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El minián
independiente, una vuelta a las raíces

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rabinos no hacen un minián, 10 zapateros sí!"
por Kevin Ary Levin
Ezequiel Bacher se define como un “judío que observa
hasta dónde puede”. Junto a amigos, fundó el “minián
independiente”, un proyecto sin precedentes en Argentina
que consiste en un grupo autogestionado de personas que
se reúne a rezar en un ambiente plural, diverso y por
fuera de cualquier corriente religiosa establecida.
Cuéntanos un poco de tí.
Tengo 24 años y estoy por recibirme en Comunicación en
la Universidad de San Andrés. Me crié en una comunidad
conservadora, a donde habían ido mis abuelos y mis
padres. Ahí fui madrij, rosh y todas esas cosas. A los
18 o 19 empecé a buscar mayor coherencia en el judaísmo,
la cual sigo buscando.
Mientras tanto voy probando cosas nuevas. Asisto a un
templo ortodoxo y me gusta cantar en el rezo. Organizo
junto a otros el minián independiente un Shabat al mes.
¿Cuál fue tu rol en la creación del minián
independiente?
Leo muchos blogs, y sigo la actualidad de la comunidad
judía de Estados Unidos. Así fue como descubrí la idea
de los “independent minianim”, que es una nueva
vertiente que data de la década de 1990, basada en las
javurot, grupos de estudio fundados por judíos hippies
en las décadas de 1960 y 1970, que se juntaban a recitar
sus plegarias a su manera, sin ninguna institución de
por medio. Básicamente apuntan a salir de las
instituciones y “volver a las raíces”, juntarse entre
amigos a rezar sin instituciones sin presiones ni
obligaciones, y sin la necesidad de un espacio físico
majestuoso o de un rabino, porque no hace falta un
rabino para rezar.
No pertenecemos a ninguna corriente en particular. No
portamos ninguna bandera en particular. Sólo queremos
celebrar y que la gente celebre el Shabat entre amigos,
de forma divertida, con un componente espiritual; que
baje las revoluciones por un rato y se desconecte de lo
que pasa en el mundo.
¿Cómo llegaron a más gente al principio?
A partir de descubrir la idea en Internet, llegué a la
conclusión de que esto es lo que quiero para Argentina.
Así quería recibir cada Shabat. Le conté a un amigo hace
dos años, y la idea quedó en el aire, esperando que lo
definiéramos mejor y lanzáramos la idea. El desafío era
definirlo, porque al no haber regla o norma, un minián
independiente en Estados Unidos puede ser ortodoxo, con
mejitzá; también hay minianim reformistas y de todo
tipo. Esla gracia: no hay obligaciones, porque el lugar
es tuyo. Uno puede elegir la orientación y el servicio a
la medida de uno.
Junto a otros tres interesados (Jonathan Meta, Uriel
Romano y Walter Liebhaber) formamos el grupo
organizador, sumándose luego el Rabino Guido Cohen,
quien lo hizo como uno más
con igualdad de voto junto al resto.
A partir del tercer encuentro incorporamos una cena,
porque decidimos que lo que faltaba era la
parte social de disfrutar entre amigos. Es un minián
joven y auto-organizado, entre amigos, donde cada uno
trae a sus amigos y nos conocemos.
Gente de
diferentes corrientes juntándose para rezar juntos
supone más de un debate. ¿Cómo
conciliaron las diferentes perspectivas y costumbres de
cada uno?
Con mucho consenso. Si es por diversidad,
ideológicamente asisten hoy al minián laicos,
reformistas, conservadores, ortodoxos. Participa gente
que estudia en el Seminario Rabínico (conservador) junto
a hijos de rabinos ortodoxos. Esta diversidad permite
el diálogo. Si todos habláramos con gente de la misma
opinión que nosotros, no tendría gracia. Sería egoísta
hablar sólo con los que están de acuerdo conmigo.
Incluso, podría ser una muestra de inseguridad, una
necesidad de hablar con alguien que necesita reafirmar
lo que creo. El desafío es hablar con el que piensa
diferente y que pueda “movernos el piso”.
Rechazamos todo tipo de subsidios. Queremos libertad
absoluta sobre cómo manejarnos. Si
aceptamos ayuda económica, también nos estamos abriendo
ante la posibilidad de que en el futuro quieran influir
sobre cómo nos manejamos.
Yo creo que este es el futuro del judaísmo. También esto
es un regreso a las raíces. Los antiguos judíos se
juntaban a rezar entre conocidos, en casas. No iban a
templos: no había.
¿Qué quieren cambiar? ¿Cuál es el futuro del
proyecto?
Hay que pulir muchas cosas todavía. El proyecto es muy
joven, pero tiene un potencial espectacular. El desafío
es que no sea mediocre. Las cosas comunitarias por algún
motivo tienden a la mediocridad, donde nada cambia y la
comunidad no crece. Sólo crecen las discusiones
violentas y que no llevan a nada. Bienvenidos sean los
debates bienintencionados, pero muchas veces me da la
impresión de que este empuje constante no lleva a ningún
lado.
Por ejemplo, está la cuestión de los cementerios:
En una comunidad como la porteña, es ilógico pensar que
una comunidad de 150.000 judíos con diferentes opiniones
tenga una misma opinión sobre cementerios.
El minián es un proyecto muy democrático. Por ejemplo,
nos preguntábamos en un principio a quién contar para
minián, si hombres y mujeres por igual o sólo hombres.
Diferentes personas
utilizan diferentes criterios. Adoptamos un sistema que
encontré en Internet, “minián check”.
La idea es que llegado el momento de tener que formar el
minián, los que estamos ahí decidamos si hay minián o
no. Los que no están de acuerdo con la decisión
mayoritaria “se la tendrían que bancar”. El minián
independiente tiene las cosas básicas pautadas, pero
otras decisiones se toman en el momento.
¿Qué Sidur manejan?
Es un tema que debatimos: si reformista, conservadora,
ortodoxa. Usamos melodías de Carlebach, que es amplio.
No vamos a hacer nuestro propio Sidur porque no somos
una vertiente de judaísmo. Usamos diferentes Sidurim. Es
lo más justo. Si alguien quiere traer su Sidur, está
invitado. Si alguien quiere dirigir, se le enseña cómo y
no hay problema. Pero no permitimos improvisar.
¿Algún último mensaje para dejarles a otros jóvenes
judíos?
El judaísmo es tan diverso, que siempre vas a encontrar
algo que te va a gustar y te va a dar orgullo. Te va a
hacer crecer y te va a llenar por dentro. Yo no sé que
será eso en cada caso particular. Para algunos será la
religión, para otros Israel; para algunos el deporte, la
educación, la pertenencia con alguna institución en
particular o la Torá. Hay gente que verá que su lugar es
Israel o que se sienten realizados en la Tzavá. A todos,
un buen año, y que el comienzo del 2012 sea una buena
oportunidad para reflexionar.
Fuente: Jotzpáh
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