Otra plaga egipcia

El asesinato de
21 personas a las puertas de una iglesia copta
de Alejandría subrayó dramáticamente la semana
pasada la creciente tensión entre cristianos y
musulmanes en Oriente Medio, desde el Magreb
hasta Pakistán. La población cristiana en la
región, que en los últimos tiempos se ha
reducido de forma sustancial, es ahora víctima
de la plaga del terrorismo islamista.
El caso de Egipto es particularmente
preocupante. En Egipto, los cristianos coptos
son unos 8 millones, es decir, en torno al 10%
de la población total. Y a la tensión entre
cristianos y musulmanes hay que sumar la crítica
situación del régimen presidido por Hosni
Mubarak, que a sus 82 años y enfermo se enfrenta
a la fuerte implantación de los Hermanos
Musulmanes, los islamistas moderados que son la
única alternativa.
Mubarak ha descartado la posibilidad de decretar
un duelo nacional por las víctimas de
Alejandría. Craso error. Y el mensaje ha sido
otra prueba de que la comunidad copta es
considerada por el Estado un cuerpo extraño en
el seno de la sociedad egipcia. Y al error hay
que añadir una mala memoria: los coptos son
parte de la sociedad egipcia mucho antes de que
Egipto se hiciera mayoritariamente musulmán.
Las relaciones de los dirigentes egipcios con
los islamistas son la historia de un continuo
jugar con fuego. Gamal Abdel Naser, nacionalista
laico, persiguió a los Hermanos Musulmanes, que
fueron ilegalizados, y su máximo ideólogo,
Sayyid Qutb, ahorcado. Pero el sucesor de Naser,
Anuar el Sadat, hizo lo contrario. Obsesionado
con deshacerse de la izquierda naserista, inició
una política de islamización de la sociedad
egipcia. Sadat consideró que la legitimidad que
no le daban las urnas se la daría la ayuda que
concedió a los islamistas con una fuerte
implantación en la sociedad. El resultado no fue
lo previsto: Sadat fue asesinado por el
terrorismo islamista después de firmar la paz
con Israel.
Mubarak, el sucesor de Sadat, ha seguido una
línea similar. Cuando habla con los dirigentes
occidentales que le reclaman reformas
democráticas, se resiste aduciendo que, si lo
hiciera, los ganadores serían los Hermanos
Musulmanes. Pero con la mano izquierda es
implacable con la oposición liberal, para así
tener como única alternativa a los Hermanos
Musulmanes. Al mismo tiempo, Mubarak, para
restar protagonismo a los Hermanos Musulmanes,
ha favorecido legal y económicamente a
corrientes salafistas que en su versión más
radical dan vida a grupos terroristas como Al
Qaeda. Es decir, los asesinos de los 21 coptos
han sido terroristas, pero Mubarak también juega
con fuego.
Fuente: La Vanguardia . es