“Israel, Un Milagro Moderno"

“La época en la que vivimos no
parecer muy propicia para creer en milagros. Hay
quienes piensan que las señales de Dios
pertenecen a los tiempos pasados cuando el
hombre era más crédulo y menos culto. Lo cierto
es que ni el tiempo de los milagros ha
terminado, ni el hombre es menos crédulo ni más
culto hoy que lo que ha sido en el pasado.
Dios todavía dirige los hechos de la historia y
a través de ella ha ido plasmando su voluntad y
desarrollando sus planes con referencia al ser
humano. Cuando afirmamos en el epígrafe que
Israel es un milagro moderno queremos significar
que algunos hechos recientes de su historia no
pueden ser explicados sino aceptando que fuerzas
superiores a las humanas están actuando
poderosamente a su favor, como si por encima de
la capacidad de sus gobernantes la invisible
mano de Dios moviese los acontecimientos en
torno a su supervivencia.
Invitamos a nuestros lectores a considerar lo
que bien podría llamase: el triple milagro del
Israel moderno.
1) El cumplimiento de la profecía sobre el
regreso de Israel a su tierra.
“Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de
todos los países y os llevaré a vuestro suelo”
(profecía de Ezequiel 36:24). Esta sección de la
profecía de Ezequiel trata de la restauración
final de Israel en su propia tierra luego de
sucesivos retornos parciales. “La tierra
devastada será cultivada después de haber sido
una desolación a los ojos de todos los
transeúntes. Y se dirá: esta tierra, hasta ahora
devastada, se ha convertido en un jardín de
Edén, y las ciudades en ruinas, devastadas y
demolidas, están de nuevo fortificadas y
habitadas. Y las naciones que quedan a vuestro
alrededor sabrán que Yo he rehecho lo que estaba
demolido y he replantado lo que estaba
devastado” (Ezequiel 36:34/36). La formación
definitiva del Estado de Israel el 14 de mayo de
1948 – 5 de Iyar de 5708- fue el cumplimiento de
ésta y otras profecías bíblicas que señalaban
claramente el restablecimiento final de los
israelitas en su país. ¿Cómo pudo ser posible
tal evento después de casi 2000 años de haber
sido expulsados de su propio suelo? Si bien
muchos países amigos contribuyeron al
establecimiento del Estado de Israel, otros se
opusieron firmemente a ello y tomaron las armas
para impedirlo. Un escritor contemporáneo
conocedor de primera mano de los asuntos
judeo-árabe-cristiano, William Hull, puso las
cosas en su lugar cuando dijo: “Yo me coloqué
del lado de Israel porque Dios estaba con
ellos”. Lo que parecía imposible a lo largo de
veinte siglos estaba sucediendo ante los ojos
asombrados de todo el mundo, amigos y enemigos
de Israel, y por primera vez a lo largo de 2000
años los judeos volvían a su hogar terrenal.
¡Dios había realizado un milagro profético!
Aunque utilizó en el cumplimiento de este
maravilloso evento la intermediación de países e
instituciones de naturaleza humana, es evidente
que el Estado de Israel (Medinath Israel) surgía
otra vez ante la faz de la Tierra como una señal
profética cumplida en el siglo XX.
2) El segundo milagro del Israel moderno es la
asombrosa capacidad de defenderse de las
hostiles naciones que lo rodean.
Cuando culminó en 1948 el mandato británico
sobre la tierra prometida, los ejércitos
combinados de los países árabes invadieron
Israel, y los judeos, carentes de todo armamento
pesado y sobrepasados en número, no sólo
resistieron sino que contraatacaron y
consiguieron finalmente imponer una tregua. Dice
la Biblia: “Si fueran sabios –los enemigos de
Israel- podrían entenderlo pues, ¿cómo un solo
hombre puede perseguir a mil y dos poner en fuga
a una multitud? sino porque su Roca se los ha
vendido, porque Jehová los ha entregado?”
(Cántico de Moisés, Deuteronomio 32:29/30).
Confirma Levítico 26:8: “Cinco de vosotros
perseguiréis a cien, y cien de vosotros
perseguiréis a diez mil”, pues tal era la
proporción -1 a 100- de la población judea
frente a los árabes en 1948. Pocos años más
tarde, en 1956, Israel fue nuevamente
hostilizado por sus vecinos árabes y obligado a
tomar las armas; fue una campaña tan fulminante
que en pocas horas ya había obtenido la victoria
sobre sus enemigos. El comentario mundial fue
unánime en reconocer que la campaña del Sinaí
fue casi un milagro cuya explicación no es
sencilla. Luego llegó la nefasta madrugada del 5
de junio de 1967: un cinturón de nueves países
enemigos declararon la guerra a Israel y juraron
“arrojarlo al mar”. Nuevamente sucedió lo
inaudito: Israel, otra vez solo y sin ayuda
exterior, afrontó la situación con su confianza
puesta en Dios. Bastaron las ocho horas
iniciales para que el inmenso poderío humano y
bélico de sus enemigos quedase inutilizado,
permitiendo así un arrollador avance de Israel
sobre las capitales de los países que le
declararon la guerra. ¡En seis días la guerra
estaba ganada y concluida! ¿Se puede atribuir
tan solo a la táctica militar de Israel o al
descuido de sus adversarios este milagro de
nuestro siglo? Como en los tiempos bíblicos es
el pequeño David que vence al fiero Goliat. Seis
años después, en 1973, egipcios y sirios
atacaron por sorpresa a Israel en el día de Iom
Kipur y tampoco en esta oportunidad pudieron
derrotarlo. ¿Qué podemos agregar? No titubeamos
en afirmar que siempre venció porque el brazo
del Señor estuvo de su parte, y creemos
sinceramente que el mundo entero debería
reconocer esta verdad. Los eruditos de la
historia y de la estrategia militar se
preguntan: ¿Cómo fue posible? Aventuramos la
respuesta: ¡Es otro milagro de Dios en pleno
Siglo XX!
3) El tercer milagro, y tal vez el más grande,
es que el pueblo de Israel continúa siendo el
pueblo elegido de Dios.
“Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi
pueblo” fue el pacto eterno que hizo con el
pueblo de Israel. Dios jamás quebrantó esa
promesa a través de los siglos, ni aun en medio
de las grandes calamidades que Israel debió
soportar a lo largo de su historia. Matanzas,
pogromos y persecuciones no lograron
exterminarlo y siempre sobrevivió un Resto con
miras a la reedificación de la nacionalidad. La
Segunda Guerra Mundial con su secuela de seis
millones de judeos asesinados tampoco logró
aniquilar al pueblo israelita ni quebrantar su
fe, “cuya roca es Jehová”.
“Ciertas corrientes teológicas cristianas
pretenden que la Iglesia católica ha ocupado el
lugar de Israel y que, por lo tanto, Dios ha
desechado a su antiguo pueblo e invalidado su
Pacto. Este concepto equivocado está claramente
rebatido en las Escrituras. Aquellos cristianos
que fácilmente han cedido a esa equivocada
teoría debieran detenerse a leer sin prejuicios
los capítulos 9, 10 y 11 de la carta del apóstol
Pablo a los romanos; allí se enseña que Israel
no ha sido dejado de lado por Dios y mucho menos
que la Iglesia cristiana haya absorbido los
privilegios y las prerrogativas de Israel.
Israel continúa siendo, pues, el pueblo de Dios.
Israel es un milagro de Dios en pleno Siglo XXI,
circunstancia que debe llamar a la reflexión a
todos los pueblos del mundo”.