El Mago de Oz y el Lev Jadash

por Rabino Pynchas Brener
Repetidas veces he visto la película El Mago de Oz. No es necesario
pertenecer a mi generación para hacerlo, porque este clásico de la
cinematografía se transmite periódicamente por televisión y muchos
jóvenes han visto a Judy Garland en el papel de Emily, una joven
cuya desenvuelta imaginación la condujo a las regiones donde reinan
las hadas, las brujas y los enanos. De acuerdo con el guión de la
película, su casa fue impulsada por un tornado al país de las
maravillas, el reino del Mago de Oz.
Años más tarde me pregunté: ¿por qué
Emily y su familia insistían en permanecer en Kansas City si era una
región azotada por ventarrones, sequías y posibles tornados? ¿Por
qué no se mudaron? Tal vez se le podría plantear la misma pregunta
al Pueblo Judío: ¿por qué se empeña en retener ese minúsculo e
indigente pedazo de tierra que carece de tesoro alguno en sus
entrañas, donde abunda la sequía mientras la lluvia escasea? La
respuesta es simple: Kansas City era de Emily y la Tierra de Israel
es del Pueblo Judío. Y la gente responsable retiene lo suyo, no lo
cambia. Ama su tierra, lucha contra viento y marea, enfrenta la
hambruna y el paludismo y no se rinde. Al contrario, se aferra,
permanece en el lugar de sus ancestros para retener su identidad y
precisar su destino histórico.
Emily hace el viaje al castillo del Mago de Oz con varios amigos:
uno de ellos es un león capaz de rugir, pero que en su fuero interno
es un cobarde, carece de arrojo. Este pintoresco personaje
-interpretado por el inolvidable Bert Lahr- se une al grupo de Emily
para ver si el Mago de Oz le puede conceder la virtud del coraje.
Quiere ser un verdadero león, auténtico. Porque la característica
fundamental del león no es su abundante melena, sino su valentía. El
coraje hace del león un león.
Por ello, cuando Moshé accedió a enviar exploradores -los Meraglim-
para rastrear la Tierra Prometida, escogió un grupo de doce Anashim
-hombres valientes, según Rashbam- uno por cada tribu para espiar la
tierra. Su selección había sido correcta, porque habían demostrado
coraje con anterioridad, pero en el momento crucial, al ver con sus
propios ojos la tierra que tendrían que conquistar, el miedo se
apoderó de ellos. Les pareció que los habitantes eran gigantes y
pensaron que las ciudades fortificadas serían impenetrables. Cuando
llegó el momento de la acción, "arrugaron", como se dice entre
nosotros. "Lo nujal", no vamos a poder, fue su conclusión.
Desanimados, contagiaron al pueblo con su temor. La sentencia fue
severa: Dios decidió que tendrían que deambular cuarenta años por el
desierto antes de hacer un nuevo intento de ingresar a la Tierra
Prometida.
Muchos mostramos valentía hasta el momento que exige pasar a la
acción. ¿Quién quiere ser carne de cañón? En los primeros años
después del establecimiento de la Mediná, todo joven estaba
dispuesto a servir en el ejército para defender la patria. En la
actualidad hay muchísimos jóvenes dispuestos a hacer lo mismo. Pero
algunos flaquean y ya no ven la necesidad de someterse al peligro.
El Mago de Oz le ofrece "un reloj" al león, cuyo tic tac imita la
regularidad de los latidos de un corazón. Es una fábula, pero con su
"nuevo corazón", el león siente inmediatamente que puede rugir más
fuerte y que será aceptado por el resto de su manada. "Venatati
lajem lev jadash verúaj jadashá", el profeta anuncia que Dios nos
dará un corazón nuevo con un espíritu renovado para enfrentar
situaciones apremiantes. Acostumbrados a una vida cómoda, de
televisores planos y automóviles veloces, computadoras y celulares,
el hombre actual -tanto en Venezuela como en otras partes del mundo
occidental- ha perdido el coraje de actuar, prefiere el calor del
hogar en el invierno y la frescura de la brisa del mar en el verano.
Por ello, los talibanes y extremistas -aunque sean a veces sólo un
puñado- pueden obligarnos a quitarnos los zapatos y todo metal para
atravesar los detectores antes de montarnos en un avión. Una
travesía que solía ser placentera se ha convertido en un martirio,
especialmente para los mayores. Necesitamos lev jadash, un corazón
renovado que nos sature de coraje ante los atracadores y malhechores
que se multiplican en una sociedad que sólo imita la agresividad de
sus gobernantes, como todos sabemos.
En cambio, cuando Moshé vio que un esclavo hebreo era maltratado por
un capataz egipcio, salió en su defensa con puños y golpes. No
vaciló en defender al oprimido porque tenía un lev jadash, un
corazón valiente. Tras el noveno aniversario de la destrucción de
las Torres Gemelas de New York es oportuno reconocer la excepcional
valentía de los bomberos y policías de esa ciudad que ofrecieron sus
vidas en el intento de salvar las vidas de otros.
Se necesita coraje para la acción, pero también se necesita coraje
para el verbo. La auto censura es una realidad en diferentes
sectores de la sociedad. No se puede hablar de Israel en muchas
universidades que han tomado la bandera palestina como símbolo de su
preocupación por la supuesta opresión. Incluso se puso en duda lo
apropiado de que el embajador de Israel en Estados Unidos diera un
discurso durante la más reciente graduación en la universidad judía
de Brandeis. ¿Dónde está la izquierda y los así llamados liberales
para protestar por los derechos de la mujer en el Islam? En muchos
de esos países, la mujer es considerada una mera posesión. Parece
que Irán finalmente no asesinará a una mujer condenada por
adulterio, hecho que será considerado como una gran victoria para
los Derechos Humanos.
El ex Primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair, publicó
recientemente un libro que ocupa el primer lugar en ventas. Tuvo que
abstenerse de presentarlo en una universidad donde posiblemente
sería agredido por su evaluación positiva del presidente George
Bush. Así es la avant garde:
existe la libertad de expresión, siempre y cuando guarde conformidad
con las nociones preconcebidas, aceptables según su pensamiento.
¿Acaso dice la gente realmente lo que piensa en Venezuela? Y no sólo
aquí: en diferentes coordenadas geográficas muchos pierden el coraje
cuando tienen que expresar una opinión en público, especialmente,
una opinión contraria a la que se considera políticamente correcta.
Diez espías se pronunciaron contra la conquista de la Tierra
Prometida, pero Calev y Yehoshúa tuvieron el coraje de su convicción
y exclamaron que sí era posible vencer los obstáculos y conquistar
la Tierra. Era peligroso contradecir la opinión mayoritaria, porque
el pueblo se sentía inquieto frente a la posibilidad de una aventura
militar y en la conmoción podría haberse producido el linchamiento
de Calev y Yehoshua. Sin embargo, tuvieron el coraje de expresar su
convicción. Mientras los romanos prohibieron el estudio de la Torá,
numerosos Jajamim y morim arriesgaron sus vidas, desobedecieron el
instructivo y demostraron coraje de acción y palabra para asegurar
que no cesara la transmisión del Judaísmo y para que generaciones
futuras pudieran nutrirse de esa inagotable fuente que es la Torá,
hoy presente con mayor vigor en muchas partes del mundo, incluso
aquí en Venezuela.
Además del coraje de acción y del coraje de palabra, también está el
coraje de ser. Esta vez no se trata de una amenaza externa: el
obstáculo es interno, el problema es uno mismo. ¿Qué quiere decir
teshuvá, sino el retorno a lo que uno es y a lo que uno debe ser?
Rambam enumera los pasos necesarios para la teshuvá. El primer paso
consiste en reconocer el error cometido. Tarea difícil, porque
solemos justificar nuestras acciones. La segunda etapa consiste en
decidir no repetir el error en el futuro. Está claro que cualquier
deuda tiene que ser pagada en cuanto sea posible. Pero Rambam va
mucho más allá del arrepentimiento por un traspié cometido. Es
posible, argumenta, cambiar la esencia de la personalidad. La
persona que se enoja fácilmente puede producir un cambio en su
manera de ser; quien cree que es agresivo por naturaleza puede
sobreponerse a esa disposición. Se requiere mucha voluntad, pero es
posible. No hay como estar condenado a un código genético heredado,
cuando se habla de valores y comportamiento. Toda persona tiene la
capacidad, el libre albedrío, de escoger entre ser agresiva y ser
comprensiva, entre ser destructora y ser constructora. Pero para
ello se requiere coraje, la valentía de enfrentar los sentimientos,
para penetrar la psique que yace en las profundidades de la
personalidad del individuo.
El coraje de ser incluye cómo enfrentar la vida después del
fallecimiento de un esposo, del compañero de medio siglo de vida
quien ya no está más. Cómo mantener la dignidad cuando se es
obligado a emigrar a un país diferente, porque el sistema político
que se ha impuesto impide desarrollar una vida en el marco de
libertad indispensable para el desarrollo emocional y profesional.
Leemos en la Torá que, inmediatamente después del fracaso de la
misión de los espías, Dios instruyó al pueblo acerca de cómo debía
comportarse después de ingresar a la Tierra Prometida. La Torá habla
acerca de los primeros frutos que tendrían que ofrecer al Cohén en
el Beit HaMikdash, sobre el maaser (diezmo) que tendrían que dar al
Leví y al pobre. Aparentemente, para reunir coraje uno debe ser
capaz de imaginar una nueva situación. Si los hebreos realmente
querían entrar a la Tierra Prometida, no obstante los obstáculos de
la conquista, tenían que comportarse como si lo hubieran conseguido,
imaginar cuál sería su comportamiento en la nueva tierra. Debían
tener confianza y fe en su propia capacidad como premisa necesaria
para la consecución de una meta.
Los venezolanos estamos buscando la dirección del Mago de Oz, porque
no sabemos quién es y dónde se encuentra. ¿Dónde estará la persona
que puede, con un toque de timón, encaminar a la sociedad hacia el
cambio deseado? ¿Será necesario tal vez un mesías o un líder
carismático? Pero tal como Emily (Judy Garland) le dijera al león
(Bert Lahr), el coraje siempre estuvo dentro de él. El nuevo corazón
que le ofreció el Mago de Oz era sólo una ilusión. Los otros
animales le temían porque el coraje siempre estuvo en su corazón,
aunque éste no podía identificarlo. La sociedad entera necesita un
lev jadash, la renovación de la confianza en sí misma, condición
indispensable para la conquista de su desarticulación interna y para
frenar el menosprecio de su fortaleza intrínseca.
Aunque el individuo pueda dominar la adversidad, no hay duda que la
ayuda Divina sigue siendo un elemento fundamental para precisar
cuáles son los valores por los que se debe luchar.
¿Por qué se toca el Shofar en Rosh HaShaná y así lo haremos mañana
en la noche a la conclusión de este día sagrado, Yom Kipur? La
Berajá que se recita es Lishmoa Kol Shofar. La mitsvá consiste en
escuchar el sonido del Shofar. Tal como dice Saadiá Gaón, despierta
con el sonido del Shofar para salir de la somnolencia e
indiferencia. Es un llamado al arrepentimiento, para confrontar
errores y corregirlos. Sin embargo, durante la Amidá de Rosh HaShaná,
exclamamos: "Ki Atá shomea kol teruat Amjá Israel berajamim" (Dios
escucha con Misericordia el gemido del Shofar que emana de Su pueblo
Israel). Esta Berajá implica que el Shofar suena también para que lo
escuche Dios. ¿Cuál es entonces la razón auténtica para el Shofar en
Rosh HaShaná? Probablemente ambas razones son correctas. Escuchamos
el Shofar como un son de alarma para enderezar el sendero que hemos
escogido, pero simultáneamente apelamos a Dios para que recuerde el
sacrificio y la devoción de los Patriarcas y de todos aquellos que
en diferentes generaciones ofrecieron su vida al Kidush HaShem,
quienes mantuvieron prendida la antorcha para que ilumine el sendero
por el que debemos transitar.
Gmar Jatimá Tová recibiremos el sello de la vida sobre nuestro lev
jadash, corazón nuevo que la reflexión y la plegaria, el ayuno y el
recogimiento, y la celebración de Yom Kipur ha creado en cada uno de
nosotros. Que este nuevo año 5771 sea finalmente testigo de una paz
real, segura y digna entre Israel y los palestinos, un año en el que
cese el enfrentamiento entre los diferentes sectores de la sociedad
venezolana, para que podamos convivir, cada uno con su pensamiento,
con coraje para actuar, coraje para decir y coraje para ser;
transpirando coraje por doquier, que conduzca a un renovado amanecer
para esta patria atropellada en el decenio que concluye.
Gmar Jatimá Tová.