No dejen ningún hombre atrás

por el Mayor General (R) Doron Almog

Hace treinta y cinco años atrás (julio 4, 1976), un vuelo de Air France fue secuestrado y desviado al aeropuerto de Entebbe (Uganda). Poco después de aterrizar, todos los pasajeros no- judíos fueron liberados y, los restantes, judíos, fueron mantenidos como rehenes. Una semana después del secuestro, comandé la primera fuerza de ataque en aterrizar en Entebbe, como parte de una arriesgada misión para liberar a 105 rehenes. Enfrentados con inmensos desafíos, logramos una emocionante (aunque agridulce) victoria. En ese momento, vimos la hazaña como una ilustración de la fuerza y vitalidad del ejército israelí y el espíritu judío. Sobre la reflexión (tantos años después), es claro que destacó la importancia de defender a aquellos que no pueden valerse por sí mismos. Debería ser indicado que, mi participación en Entebbe, fue voluntaria. Después que mi hermano, Eran, fue asesinado en el guerra de Yom Kippur (herido en las Alturas de Golán y se desangró, hasta morir, después de sentarse sin tratamiento por siete días), a mí me fue dada la opción de dejar mi unidad de combate como soldado en duelo. Sin embargo, elegí permanecer en el ejército en orden de cambiar el carácter distintivo de las Fuerzas de Defensa Israelíes y estar seguro que, ningún soldado, volvería a ser dejado atrás. Fue esta filosofía la que me llevó a participar en la incursión en Entebbe y en numerosas otras operaciones militares a través de mi carrera y, finalmente, establecer el escenario para la próxima fase de mi vida adulta.

Después que nuestro hijo nació –lo llamamos Eran por mi hermano muerto – fue diagnosticado con severas discapacidades físicas y cognitivas. En un instante, mi mundo se derrumbó. Al principio, tuve un tiempo muy duro aceptando el hecho de que mi amado hijo nunca hablaría o tendría un trabajo, y siempre sería dependiente de otros para proveer cada una de sus necesidades. Pero mi filosofía de “ningún hombre debe ser dejado atrás” prevaleció y encontré la fuerza para ser el padre que Eran necesitaba que yo fuera. De hecho, mi tiempo con Eran me permitió desarrollar mi filosofía aún más y llegué a estar comprometido a cambiar la manera como la sociedad ve a los discapacitados. Me di cuenta que no es suficiente asegurarse que estos maravillosos niños no sean dejados atrás. Debemos asegurarnos que les sean dadas todas las oportunidades para sobresalir y alcanzar sus más grandes potenciales.

Para la incursión a Entebbe, nuestros batallones de las Fuerzas de Defensa Israelíes viajaron 2,500 millas para pelear por aquellos que no podían valerse por sí mismos. Es hora que volvamos a aprovechar esa valentía, determinación y dedicación hacia nuestros semejantes; de volver nuestra mirada hacia dentro y enfocarnos en las urgentes misiones de rescate de nuestros propios vecindarios.

Estos “rehenes” están en un peligro muy real cada día de sus vidas y, a menudo, son abandonados. Son los miembros más débiles de nuestra sociedad y son dependientes de la amabilidad de otros. No necesitamos lanzar una compleja misión táctica para liberarlos. Simplemente necesitamos envolverlos con amor y ayudarlos a integrarse en nuestro tejido social.

No cometan un error: nuestro compromiso para preocuparnos por los miembros discapacitados de la sociedad permanece y es más difícil que cualquier campaña militar que alguna vez lideré. Pero debemos pararnos y luchar por proveerlos del cuidado que merecen. Porque, al final, nuestra generación será juzgada por qué tan bien nosotros completamos esta misión.

(El Mayor General (Retirado) Doron Almog es también el fundador y presidente de Aleh Negev –Nahalat Eran, una villa nombrada en memoria de su hijo, que provee cuidado residencial continuo para niños con severas discapacidades a medida que crecen de adolescentes a jóvenes adultos).
 

Fuente: CIDIPAL
 

 

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