, Francia o Alemania. Y a éstos, y a los iraníes que
desde dentro han salido a la calle exigiendo el fin de la teocracia,
les hemos dejado solos frente a un inmoral indigno de presidir una
de las naciones más antiguas de la Tierra.
Hace poco un alto responsable en Jerusalén le decía a un servidor
que Israel da por hecho que los iraníes (todos) consideran a la
tecnología nuclear como una cuestión de orgullo nacional. Y que
aunque los ayatolas le devolvieran a Moussavi el poder que le
robaron en las urnas, éste no renunciaría a una energía que puede
impulsar el desarrollo de Irán. “Pero una cosa es alguien que quiere
desarrollar su país y otra un gobernante que sólo quiere fabricar
armas atómicas para borrar a sus enemigos del mapa”.
Imaginen, queridos lectores, que Irán fuera la otra gran democracia
de Oriente Medio. Y puede serlo, pero claro aquí mola más vociferar
a favor de Hamas. Aquí silencio, a los iraníes que les den... y a
gritar contra Israel.
Le había prometido a un buen amigo, David, que le dedicaría la
entrada y la modelo de hoy, pero mejor que una maciza israelí, hoy
viene más a cuento un vídeo también israelí.