La perlita semanal:

¡Aprender de la historia!


Esta semana, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad puso en marcha su primera central nuclear en Bushehr. El mandatario fue además el encargado de desvelar el primer bombardero no tripulado de largo alcance de fabricación iraní, capaz de transportar una gran carga de munición y realizar misiones contra blancos por tierra con un gran poder de autonomía. Irán también ensayó con éxito el 'Quiyam 1' (Renacimiento), un nuevo misil tierra-tierra de nueva generación propulsado con combustible líquido.

Oriente Medio afronta la carrera armamentística del gobierno iraní para conquistar el estatus de potencia regional y así disuadir a otros actores de la sociedad internacional de usar la fuerza contra él. Conviene fijarse en dos actitudes constantes del régimen: su progresiva involución hacia el autoritarismo y el fundamentalismo teocráticos y la espiral de violencia dialéctica contra Israel, que incluye la muy seria amenaza - varias veces proferida - de borrar del mapa al Estado hebreo.

De hecho, en uno de sus recientes festivos discursos, Ahmadinejad, exhortó a su pueblo a estar preparado para una guerra que la identidad sionista quiere desatar en la región y alertó que los recientes choques con Líbano sólo muestran la desesperación del gobierno de Netanyahu.

El régimen de Ahmadinejad vive así una etapa de arrogancia extrema tanto por el férreo control que ejerce sobre su población, como por la conciencia de que es muy poco lo que el mundo puede hacer para limitar sus ambiciones y tratar de modificar ese cuadro tenebroso de un poder ensoberbecido y guiado por una ideología fundamentalista religiosa que pretende imponer sus designios en el nombre de Dios a cualquier precio.

La mayor parte de la comunidad internacional emitió ya un veredicto: no se fía de Irán y percibe que Oriente Medio no puede permitirse la inestabilidad y la carrera de armamentos que la culminación de su programa nuclear supondría; aceptarla traería como consecuencia un más que probable conflicto directo con Israel. Sin embargo, fuera de sanciones aprobadas que no prosperan, no hay ninguna idea clara de cómo conjurar ese desafío cada día más ominoso. El mundo parece no querer aprender de la historia.

Se avecina tormenta...


Fuente: Semana
 

 

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