“Pensando en Voz Alta”

por Eduardo Hadjes

“PENSANDO EN VOZ ALTA”

Estimados amigos, hoy, más que un comentario, transmitiré mis pensamientos en voz alta. En realidad, debería decir: “pensando en letras de imprenta”.

Como todo pensamiento, uno sabe como comienzan. ¿Cómo terminarán? En su desarrollo lo iremos viendo.

Aun cuando por lo general, soy un hombre pacífico, voy a pensar en la guerra. La primera pregunta que surge es: ¿Por que se llega a una guerra? Las razones pueden ser múltiples: Porque un país se siente agraviado por otro. Por creer que parte de los territorios vecinos le pertenecen o por querer, simplemente, apropiarse de ellos. Por sentirse amenazado por otro estado o por quererse anticipar a una agresión. Podría extenderme indefinidamente, pero creo que con estas razones es suficiente.

A continuación, viene una pregunta cuya respuesta es sabida ¿Cuál es el objetivo de los contendores en una guerra? Aquí, creo que la respuesta es mucho más fácil: Siempre, el objetivo será ganar la guerra. Ya sea que uno sea el agresor o el que tiene que defenderse, siempre lo lógico será que se pretenda ganar, logrando su propósito de expandirse o de defenderse. Lo elemental es que nunca se pelea para perder.

Finalmente, ¿qué sucede cuando se termina una guerra? Siempre, el ganador impondrá sus condiciones. Podrá apropiarse de parte o la totalidad de los territorios ocupados. Exigirá que el perdedor, si se da el caso, suspenda sus agresiones. Obligará a pagar un tributo. Nuevamente nos encontramos frente a un amplio abanico de posibilidades, teniendo todas ellas, como factor común, que será el que ganó la guerra el que imponga sus condiciones y, a continuación, para terminar dicha guerra, vendrá la paz.

Nuevamente, nos encontramos con múltiples alternativas en cuanto al significado de dicha paz. Si el triunfador se apoderó del país contrario, la paz significará quedar este último, subyugado a su nuevo amo (se comprende que eso puede llevar a una nueva guerra y ahí, se repite el proceso ya mencionado anteriormente). Podrá significar un tratado en el cual, se ponen de acuerdo en determinadas condiciones y, luego de eso, vendrá una paz, que siempre es de esperar, sea lo más prolongada posible.

Algunos ejemplos. Estados Unidos derrotó a México y se apoderó a perpetuidad de una parte importantísima del territorio del perdedor. En Europa, luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, los países europeos reconformaron sus fronteras, iniciaron conversaciones y tratados, uno tras otro, hasta llegar a lo que vemos hoy al existir la Unión Europea, en que comparten tranquilamente sus fronteras, casi sin limitaciones, tienen una moneda en común y, sus políticas para con el resto del mundo, son generalmente consensuadas.

¿Se da esta situación siempre? Indiscutiblemente que no. Entonces, ¿deja de ser válido el estudio recién enunciado? Nuevamente la respuesta es no. Aquí, llegamos a la conclusión que la excepción hace la regla.

Apuesto que ustedes ya adivinaron a que excepción me estoy refiriendo. Si, efectivamente, es Israel.

Veamos por que. El año 1948, tan pronto fue creado el Estado de Israel, fue atacado por los países integrantes de la Liga Árabe. Sin discusión, en lo que se refiere a Israel, fue una guerra de defensa. Sus enemigos, no lo reconocieron y anunciaron pública y reiteradamente, que su objetivo era destruir al nuevo Estado, borrarlo del mapa y a la totalidad de sus ciudadanos, pasarlos por cuchillos o arrojarlos al mar.

En lo que constituye un milagro del siglo XX. El agredido no sólo que logró sobrevivir. Triunfó.

Tan pronto se vio que Israel estaba ganando la guerra, los agresores acudieron a las Naciones Unidas y lograron que se impusiera un “alto al fuego”, sin paz, sin reconocimiento del país triunfante, sin entrega de territorios, prácticamente, sin nada. Los organismos internacionales obligaron a Israel a quedar en una indefinición y, siendo los triunfadores indiscutidos, no se les permitió gozar de ninguno de los privilegios a los cuales se había hecho acreedor por tal hazaña impensada.

Aquí tuvimos una guerra en que los contendores tenían distintos objetivos, mientras la Liga Árabe, pretendía aniquilar a Israel, este, sólo aspiraba a defenderse, sobrevivir y poder iniciar una vida normal, en el ámbito de las naciones democráticas del mundo.

Hablar sobre las otras guerras entre Israel y los países árabes, sería volver a repetir lo ya descrito. En cada una de ellas, el único objetivo del pueblo judío era ganar, lógico, con el agravante que para éstos, esa era su única alternativa. El haber perdido una sola de éstas guerras, habría significado su desintegración, total y absoluta. Así lo anunciaban sus enemigos y ese era y sigue siendo realmente su propósito.

Para los que acusan a Israel de ser expansionista, habría que recordarles que en una oportunidad, pudo haber llegado a El Cairo. Sin embargo, entregó todos los territorios egipcios, siendo, debo reconocerlo, la oportunidad en que logró a cambio de eso, la paz con Egipto. Recordemos nuevamente que la excepción hace la regla.

Cuando se creó el Estado de Israel, en ese mismo instante, debió haberse creado el Estado Palestino. Fueron los árabes los que no lo permitieron. Incluso, al atacar e invadir al naciente Estado, no era con el propósito de darle más amplitud al Estado Palestino. El objetivo de ellos era, según se pudo comprobar con los territorios que quedaron bajo su dominio, al forzar a Israel al cese al fuego, ampliar sus propias fronteras. Así Egipto se apoderó del sur y la costa, mientras Jordania estableció sus dominios sobre la parte central de todo lo conquistado. Los sirios y libaneses, se quedaron mirando como gato en la carnicería, ya que no lograron apoderarse de territorios que no les pertenecía.

Nunca los habitantes árabes de los territorios que quedaron en poder de la Liga Árabe, fueron consultados. Se les atemorizó y, en algunos casos, se les obligó a abandonar sus tierras y huir camino a campos de concentración, que los llamaron “campamentos de refugiados” en los cuales son mantenidos, simplemente en condiciones sub humanas, aun en nuestros días, pese a haber transcurrido más de 60 años, desde que los primeros refugiados fueron recluidos en estos campos del terror.

Luego de cada guerra perdida por los árabes, estos campamentos se iban agrandando con nuevas oleadas de refugiados, la ayuda internacional continuaba fluyendo a raudales, quedando mayoritariamente sus montos en cuentas corrientes de dirigentes corruptos y, el sufrimiento a que eran sometidos sus ocupantes, llegando a límites indescriptibles. Así, mientras los árabes han perdido todas las guerras en el campo de batalla, han logrado ganar la guerra publicitaria, sin importar el sufrimiento al que han conducido al sufrido pueblo, hoy llamado palestino.

Es importante recordar que se empezaron a considerar estos refugiados como palestinos, luego que lograron liberarse de sus temibles custodios iraquíes, tomando bajo su mando la dirección de estos campamentos de refugiados y, cuando la totalidad de lo que dejó Inglaterra al retirarse de su mandato, luego de usurpar lo que regalaron al Reino Hashemita del Jordán, hoy llamada Jordania, estaba bajo dominio israelí.

Sólo en ese momento, se acordaron que debía existir un Estado Palestino. Varias guerras han acontecido en la zona desde ese momento. Resultado, la victoria de Israel.

Consecuencias de dichas victorias: ninguna. La presión internacional y el peso de ser la única democracia de todo el Medio Oriente, parece que es un trauma insuperable. Ganando, debe aceptar las condiciones que se les obliga a los perdedores. ¿Conocen ustedes otro caso en que los derrotados pretendan imponer sus condiciones y si el triunfador no acepta parte de dichos requerimientos, recibe de inmediato la condena del mundo?

Israel se retiró unilateralmente de El Líbano, resultado, Hizbollá se armó, inició una ola de atentados contra el norte de Israel. Nadie reclamó. Nadie pidió a Siria que dejara de armar a estas bandas terroristas. Cuando Israel vio agotada su paciencia y actuó, lógico, las NU, los organismos defensores de los Derechos Humanos y las izquierdas del mundo, incluida la judía, pusieron el grito en el cielo y la condena a Israel fue inmisericorde.

Lo mismo se repitió con Gaza. Israel se retiró a cambio de nada. Le entregó la autonomía de dicha zona a la OLP. Luego, el grupo terrorista Hamás, los derrotó. Masacró palestinos, tanto militantes de la OLP así como civiles desarmados, ante el silencio mundial. Disparó durante 8 largos años, casi 10.000 cohetes, morteros y otros y el mundo permaneció en silencio. No vi un defensor de los derechos humanos, alzar su voz para pedir a Hamás que parara tan cruel castigo contra civiles indefensos, en ciudades abiertas. Cuando Israel vio agotada su paciencia y cuando ya resultaba más que insoportable la situación, estando próximos los terroristas de Hamás de poder llegar a Tel Aviv, inició la operación Plomo Fundido, de inmediato el mundo repudió el actuar de Israel.

Lo que es válido y permitido a todos los Estados libres, independientes y democráticos (con mayor razón los que no lo son) del mundo, le está vedado a Israel.

Para aquellos que justifiquen tamaña afrenta a la equidad, la racionalidad y la inteligencia misma, teniendo como justificación que Israel es una democracia, yo les digo BASTA. ESO ES UNA MONSTRUOSIDAD INACEPTABLE. ISRAEL SEGUIRÁ SIENDO UNA DEMOCRACIA, SÓLO SI SIGUE EXISTIENDO Y, SI SE ACEPTARA TAL CRITERIO DISCRIMINATORIO, TERMINARÍA DESAPARECIENDO. ESO, NO ES LÓGICO, ÉTICO, RAZONABLE NI ACEPTABLE


¿HASTA CUANDO SE CONTINUARÁ CONDENANDO A ISRAEL POR QUERER GANAR Y LOGRARLO?.