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Sobre mi
Entrevista para El Clinic

por
Maximiliano José Grass Araya
Presidente Federación de Estudiantes Judíos
Como ya
muchos estarán al tanto, el día Miércoles de esta semana
salió publicada en el portal de “The Clinic” una
entrevista
que les di en relación a la actitud del gobierno, y en
particular los dichos del Ministro del Interior Dn.
Rodrigo Hinzpeter, sobre los incendios en el sur, y la
impulsividad con que este último culpó a la comunidad
Mapuche invocando la Ley Antiterrorista. Sobre esta
entrevista he recibido tanto felicitaciones como
críticas, y quiero aprovechar las páginas de Anajnu para
referirme a estas últimas.
Primero quiero acotar que ninguno de quienes críticó la
entrevista pertenece al liderazgo comunitario. De
quienes tienen cargos de representación comunitaria sólo
he recibido muestras de apoyo. Sin embargo, los
argumentos de quienes criticaron la entrevista me
parecen sumamente preocupantes, y quiero abordarlos a
continuación.
La crítica más recurrente fue que era una deslealtad
atacar a un miembro de la comunidad que ostenta un cargo
público, ya que comparte con nosotros algo mucho mayor
como es nuestra pertenencia al pueblo judío, y a la vez
abre espacios para que futuros miembros de la comunidad
se involucren en política. Argumentaron además que
quienes atacan a un personero judío nunca van a
distinguir entre judíos, partiendo de la base que todos
somos igual de malos, y que con mis declaraciones no
hago si no dar una imagen de desunión comunitaria.
Finalmente, cerraron argumentando que aunque tuviésemos
diferencias internas, estas no se tenían que hacer
públicas independiente de sobre qué trataran. Toda esta
visión no me puede parecer si no preocupante.
Hay que partir por hacer una distinción entre aquellos
temas en que hay unidad (y debe seguir habiendo) y en
los que no tenemos por qué tener común acuerdo. Como
comunidad, compartimos una memoria común, una cultura y
lenguaje riquísimos en contenido, una fe que es
sumamente completa y gratificante, y el amor por el
Estado de Israel, que es la patria del pueblo judío,
tierra ancestral en la que finalmente pudimos cumplir
nuestro anhelo de autodeterminación. Todo esto conforma
el tejido que nos mantendrá unidos independientemente de
todo lo demás, sin embargo no implica que tengamos que
estar de acuerdo en todo lo externo a ello. En
particular, no tenemos por qué estar de acuerdo en
política.
Siempre ha habido múltiples posturas políticas dentro de
la comunidad, ejemplo vivo de esto es la diversidad de
partidos en Israel mismo, y no hay por qué simular que
pensamos todos lo mismo cuando no es así. Por lo demás,
mostrar la amplia gama de visiones que hay en la
comunidad en cuanto a temas de contingencia nacional no
atenta contra la integridad de la comunidad, si no que
fortalece nuestra credibilidad, ya que no es creíble por
nadie que pensemos lo mismo en absolutamente todos los
temas.
Habiendo aclarado esto, quiero hacer hincapié en que yo
no ataqué al Sr. Ministro. Más bien critiqué su conducta
en cuanto a su accionar particular al acusar sin pruebas
a la Coordinadora Arauco Malleco, institución ligada de
una u otra forma a la comunidad mapuche, de ser culpable
de los recientes incendios.
¿Y porque lo critiqué? Pues porque habiendo luchado todo
el año por tener una Ley Antidiscriminación, soy un
convencido de que no hay que tolerar ninguna forma de
discriminación, intolerancia, o difamación odiosa
independiente de quien venga. Acusar a una institución
ligada a la comunidad mapuche de algo que no está
respaldado en pruebas, es difamación discriminatoria, ya
que contribuye a generar una asociación de esta
colectividad con actos delictivos, lo que no
corresponde.
Aun cuando eventualmente, posterior a una investigación
se encontrara evidencia de que los incendios fueron
causados por uno o más integrantes del CAM, la acusación
previa sin fundamentos no se vería justificada, ya que
invita a generalizar, y culpar a una colectividad entera
por las acciones de una minoría.
La guinda de la torta fue la invocación de la Ley
Antiterrorista, ante lo cual no podíamos permanecer en
silencio pues nosotros como comunidad, habiendo sido
víctimas tantas veces de terrorismo, sabemos mejor que
ninguna otra su real significado, que es el atentado
indiscriminado contra la vida de civiles, y los
incendios que hemos visto claramente no se amparan bajo
esta definición.
Las lamentables muertes de los brigadistas no fueron
planeadas, ocurrieron mientras ellos intentaban apagar
el fuego, por lo cual no se atentó contra sus vidas.
Así, queda absolutamente sin justificación la acusación,
y nosotros como minoría históricamente discriminada no
podemos permanecer en silencio cuando vemos a otra
minoría pasar por lo mismo. Sería inconsecuente e
indigno.
Ahora, sobre la idea de la protección de “nuestros
representantes” ante todo, el argumento en este caso es
sumamente simple. El Ministro no es nuestro
representante. Claro, pertenece al igual que nosotros al
pueblo judío, pero nosotros no lo elegimos, lo eligió el
Presidente de la República conforme a las potestades que
el cargo le asigna. No está ahí como líder de nuestra
comunidad, si no como representante del gobierno de
Chile. Cuando habla, no habla por todos nosotros, habla
por su persona, por su partido, y por el gobierno, y es
sumamente importante aclarar esto. Porque de lo
contrario, se potencia la ridícula teoría conspirativa
de que estamos todos alineados, y el silencio otorga.
Los Judíos que se involucren en política, sea por la
derecha o por la izquierda, no deben ser confundidos
como representantes de nuestra comunidad. Claro que,
quiéranlo o no, sus entradas en la política abren
espacios para que, en el futuro, jóvenes de la comunidad
vean posible involucrarse en política también, pero eso
es un colateral, no es planeado, ni coordinado. Como
judíos siempre van a ser parte de nuestro pueblo,
exponentes de él si se quiere (y como en todo hay buenos
y malos exponentes), pero no representantes. Dada la
estructura administrativa de la Comunidad Judía de
Chile, y habiendo sido avalado por las instituciones que
la componen, la única voz autorizada para hablar como
representante de las instituciones judías es, en este
momento, Shai Agosin, presidente de la CJCH, y en el
futuro los presidentes de la CJCH que vengan después en
la medida que este mantenga su rol de institución
paraguas de la comunidad organizada.
Finalmente, y a modo de aclaración personal, quiero
decir que hay una frase de la entrevista que se puede
mal entender pues fue sacada de contexto. Esta es
aquella que dice “Grass sabe algo de eso. Lo han
discriminado muchas veces por ser judío. Incluso lo
acusan, por asociación, de ser de derecha. Sionista.
Pero él se defiende. ‘No hay ninguna relación entre ser
judío y ser de derecha o izquierda’, dice.”
La palabra Sionista ahí se entiende como si tuviera un
carácter despectivo. Lo que yo dije es que la hay gente
que asocia el Sionismo a la postura política de derecha,
incluso al fascismo, cuando no tienen ninguna relación.
Incluso expliqué que el sionismo es netamente la
añoranza del pueblo judío de poder ejercer el principio
de autodeterminación en su patria, la tierra de Israel,
pero eso no lo pusieron. Así, quiero dejar claro que yo
soy y siempre seré abiertamente un defensor del
sionismo. Aun así, no creo que ese detalle haya mermado
el objetivo de la nota que fue explicar que el intento
de asociación de nuestra comunidad con una tendencia
política, y el querer responsabilizarnos por las
acciones de miembros de nuestra comunidad involucrados
en política, es discriminador.
De la misma manera como defendimos a Hinzpeter cuando
Gajardo lo atacó desde el antisemitismo puro, no por sus
acciones si no por su condición de judío, no
permitiremos ningún tipo de discriminación,
independiente de quien venga y hacia quien vaya
dirigida.
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