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Modiin

La ciudad de
Modiin y toda la zona a su alrededor esta
intimamente ligada a la historia de los Macabeos.
por Alicia Ester Morhaim
Cuenta la historia o la leyenda que en una
oportunidad, una brigada sirio-greca erigió un altar
en la en la pequeña aldea de Modiin, a escasos
kilómetros de Jerusalen. Juntaron a los judíos y
ordenaron a Matitiahu, el anciano patriarca del clan
sacerdotal Jashmoneo, que ofrendara a las deidades
griegas. El viejo, en lugar de achicarse y aceptar
la miserable orden, se enfrentó a los soldados.
Sus cinco hijos se sumaron a él (uno de ellos Yehuda
Hamacabi), y sacando fuerzas de su debilidad,
encendieron la revuelta al grito de “¡Mi laHashem
elai!”
-¡Quien está con Dios, conmigo!-. Destruyeron la
imagen, dispersaron al resto de los enemigos y por
seguridad y estrategia marcharon a las montañas de
Yehudá, en donde se refugiaban y atacaban al
invasor. De a poco un grupo de valientes piadosos se
fue sumando a esta guerra de guerrillas que ahora
era comandada por el genial y valeroso Yehuda
HaMacabí. Su lema de guerra era: Mi Camoja Baelím,
Hashem -¿Quién es como Tú, Dios, entre los
poderosos?-, de las iniciales de esta frase proviene
el nombre MaCaBI, que fueron grabadas en sus
escudos. No eran mucho más de 6.000 hombres
escasamente armados y poco preparados para la
guerra, pero incluso así, vencieron a un fuertemente
armado contingente de unos 50.000 enemigos
adiestrados y curtidos en numerosas batallas. Desde
el trono seléucida se decidió acabar con esta
revuelta, por lo que un gran ejército fue enviado a
sofocar a los rebeldes libertadores. Venían
pertrechados con la mayor tecnologia armamentista
del momento y sin embargo, en la batalla de Bet Tzur,
los judíos, escasos en número pero inmensos
moralmente, triunfaron. Tras la victoria,
continuaron rumbo a Jerusalem, la imperecedera
capital de la nación judía. Combatieron y
desalojaron al extranjero invasor y recuperaron el
Beith Mikdash. Lanzaron fuera las tallas
idolátricas, emprendieron la purificación de la
santa Casa y finalmente estuvieron dispuestos para
encender y mantener flameando el milenario símbolo
del judaismo y de la eterna presencia divina, la
Menora dorada. El aceite de oliva para tal tarea que
hallaron era muy escaso, tan sólo una vasija con el
precinto del Sumo Sacerdote intacto sellándola. Ese
aceite permitiria mantener prendidas las siete luces
durante un día. Tiempo escaso realmente, ya que para
elaborar y traer el nuevo aceite demorarían unos
días, quizás hasta ocho. Sin descansarse en la
presunción del milagro, pero tampoco permitiendo que
el desconsuelo les ganara, los macabeos encendieron
la Menorá. Si un día estaría encendida, ¡un día lo
estaria! Y entonces, tras el largo tiempo de
oscuridad e impureza, la poderosa luz de las
minúsculas llamas de la Menorá irradiaron
nuevamente. El símbolo de la presencia divina estaba
anunciando que: ni la aculturación, ni la
asimilación, ni los misioneros, ni los engaños, ni
la miseria, ni la opresión, ni el terrorismo, ni la
guerra, ni la oposición rebelde, ni la torpeza
podían vencer al judaísmo. Vaya uno a explicar el
hecho, pero el aceite suficiente para un día mantuvo
las flamas iluminando hasta que se trajo el nuevo
aceite, un total de ocho días.
Estando en Colombia y en un encuentro con un
lugareño de la zona de Medellin, me conó que en la
casa de la abuela prendian velas en el sótano para
fines de diciembre. De ahí empecé a buscar y me
encontré con un montón de cosas que me llamaron la
atención. En Colombia, a fines de diciembre se
festeja la Fiesta de las Velitas (coincidiendo casi
con Januka). Es muy probable que familias de origen
judio, en antaño, lo hacían en el sótano para no ser
vistas por gentiles. En libros viejos encontré que
probablemente Medellin viene de la palabra Mediin
que es el nombre original de Modiin. Un lugareño de
Medellin me comentó que los originarios de
Antioquia, son considerados, los más inteligentes de
Colombia (sin ánimo de molestar al resto de mis
grandes amigos Colombianos). En esa zona se usa para
protegerse del frío un tipo de poncho, muy cortito
que no llega ni siquiera a la cintura, llamado
“ruana”.
Con el tiempo su uso se fue extendiendo en América.
Algo que puede ser comparada al Talit Katan usado
por religiosos judíos del cual prenden flecos (tzitziot)
en las cuatro puntas.
Hace 10 años traté de hermanar a Medellin con Modiin
pero acá, en la alcaldía, se echaron atrás por la
mala fama de Medellín como capital de la droga (por
lo menos en ese momento, así la denominaban). Hoy
quizás sería factible pero ya es un proyecto para
mis sucesores.
Fuente: YadbeYad
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