Perú. El sentir judío en lo más profundo de su tierra

por José Luis Piczenik

La llegada de los inmigrantes al país procedentes de Alemania, Francia, Inglaterra y Suiza data de 1840.En su mayoría llegaron al puerto de Lima atraídos por la publicitada riqueza que adornaba el territorio.

Hace algún tiempo cuando el periodista del reconocido periódico español ”La Vanguardia” le consulto a Sergio Della Pérgola – el mayor demógrafo y estadístico del judaísmo mundial – sobre quien es judío en el Siglo XXI, se encontró con una respuesta categórica del científico:”Judío es aquel que se reconoce como tal”.Con eso basta? insistió el cronista, obteniendo una contestación más terminante “Quien se siente judío, lo es”.Esta concepción ajena a la ley religiosa que considera tal al nacido de vientre judío o al pasado por un proceso de conversión halajica, es actualmente aceptada por muchos pensadores contemporáneos.

La organización “Shavei Israel” se dedica a la búsqueda de raíces y ancestros de fe mosaica con la misión de lograr el retorno de dichos individuos al pueblo de sus antepasados. La recuperación del legado histórico y la identidad religiosa constituyen el fin desarrollado por esta institución desde el año 2002 en la diáspora. Enviados por la institución, un grupo de especialistas investiga diferentes poblaciones, convive con ellas, conoce su actuación y su pensamiento y prepara el camino de regreso a las concepciones hebreas de sus generaciones pretéritas.

Son muy distantes las regiones del planeta donde se llevan a cabo dichas tareas y resulta complejo abarcar toda la gestión en una sola mención. En nuestro continente el noreste de Brasil y el interior del Perú son algunos de los lugares visitados por la fundación es el territorio incaico existen elementos judíos desde la conquista española. Manuel Bautista Pérez y Sebastián Duarte, según crónicas de la época, fueron asesinados en hogueras publicas en 1639 acusados de ser “portugueses judaizantes”. Antonio de León Pínelo, jurista, escritor y primer bibliógrafo del nuevo continente no oculto en ningún momento sus marcadas tradiciones bíblicas.

La llegada de los inmigrantes al país procedentes de Alemania, Francia, Inglaterra y Suiza data de 1840.En su mayoría llegaron al puerto de Lima atraídos por la publicitada riqueza que adornaba el territorio. A fines del Siglo XIX centenas de jóvenes sefaradíes procedentes de Turquía y Marruecos cruzaron el Océano Atlántico en busca de mejores horizontes. Tras la guerra hispano-marroquí y la retirada de España del territorio moro en 1862, los musulmanes de distintas ciudades norafricanas persiguieron a las poblaciones judías del lugar, la Alliance Israelite Universelle financiada por el Barón Hirsch había logrado educar a las juventudes hebreas de la zona y estimulaba su inmigración al nuevo continente. En calles de Rabat se decía que “por el río amazonas no corría agua sino oro…”

Los visitantes que eran de fino aspecto, conocedores de idiomas y de vasta cultura se lanzaron a la conquista de la selva americana. La explotación del caucho represento su objetivo principal. De esta forma a través de Belem do Para y Manaos en territorio brasilero se internaron a través del amazonas para llegar al territorio peruano. Allí fundaron determinadas estructuras y núcleos comunitarios. La creación de un cementerio propio a fin de permitir el descanso en paz de aquellos que cayeran en la travesía fue uno de sus primeros objetivos aun considerando que las intenciones de los visitantes no era residir definitivamente en estas tierras..

Con la caída de los precios del caucho estos aventureros volvieron a sus hogares. Sin embargo del relacionamiento generado con pobladoras locales se gesto una nueva generación judeo-indígena criada en el continente. La mezcla étnica no fue impedimento para que los nuevos nativos desconocieran sus líneas sanguíneas judías.

Casi un siglo después Shavei Israel proveyó información y conocimiento a decenas de pobladores de Perú – descendientes “del caucho – e inicio una transformación cultural que finalizo en la radicación en Eretz Israel de muchos de los nietos o bisnietos de aquellos peregrinos.

En la ciudad de Tarapoto – ubicada a 600 kilómetros de Lima – en la provincia de San Martín desde el año 2006 funciona a solicitud de su pequeña comunidad un servicio de rabinato y celebración de los Shabat y festividades tradicionales.

Iquitos, en la Provincia de Loreto – verdadero centro mercantil de la época – al que se accede actualmente solo a través de medios fluviales y aéreos, llegaron los primeros judíos entre 1880 y 1885.En el año 1909 la colectividad contaba con doscientos integrantes. La ciudad recuerda varios alcaldes de descendencia israelita a lo largo del siglo pasado. Desde hace unos treinta años la comunidad logro una revitalización y comenzó un relacionamiento permanente con rabinos de Lima y Jerusalem. Ante ellos centenares de nativos manifestaron su profundo interés de formar parte activa del pueblo judío. En el año 2000 con la presencia de cuatro rabinos se llevo a cabo una conversión masiva. Más de doscientos loretanos fueron convertidos en su fe en una ceremonia conjunta que les posibilito la radicación definitiva en el Estado de Israel. Al respecto afirmaba uno de los integrantes del Tribunal Rabínico de conversión,” los descendientes de los judíos de Iquitos tienen un sincero deseo de retorno al pueblo judío el cual está motivado por genuinos lazos emocionales e históricos”.

Trujillo y Cajamarca, dos ciudades separadas entre si por escasos kilómetros, cuentan en historia y formación con señales judías. Don Segundo Villanueva, un converso católico nacido en el Distrito de Sorochuco y criado en Cajamarca que tras pasar por varias iglesias cristianas abrazo el judaísmo y formo el grupo Bnei Moshé es un claro ejemplo de ello. El como tantos de sus seguidores efectivizaron su conversión y emigraron a tierra santa. Muchos de ellos esperan con ansiedad la llegada de familiares que aún permanecen en el interior peruano. También hubo congregaciones en los siglos XIX y XX en Pucalpa, Nauta, San Martin, Yurimaguas, Contumaza y otras pequeñas localidades provinciales.

Este fenómeno ha sido objeto de diversos manifiestos literarios y cinematográficos de repercusión mundial. Recientemente se estreno el film “The fire within” del autor Larry Salcedo en el duodécimo festival anual de Miami y el mismo documental fue exhibido el año pasado en el encuentro de cine latino llevado a cabo en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos.

Perú alberga hoy una pujante colectividad de tres mil fieles aproximadamente que residen en su mayoría en la ciudad de Lima. La Asociación Judía de Perú es el órgano rector de las actividades que desarrollan sus miembros agrupados en comunidad askenazí, sefaradí, y conservadora. Existen templos para cada una de las tendencias, un cementerio en la zona de Baquijano que data de 1875 y un único colegio de nombre León Pinelo que reúne a la mayoría de los jóvenes de descendencia judía del país y se reconoce por su alto valor educativo. También hay organizaciones juveniles y deportivas en la capital.

Decenas de personalidades judías se destacaron en las áreas públicas, de las ciencias, la cultura y el arte de la nación. Tras los sucesos vividos en el país en la década del 70 la población judía abandono definitivamente las provincias y se instalo en los centros urbanos. Muchos emigraron a Estados Unidos e Israel temerosos de la inseguridad ciudadana reinante y por las dificultades económicas que vivía la sociedad. La reducción del número de miembros y el desinterés en muchos de sus participantes hicieron más difícil la vida institucional de la comunidad.

Los peruanos – provenientes de la selva amazónica – en Israel superan ya el millar destacándose Beersheva y Ramla como dos de las ciudades que albergan un numero más significativo de ellos Su integración y pertenencia al nuevo estado es absoluto y su desempeño en todas las áreas laborales es de relieve. A pesar de ello la nostalgia y el recuerdo vive en ellos permanentemente. Año tras año con motivo de la celebración independentista del Perú, se organizan diferentes encuentros adornados con los sabrosos chipa y ceviche y regados con suficiente pisco. En esta ocasión el kibutz Ramat Hakovesh fue sede del encuentro Israelo-Peruano donde se evocaron las más caras tradiciones incaicas.

Un hecho resaltable y encomiable de todas las partes activas que permitió el rescate de un sentimiento de fe milenaria en el más profundo interior del continente sudamericano.
 


FUENTE:
ElReloj.com/eSefarad

 


 

 


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