Historia de vida de Lothar Hermann

El verdadero cazador de Adolf Eichmann

por Darío Brenman

Los entretelones de la captura del criminal nazi Adolf Eichmann nunca fueron del todo esclarecidos. La versión de Lothar Hermann, el sobreviviente de Dachau que lo descubrió en Olivos fue denigrada y excluida del relato oficial que describe su secuestro y posterior enjuiciamiento en Israel. Ahora, sus familiares en Argentina iniciaron una investigación con el objetivo de armar el rompecabezas de esa parte de la historia que se mantuvo oculta durante décadas tras el misterio del espionaje internacional.

Lothar Hermann nació en 1901 en la localidad alemana de Quirnbach, en el seno de una familia de 11 hermanos. Fue el tercer hijo de Max Hermann y Sophie, ambos comerciantes de ganado. El contexto familiar estuvo signado por las desagracias, ya que varios de sus hermanos perdieron sus vidas a muy temprana edad.

En 1916 Lothar ingresó al Partido Comunista Alemán, hecho que lo definió para siempre como un defensor de la lucha contra el fascismo y el nazismo. Durante años negoció divisas de Alemania a Francia en apoyo a Palestina, a pesar de no ser sionista. Por esta razón, y también por la acusación de espionaje en contra del nazismo, fue arrestado en varias oportunidades junto a su hermano Ludwin por la Gestapo.

En 1935, tras el anuncio de las nuevas leyes de Nuremberg en Alemania, el contexto para las familias judías se volvió incierto. Lothar y su hermano Luidwig enfrentaron las consecuencias de estas leyes al ser enviados a Dachau como presos políticos. El ese campo de concentración, él perdió uno de sus ojos a causa de las torturas. En su detención, Lothar estrechó muy buenas relaciones con el Dr. Fritz Bauer, quien luego se convirtió en el fiscal que impulsó los procesos de Auschwitz.

Logró salir de Dachau al negociar con los nazis las propiedades que tenía en Frankfurt. Partió rápidamente a Holanda, donde estaba su pareja, y sin perder tiempo se casaron. Ante la difícil situación en Europa buscaron nuevos horizontes.

Ante la hegemonía del nazismo muchos militantes de la izquierda alemana decidieron hacer base en otro continente. Uruguay fue el primer destino para muchos de ellos, y Lothar tenía información y contactos en un país que poseía una gran comunidad alemana. Así fue que a fines de 1938 llegó a Montevideo con su joven esposa María.

Muy diferente fue el futuro de la familia Hermann en Quirnbach, ya que todos fueron trasladados y muertos en Auschwitz y Theresienstadt. Luidwig, hermano y compañero inseparable, quien colaboraba con la resistencia al nazismo, corrió el mismo final que sus padres.

Traslado a la Argentina

Lothar recibió la noticia con pesar, pero decidió continuar su lucha ayudando a los opositores al régimen de Hitler. En 1940 viajó a Argentina, siendo Rosario su primer lugar de residencia. En esa localidad, que poseía una gran comunidad alemana, es donde nace Silvia, quien sería la única hija de Lothar.

En 1945 la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin y Lothar Hermann es contactado por sus camaradas, quienes le informaron que su nuevo destino sería Olivos, porque tenían información que muchos nazis amigos del poder vivían en esa localidad.

Lothar aceptó su nuevo destino, y armó una estrategia para poder integrarse a la comunidad alemana en esa zona. Se presentó como un abogado que se ocupaba de tramitar documentación para refugiados, con buenos contactos en Europa. Al poco tiempo de estar en la localidad del Gran Buenos Aires, notó que estaba rodeado de altos jerarcas nazis, y que a pocas cuadras de su casa vivían Josef Méngüele y muchos refugiados del Graf Spee.

Su hija Silvia se adaptó muy bien al nuevo destino. Entre otras actividades sociales, asistía regularmente al Cine York, cercano a su casa, donde pasaban películas alemanas. Durante una proyección, notó que dos filas más atrás había primero murmullos que interrumpían la película y luego lanzamientos de pelotitas de papel que impactaron en la cabeza de una amiga. Unas risas delataron a esos tres chicos, quienes se acercaron para presentarse y socializar con estas adolescentes.

Uno de los muchachos se da a conocer como Klaus Eichmann. A Silvia no le pareció nada raro ese apellido, ya que era común en esa comunidad. Cada mañana, Silvia compraba el diario escrito en alemán y se lo leía a su padre. Un día apareció una noticia donde se informaba sobre el pedido de captura internacional de Adolf Eichmann. En ese momento, inocentemente Silvia comentó la anécdota del cine. Klaus era un chico muy conocido en el barrio ya que manejaba una motocicleta, y eso para cualquier adolescente sería suficiente excusa para sentir admiración. Incluso ella y sus amigas habían ido a su casa en alguna oportunidad, porque la relación de amistad era muy buena a pesar de su diferencia de edad. En ese momento, se estaba organizando un baile y ella estaba pendiente de la invitación. Lothar le mostró la foto de Eichmann con el uniforme de las SS. Silvia guardó la imagen en su cabeza por el resto de su vida.

Esa tarde, junto a sus amigas, fueron directo a la casa de la familia Eichmann en la calle Chacabuco, golpeó su puerta y la atendió Adolf Eichmann, un hombre bajo con anteojos. Ella le preguntó si era el padre de Klaus y él le respondió que sí. Durante minutos por la cabeza de Silvia aparecieron las palabras y los recuerdos de su padre sobre quién era ese hombre. Ella agradeció su amable atención y se retiró a paso rápido en compañía de sus amigas.

Al regresar, Silvia pensó de qué forma le diría a Lothar que la persona que vio se llamaba Adolf Eichmann hasta que finalmente se lo dijo. Su padre le preguntó si era igual al de la foto que está en el periódico, ella le contestó que no se parecía mucho pero así se llamaba.

Denuncia sin reconocimiento

Hermann no pudo sacar de su cabeza la presencia de Eichmann en su barrio, por eso decidió contactar a su antiguo camarada Fritz Bauer, el hombre que en ese momento estaba manejando los juicios de Auschwitz. Hermann le contó que había podido ubicar al criminal de guerra Adolf Eichmann en Buenos Aires. El fiscal se mostró sorprendido por el relato de su antiguo compañero en Dachau, pero sabía que no podía confiar en la justicia alemana, ya que alguien podría delatar la cercanía de su informante con Eichmann, poniendo en peligro su vida y la de la su familia.

Fue entonces que el funcionario alemán informó el dato que procedía de Argentina a los servicios de inteligencia de Israel, que inicialmente dudaron del mismo, ya que cazadores de nazis como Wissenthal y Friedman jamás tuvieron éxito en esa captura.

En paralelo, para esa época se rumoreaba que células nazis estaban operando en el sur de Argentina. Por eso Lothar se instaló en Coronel Suárez, un pueblo lindante a las sierras del sur de la provincia de Buenos Aires, donde vivía una colonia alemana que albergó a parte de la tripulación del Graf Spee.
Por otra parte, Bauer logró convencer a las autoridades de Israel para que verifiquen los datos aportados por Lothar. El espía israelí visito a Hermann en Coronel Suárez, aduciendo ser ayudante del fiscal. Luego de escuchar el relato de Lothar, le ordenó que debía enviar toda la información que pudiera obtener a una dirección postal en Estados Unidos. Lothar sospechó que algo no andaba bien, por eso omitió las sugerencias del agente israelí y decidió trabajar para atrapar a la persona que mató a su familia.

Silvia, por su parte, no se adaptaba a su nuevo lugar. Así fue que Lothar decidió hacer viajes para que ella visitara periódicamente a sus amigas en Olivos; una oportunidad para seguir los pasos de los Eichmann. En unos de esos viajes Lothar se enteró que Eichmann se había mudado a San Fernando, un lugar alejado, ideal para pasar sus últimos años en Argentina, hasta poder regresar a Alemania y no ser juzgado. También se enteró que Eichmann trabajaba en la empresa Mercedes Benz como operario en el sector planos.

El engaño israelí

Un día Silvia le leyó a Lothar que el cazador de nazis Tuviah Friedman ofrecía una recompensa junto al Estado de Israel por cualquier dato de Adolf Eichmann. Por esa época, Lothar aguardaba con impaciencia algún dato de Bauer, ya que hasta el momento no había recibido noticias suyas pese a que le había enviado toda la información que poseía. Cuando finalmente decidió contactarse, su antiguo camarada se mostró sorprendido por el reclamo de todo lo actuado por Hermann en la persecución de Eichmann. Enfurecido, Bauer exigió una explicación a las autoridades israelíes, quienes alegaron que según el informe del agente enviado se desprendía que Eichmann no podría vivir en Buenos Aires tan humildemente. Al mismo tiempo, el Estado de Israel cerró la causa y dejó inconcluso todo lo referente al criminal nazi.

Bauer viajó a Israel para conocer las razones por las cuales se había cerrado la causa y averiguar qué pasó con su amigo en Argentina. Le explicaron, entonces, que los datos de una persona no vidente no serían suficientes y que, además, Hermann no estaba en sus cabales por el estado en que quedó después de la guerra. El fiscal repudió la maniobra realizada por el agente que visitó a Hermann y sostuvo que Lothar era una fuente confiable.

Ante el posible escándalo internacional, Israel reabrió la causa Eichmann y dejó que Bauer con su informante hagan algo. Ellos no tenía ningún interés en atraparlo, esa era la orden de Ben Gurrión.

Lothar decidió comunicarse con Friedman. Él no quería sólo el dinero, esperaba que juzguen al criminal que participó en los crímenes más atroces de la historia. Pero cuando el investigador volvió a informar el dato a las autoridades israelíes, recibió como respuesta la burla por la incapacidad visual y el estado emocional de Lothar.

Despido y secuestro repentino

En mayo de 1960 Mercedes Benz tuvo un abrupto cambio gerencial, y es designado William Mosseti, un ex agente de Mussolini y hombre del servicio de la Standart Oil, quien asumió unos días antes de la desaparición de Eichmann. Casi de inmediato, Ricardo Klement (nombre falso de Ecihmann), es dado de baja en su seguro social. Sin enterarse que sería la última vez que tomaría el micro desde la empresa, Eichmann hizo el viaje de regreso como lo hacía habitualmente y cuando descendió en Av. Cabildo y General Paz fue abordado por agentes y trasladado en un automóvil.

La señora de Eichmann inició una causa judicial por el secuestro de su marido. Sus hijos lo buscaron por toda la ciudad; y en una oportunidad visitaron la casa de Carlos Fulder, la persona que había logrado traerlos hasta Buenos Aires. Pero nadie sabía nada.

Mientras tanto para Hermann las cosas no habían salido como imaginaba: simples y justas. Cuando el primer ministro Ben Gurion anunció que Eichmann estaba en Israel listo para ser juzgado, Vera Eichmann envió con su abogado varios documentos pidiendo explicaciones a Mercedes Benz. Luego de unos días, la empresa le respondió que Eichman no se volvió a presentar más en su lugar de trabajo y por justa razón fue despedido. Se hizo evidente que había sido secuestrado. Una noche la familia Eichmann dejó su hogar para nunca más volver.

Mientras tanto, en Israel se estaba gestando la operación de la cual Friedman no podría participar, pese a que él había tenido pruebas directas de la persona que estaba cercando a Eichmann en Argentina. El dato a partir de ese momento sería dado por un famoso cazador de nazis que había donado todos sus archivos en 1954 y que hizo hincapié en su búsqueda en Austria. Como era lógico de esperar, ésta versión de la historia no fue bien recibida por Lothar Hermann.

Con el correr de los días apareció la versión oficial de lo sucedido en Argentina: Eichman fue secuestrado en la esquina de su casa en San Fernando por agentes israelíes, quienes los sacaron del país disfrazado en un avión de la línea aérea israelí EL AL. Esta operación no fue bien vista por el gobierno argentino, ya que la prensa expuso la inseguridad e incapacidad de las autoridades de nuestro país, pero con el tiempo la relación entre ambos países se normalizó.

Abandonado a la deriva

Hermann decidió mandar cartas al Estado de Israel para solicitar la recompensa ofrecida por cualquier dato sobre Eichmann, sin recibir ninguna contestación. En una de las misivas, planteó que el secuestro se vio envuelto de extorsión y engaños.

Unos días más tarde, una ola de periodistas llegó a Coronel Suárez desde España, Alemania, Inglaterra. Una noticia había dado vuelta al mundo: Méngüele, el doctor muerte de los campos, era Lothar Hermann. A partir de esta acusación, otra pesadilla comenzaba para Lothar, y apenas horas después fue arrestado. En la cárcel fue interrogado y maltratado por la policía sin jamás entender por qué razón estaba privado de su libertad. La policía envió toda la documentación de Hermann a las autoridades de La Plata, donde se había iniciado el expediente de Josef Méngüele. Tras comparar los dos legajos, la Embajada de Alemania pidió en reiteradas oportunidades información de la causa iniciada a Hermann a la Justicia, iniciativas que jamás tuvieron respuesta.

Haber denunciado a Eichmann no era lo peor para Lothar, sino las consecuencias para su vida: Silvia no pasaba un buen momento con su padre procesado como criminal nazi y su madre con cáncer de pulmón. Durante casi 10 años de su vida, Hermann vivió ocultándose. Los vecinos colaboraban para que la familia estuviera a salvo, ya que habían recibido varias amenazas de los Eichmann por haber denunciado a su padre. A todo esto, la policía bonaerense lo investigó en varias oportunidades, sin tener contemplación de su edad y su condición. Su esposa falleció en 1962 tras soportar la dura enfermedad. Esta fue la última vez que Lothar vio a su hija.

Durante años, el reclamo para que le devolvieran sus propiedades en Alemania y una compensación por lo sucedido con su familia no obtuvo respuesta. El juzgamiento de Eichmann en Israel hizo cada vez más distantes esos pedidos.

Por su parte, Tuviah Friedman debió soportar la humillación de ser acusado de realizar investigaciones falsas. Él se defendió aduciendo haber sabido el paradero de Eichmann en 1959, gracias a Hermann. Luego de pasar la información a sus superiores, Friedman solo recibió una orden: callarse o desaparecer. Él conservó cada carta de Lothar, ya que sería su comodín a la hora de defenderse. Luego emigró a EE.UU., amenazado de muerte.

En 1971 Lothar Hermann vivió los momentos más difíciles de su vida. Un cáncer invadió su cuerpo y tuvo que realizar un tratamiento mensual en un nosocomio porteño, siempre y cuando la policía lo autorizaba. Ante esta nueva complicación, le envió una carta al primer ministro israelí para solicitarle la recompensa negada durante años. Al cabo de unos meses recibió una respuesta: Israel aceptaba pagar la recompensa de U$S 500 por mes para pagar los gastos de su enfermedad.

Lothar Hermann murió en 1974 y fue sepultado en el cementerio municipal de Coronel Suárez. Pasados 27 años, un familiar encontró su tumba desértica, que fue profanada, y en la que aparecía como un NN sin gloria alguna y sin admitir todavía que fue él quien hizo justicia por 6.000.000 de personas. En 50 años se hicieron cientos de libros, varias películas y documentales, pero sólo pocos lo nombraron y se burlaron. Lothar Hermann dio su vida realmente por la Justicia.

*La nota fue realizada en base a información suministrada por Liliana Hermann, sobrina nieta de Lothar Hermann.
 

Fuente: NuevaSión
 

 

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