¿Odio Cristiano
a los Judíos?
por Camilo Ezagüi
"¿Cuántos panes hay en el
horno?. Todos: Veintiún quemados. ¿Quién los quemó?.
Todos: El perro judío. Atrácale fuego que allá voy
yo, eso te pasa por aturdido, perro judío"...Juego
de ronda infantil en Chile.
El odio a los judíos es un
sentimiento repudiable que fue alimentado y
difundido durante siglos por la Iglesia hasta pleno
siglo 20. Ese odio prosperaba en la ignorancia y
llevó a algunos cristianos a cometer atrocidades
contra el antiguo pueblo de Israel en nombre de
Cristo. En toda Europa los judíos fueron acusados de
matar a Jesús (pueblo deicida). También fueron
objeto de infames calumnias, satanizados, masacrados
y perseguidos despiadadamente. Al pueblo del Antiguo
Testamento, que fue el primer pueblo elegido para
creer en Dios Padre, se le consideraba una “raza
maldita” de "pérfidos" y "usureros". Para justificar
esto se utilizaron argumentos descabellados
fundamentados en interpretaciones tendenciosas de
las Sagradas Escrituras.
La verdadera razón que se escondía detrás de esa
perversa y sistemática campaña de persecución no
tiene que ver
con
lo que hayan hecho algunos judíos. Ese fue el
argumento aparente. Entre los judíos siempre ha
habido gente buena y gente mala como en todas las
religiones. La razón oculta la revela el Dr. Brad
Young en su libro “Jesús el Teólogo Judío”, pag. 34
cuando dice: “Jesús debe ser entendido como un
teólogo judío. Su teología es judía hasta la
médula...Los ataques de la Iglesia contra la
Sinagoga han despojado a Jesús de su herencia
religiosa. Como cristianos se nos han enseñado
falsos prejuicios sobre los Judíos y sobre el
Judaísmo. El odio al pueblo judío ha erigido una
barrera que nos separa de Jesús y de su
teología...Jesús es judío tanto en sus antecedentes
étnicos como en su pensamiento y práctica
religiosos”.
Es decir, que las enseñanzas del Rabino Galileo no
siempre concuerdan con la posterior Teología del
Cristo greco-romano. La “teología de la sustitución”
del viejo Israel (los judíos) por el nuevo Israel
(los cristianos) que concibieron los padres de la
iglesia contradice flagrantemente la voluntad del
Nazareno cuando éste dice: "No penséis que he venido
a abolir la Ley mosaica y los Profetas. No he venido
a abolir sino a dar cumplimiento. Si, os lo aseguro,
el cielo y la tierra pasarán antes de que pase una "iod"
o una tilde de la Ley mosaica sin que todo suceda,
Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos
por muy pequeños que sean y así lo enseñe a los
hombres, será el mas pequeño en el Reino de los
Cielos…" (Mateo 5, 17). Y también afirmó
tajantemente: “No toméis camino de gentiles
(paganos) ni entréis en ciudades de samaritanos,
dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa
de Israel” (Mateo 10, 5)...”No he sido enviado más
que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”
(Mateo 15, 24). Pablo no conoció a Jesús. Cuando
inicia su labor misionera entre los gentiles y
concibe su doctrina contra los mandamientos de la
Ley mosaica todavía no se habían redactado
definitivamente los Evangelios y no parece tomar en
cuenta la “Palabra de Dios”. Para contrarrestar esta
perturbadora discrepancia se recurrirá al recurso de
las “revelaciones correctivas”. Como la visión que
tuvo Pablo camino de Damasco que oportunamente lo
llamó a predicar a los gentiles (idólatras).
Entre los primeros cristianos hubo comunidades que
si observaban la Ley mosaica tal y como lo dispuso
expresamente Jesús. Como la Primera Iglesia, la de
Jerusalén, llamada Iglesia de los Circuncisos.
Compuesta por
aquellos judíos que conocieron y siguieron a Jesús y
conducida nada menos que por Jacobo (Santiago) "el
Hermano de Jesús" (que para los católicos es un
hereje). También los “Ebionitas” creían entonces que
Jesús era el Mesías, más no un dios encarnado, pues
esa figura era ajena al monoteísmo mosaico, se
regían por la versión escrita originalmente en
hebreo del Evangelio de Mateo, practicaban los
mandamientos de la Torá y rechazaban las Epístolas
de Pablo por considerarlo un apóstata. Como era de
esperarse, todos los judeo-cristianos fueron
declarados herejes por la dominante iglesia de los
gentiles que se autoproclamó como el Nuevo Israel
adoptando el dogma de la Encarnación y de la
Trinidad.
Los Profetas fueron judíos y todos los autores de
los libros de la Biblia también lo fueron a
excepción de Lucas. Jesús, sus 12 Apóstoles, su
madre María, San José, San Juan, Lázaro de Betania,
Marta, María Magdalena, San Pablo, José de Erimatea,
Nicodemo, Simón de Cirine, Simón el Leproso, Simón
el Curtidor, los parientes de Jesús y los primeros
cristianos todos eran judíos. Destaca entre todos
éllos Juan el Bautista, en hebreo Yojanán Hamatbil,
hijo de un sacerdote del templo que tenía sus
propios discípulos. Aunque vivió, predicó y murió
como un judío piadoso es venerado por los cristianos
como uno de sus santos mayores. Dos mil años
después, el recién fallecido Cardenal de Francia,
Monseñor Jean Marie Lustiger, fue un muchacho judío
(Aarón) salvado de ser deportado durante la segunda
guerra mundial gracias a la bondad de una familia
católica. Su madre, Gisele Lustiger, murió asesinada
en el campo de concentración de Auschwitz. ¿Acaso
también son todos esos judíos de una "raza
pérfida"?...¿Y los judíos que representan la quinta
parte de los Premios Nobel del mundo también lo
son?.
El Santo Padre Juan Pablo II pidió perdón por esos
agravios y por ese odio injustificado durante su
histórica visita a Israel en marzo del año 2000.
Antes había dicho: “En el mundo cristiano circularon
durante demasiado tiempo interpretaciones erróneas e
injustas del Nuevo Testamento que afectan al pueblo
hebreo y a su presunta culpabilidad, generando
sentimientos de hostilidad en relación con este
pueblo. También contribuyeron a adormecer muchas
conciencias, de modo que, cuando se extendió por
Europa la ola de persecuciones inspiradas por un
antijudaísmo pagano, que, en su esencia era al mismo
tiempo un anticristianismo, la resistencia
espiritual de muchos no fue la que la humanidad
tenía el derecho de esperar de parte de los
discípulos de Cristo”, declaró el Papa Juán Pablo II
el 1 de noviembre de 1997, en su alocución a los
participantes del coloquio sobre “El antijudaísmo en
ambiente cristiano”, que él mismo convocó en el
Vaticano.
Para combatir la ignorancia es preciso aclarar
ciertas “creencias” populares inculcadas a las masas
por la iglesia.
¿Rechazaron
todos los judíos a Jesús?. Si leemos los Evangelios
veremos que los judíos recibieron al Rabí Yehoshúa
Hanatzerí de diversas maneras. En Judea y en la
Galilea la mayoría del pueblo (campesinos,
pescadores, pastores, artesanos y relegados)
consideraban a Jesús un profeta de Dios y escuchaban
con fervor sus prédicas en las sinagogas, en el
Templo y en los campos. Un ejemplo ilustrativo de
esos calurosos encuentros lo tenemos en la
Multiplicación de los Panes y Los Peces (Mateo
14,13...). O Mateo 21, 10 donde dice: " Y al entrar
él en Jerusalén toda la ciudad se conmovió. ¿Quién
es éste?, decían. Y la gente decía: Este es el
profeta Jesús de Nazareth de Galilea". Otros judíos
fueron inicialmente sus Apóstoles, seguidores y
discípulos pues creyeron que era el Mesías esperado
(Mashiaj en hebreo). Y otro grupo de judíos, los
saduceos, que eran unos romanófilos corruptos, y que
en ese entonces eran los sacerdotes del Templo (como
Anás y Caifás) intrigaron para matarle. No siempre
hubo sacerdotes así en el Templo. Antes de la purga
que hizo Herodes el Grande hubo sacerdotes como
Zacarías, padre de Juan Bautista, un hombre “justo”
según el Evangelio de Lucas. Podemos concluir
entonces que para la mayor parte del pueblo judío
era un profeta y para sus discípulos era el "Mashiaj",
el Ungido esperado.
Aclaremos también quién fue el Procurador romano
Poncio Pilatos. Según Filón de Alejandría Pilatos
era: “de carácter inflexible y duro, sin ninguna
consideración, su procuraduría se caracterizó por su
corrupción, robos, actos de violencia, ofensas,
brutalidades, innumerables condenas sin proceso
previo y una crueldad sin límites”...Esta
descripción contradice la imagen pasiva que los
Evangelios y la iglesia nos presentan de Pilatos
durante la Pasión. Seguramente al redactarse siglos
después la versión final de los textos canónicos, la
Iglesia no quizo provocar represalias contra los
cristianos por parte del poder imperial de Roma
denunciando a su procurador en Judea como el
verdadero verdugo de Cristo.
Pilatos ya había tenido varios encontronazos con los
judíos. El evangelio de Lucas 13, 1 se refiere a sus
desmanes: “En esa misma ocasión había allí algunos
que le contaron acerca de los galileos cuya sangre
Pilatos había mezclado con la de sus sacrificios”.
Era tan insensible con las creencias de ese pueblo
monoteísta que hasta trató de introducir imágenes en
Jerusalén y construir un acueducto con los fondos
del Templo de Yahvé. Como procurador tuvo que
enfrentarse con el movimiento disidente de los
rebeldes zelotes. Había hecho preso a Barrabás (Bar-Aba)
que era uno de los guerrilleros. Así que temía que
un líder popular sublevara a ese pueblo monoteísta
contra el imperio romano pagano. Es de suponer que
la "Entrada Triunfal" a Jerusalén del "Hijo de
David" (Rey de los Judíos) cabalgando sobre un
pollino y rodeado por una multitud alborozada de
judíos que lo aclamaban como a su liberador, no pasó
desapercibida por el Procurador. Pilatos no se iba a
quedar de brazos cruzados en vísperas de la masiva
peregrinación de la Pascua (Pesaj) ante lo que pudo
interpretar como un desafio al poder del Cesar. En
el 36 E.C., Lucio Vitelio, el Legado de la provincia
de Siria lo destituyó por la brutalidad con que
reprime una revuelta de los samaritanos. Lo que
confirma el testimonio de Filón en cuanto a su
crueldad.
Respecto a Judas Iscariote voy a presentar una
versión de su traición fundamentada en las
expectativas religiosas de la época. Yehuda Ish
Kraiot en hebreo significa: Judas del pueblo de
Kraiot. Yehuda o Judas es el nombre de una de las
doce tribus y era un nombre propio común en Judea.
Jesús tenía parientes que llevaban ese nombre. No
olvidemos que Judas fue "elegido" por Jesús para
seguirle. Era uno de los Doce. Compartía las
expectativas mesiánicas. Es preciso considerar el
contexto religioso-político de su conducta. Judea
había perdido su independencia. Estaba sometida al
Imperio Romano que era idólatra. Los judíos que eran
el único pueblo que entonces creía en Dios Padre
estaban esperando un Mesías prometido por sus
Profetas. Muchos esperaban un Mesías Guerrero de la
Dinastía de David que los liberara del yugo romano y
de los impostores del Templo. No todos estaban
preparados para recibir al Mesías Sufriente que
habría de venir primero para preparar el camino a la
venida del Mashiaj Ben David a través del
arrepentimiento. Ese Mesías precursor, conocido como
Mashiaj Ben Yosef, asumiría los pecados del pueblo y
moriría a manos de Roma. En más de una ocasión los
discípulos dudan ante la prédica de Jesús, "hombres
de poca fe", hasta llegan a abandonarle algunos en
una ocasión después de escuchar una de sus
enseñanzas en la sinagoga de Cafarnaún (Juan 6). Es
muy probable que Judas esperaba al Mesías
guerrero
y se decepcionó del Mesías Sufriente que se opone a
la violencia y predica el amor al enemigo. Cuando
crucifican al Galileo los romanos también iban a
crucificar a un zelote llamado Bar Aba (Barrabás)
que para algunos era un héroe nacional por luchar
contra los romanos. Muchos esperaban la aparición
inminente del Mesías guerrero. ¿Se decepcionó
Judas?. Es un hecho que los Zelotes (la secta de los
"celosos") lograron levantar al pueblo contra Roma
en el año 66 y de nuevo en el año 132. Fue entonces
cuando el Maestro Rabí Akiba que era el líder
espiritual del pueblo sentenció que el caudillo
guerrero de la revuelta llamado Bar Kosiva o Bar
Kojvá era el MASHIAJ, "el ungido" que estaban
esperando y el pueblo lo aceptó así... Es indudable
que la "traición" de Judas jugó un papel crucial en
la Pasión de Jesús, sin embargo, el Nazareno se
entregó voluntariamente al venir a Jerusalén. Jesús
no se escondía de nadie aunque le habían advertido
que lo buscaban para matarle y el que quería
encontrarlo sabía donde buscarlo. Según el Evangelio
de Mateo 26, 21 en adelante, el Nazareno le advierte
a los doce que uno de éllos lo va a entregar y
cuando Judas pregunta "¿Soy yo Maestro?", Jesús
responde: "Tú lo has dicho". La pregunta es: ¿Por
qué los otros once no detuvieron a Judas
inmediatamente?...Quizás la respuesta esté en el
recién descubierto "Evangelio de Judas" según el
cual el mismo Jesús le había pedido a Judas que lo
entregue…En todo caso, todo lo que se ha afirmado
sobre la teología de la predestinación en cuanto a
este personaje tan controvertido no se compagina con
la tradición popular propiciada por la iglesia de la
"Quema" callejera de Judas. La considero una
práctica vulgar de odio contraria a las enseñanzas
del Maestro galileo y opuesta a una religiosidad del
amor. Obviamente su único objetivo era el de
enardecer a las masas contra los judíos (Judas =
judíos).
En tiempos de Cristo no había televisión ni radio ni
prensa. Los judíos que no estaban en Jesuralén
durante su Pasión no se enteraron de lo que pasó
hasta pasadas muchas semanas. En Jerusalén nos dicen
los Evangelios que las doncellas judías del pueblo
lloraban entristecidas al verle pasar con la cruz
camino al Gólgota (Octava Estación de la Vía
Dolorosa). Los que llevaron a Jesús a la Cruz tienen
nombre y apellido y no fue todo un pueblo, mucho
menos los que ni siquieran vivían en Jerusalén, en
Judea o en la Galilea como los centenares de miles
de judíos que vivían en Alejandría y en otras
ciudades del Imperio Romano. Si unos pillos
congregados en el patio del Pretorio dijeron:
“recaiga sobre nosotros y nuestra descendencia su
sangre", ¿con que autoridad lo hicieron en nombre de
todo un pueblo?, ¿acaso su maldad tiene el poder de
condenar a justos por pecadores?. En todo caso su
maldición recaería solo sobre éllos mismos. Asi lo
dispuso Dios Padre: "No morirán los hijos por culpa
de sus padres. Cada cual morirá por su propio
pecado", Deuteronomio 24, 16.
Ciertas Iglesias protestantes no utilizan el odio a
los judíos para predicar la Palabra a pesar del
antisemitismo de
Lutero. Son gente buena que se sienten unidos al
pueblo judío a través del Jesús que predicaba en las
sinagogas . Parece que les va bien a juzgar por los
millones de cristianos que acuden a sus
templos...Algunas de esas Iglesias hasta aman
activamente al pueblo judío y al Estado de Israel.
También hay católicos de buena voluntad que han
rechazado el veneno del antisemitismo. Y es que el
odio y el amor son incompatibles con las enseñanzas
de Jesús. Más aún cuando ese odio se ensañó
inmisericordemente contra todo su pueblo generación
tras generación.
Entre éllos destacan los "JUSTOS DEL MUNDO". Así
llamamos en Israel con gratitud a aquellos
cristianos que arriesgando sus vidas salvaron judíos
de morir exterminados por los nazis durante la
Segunda Guerra Mundial.
El Concilio Vaticano II pide a los católicos un
cambio de actitud hacia los judíos en la Declaración
"Nostra Aetate" y voy a citarla textualmente:"Aunque
las autoridades de los judíos con sus seguidores
reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que
en su Pasión se hizo, no puede ser imputado a todos
los judíos que entonces vivían ni a los judíos de
hoy. Y si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de
Dios, no se ha de señalar a los judíos como réprobos
de Dios ni malditos, como si ésto se dedujera de las
Sagradas Escrituras. Por consiguiente procuren no
enseñar nada que no esté conforme con la verdad
evangélica y con el Espíritu de Cristo, ni en la
Catequesis, ni en la Predicación de la Palabra de
Dios. Además, la Iglesia, que reprueba cualquier
persecución contra los hombres y conciente del
patrimonio común que tenemos con los judíos, deplora
los odios, persecuciones y manifestaciones de
antisemitismo de cualquier tiempo y de cualquier
persona. Por lo demas, Cristo abrazó
voluntariamente, movido por inmensa
caridad,
su pasión y muerte, por los pecados de todos los
hombres, para que todos consigan la Salvación".
NOSTRA AETATE - CONCILIO VATICANO II.
El valioso legado de antiguos pueblos, cunas de
civilizaciones, como Egipto y Mesopotamia, se
encuentra hace mucho tiempo en los museos y en las
bibliotecas. Aquéllos sabios con sus dioses ya no
están con nosotros en la Egipto o Siria-Irak de hoy
día. Sin embargo, el pueblo del Antiguo Testamento
que le legó al mundo por vez primera la Fé en un
solo Dios invisible, los Mandamientos de Moisés y la
sabiduría de los Profetas, sigue vivo y está con
nosotros. Más aún, su Dios, Yahvé, el Dios de
Abraham, Isaac, Jacobo y Moisés, también se
convirtió con el tiempo en el Dios de los cristianos
y de los musulmanes.
A finales del siglo 20 la Iglesia condena el odio a
los judíos y en los albores del siglo 21 el Papa
pide perdón con amor y humildad. La Iglesia le
extiende hoy a sus “hermanos mayores”, tal y como
los llamó Juan Pablo II, una mano fraterna. Es sin
duda un paso valioso aunque todavía insuficiente en
la ardua tarea de propiciar la reconciliación entre
las dos religiones de la Biblia.
+ Lectura
recomendada: “Historia del Antisemitismo” de Gerald
Messadié
Fuente:
freewebs.com/camiloezagui