Llegamos por fin a Pesaj

por Guido Maisuls

Y así llegamos a Pesaj o Peisaj, que será dentro de unos pocos días y que debería considerarse, por lo que representa, la fiesta alegre por antonomasia. ¿Qué es lo que se festeja? Ni más ni menos que la liberación del pueblo judío de la esclavitud. Y por ello, por la grandiosidad que semejante conmemoración conlleva, se aglutina toda la familia alrededor de una mesa y, en medio de ritos más especiales que en otras ocasiones se festeja el magno acontecimiento, al que se llama Séder,... también sufriendo.

¿Qué es si no tener que pasar una semana entera comiendo ese mazacote cuadrado, lleno de canaletas y agujeritos y muchas veces quemado, al que llaman "matzá"?. Y esto lo hacen o deben hacer tanto los judíos que tienen dentadura propia, así como los que la llevan postiza, e inclusive, también, los que no tienen una cosa ni la otra. Y tal ingesta es una de tantas; porque además el inicio del Séder consiste en tomar determinados alimentos, cada uno de los cuales simboliza algún aspecto de las tribulaciones por las que pasaron durante su época de sometimiento en Egipto.
Por ejemplo, toman rábanos, lo que significa la amargura de la experiencia, mientras que el consumo de una mezcla de nueces troceadas, manzanas y vino, simboliza el mortero de construcción utilizado por aquellos lejanos predecesores esclavos, en sus trabajos forzados.

Ahora bien, después de ese mare mágnum de amargos simbolismos, por lógica sobreviene la calma, ésta investida de los esperados manjares que son toda una apoteosis y con los cuales se debería haber empezado y terminado el Séder, si de festejar a pleno se hubiese tratado. Porque es en ese momento en que llega la sopa con pequeños kneidalej que son en verdad una caricia al paladar y seguidamente los kneidalej más grandes flotando en yarkoie (una salsa tradicional que pocos saben hacer), que rozan la lujuria.

Y luego, como si esto fuera poco, les siguen los guefilte fish y el exquisito pollo al horno, a los que quienes saben celebrar Peisaj como se debe aderezan con JREIN, cosa que sus exigentes paladares por supuesto les terminan agradeciendo. Todo ello además regado con los más selectos vinos (claro que con una inscripción en su etiqueta que diga: Casher le Pesaj) y coronado más tarde por los mejores postres que las mujeres mayores de la familia (hoy los hombres también) saben preparar.

Y eso, ya que se trata de un festejo, debió haber sido Pesaj. Sin sufrir, porque es una auténtica celebración. Pero no, tras las delicias, como era de esperar, de nuevo aparece el sufrimiento, cosa de no malacostumbrarse. Obra del ceremonial aceptado y practicado, es entonces cuando los menores de la familia deben hacer las "arba kushiot o sheilot", ésto dicho en hebreo, o las
"fir fragues" en su acepción idish, o las "cuatro preguntas protocolares referidas a la liberación" para que lo entiendan todos, ya que estamos hablando en español.

Y dicho ritual, donde se enmarcan estas preguntas es en verdad insoportable, porque generalmente los párvulos no se las aprendieron previamente y algún mayor tiene que hacerles de apuntador, confundiéndolos más todavía. Siendo que en la actualidad hay muchos abuelos (los encargados, si es que todavía viven, de disipar las dudas al respecto) que no hacen mejor performance que los chiquillos, ya que contestan mal a las preguntas o dicen cualquier cosa entre dientes, porque la memoria se les fue de paseo.

Pues bien, es en ese momento, terminado el ceremonial hablado y no quedando más ganas de deglutir nada por sabroso que parezca o sea, en el que algunos, salvo los encargados de la posterior limpieza, amenazan con retirarse. Pero no, que no se vayan todavía, que la fiesta no ha acabado. No por lo menos sin antes enterarse, aquellos que lo ignoran aún, que hay judíos que no se permiten tamaña glorificación a la libertad de su pueblo, sin terminar sufriendo más y mejor. Ya que ciertos profesantes ultras de la fe, que por suerte no son mayoría, al día siguiente de la finalización de Pesaj (una semana más tarde del epicúreo Seder mencionado), para no perdonarse el haber estado de buen humor en aquella oportunidad ya que eso no sería enteramente apropiado para quien se considere un buen judío,... ayunan pesarosamente y por las siguientes 24 horas.

Y esto sin embargo no es todo, para terminar verdaderamente y volviendo a la pantagruélica cena inicial, deberemos mencionar a los artífices de la comilona y detenernos en un personaje en especial, el que más ha sufrido de entre ellos, para colocarlo en lo más alto del podio. Porque los manjares que se indicaron antes tuvieron que prepararse. Y hubo quien sufrió horrores previamente, para que uno de esos manjares, si no el más importante, estuviese presente en la mesa.

Hacer los kneidalej, por caso, no es la ruina física, económica ni moral de nadie, tampoco lo es para quien le tocó cocinar el pollo o armar los guefilte fish, y menos todavía lo habrá sido para quienes les tocó confeccionar los postres, ya que seguramente se habrán deleitado a escondidas con las inevitables chupaditas a los dedos grasientos de chocolate o a los utensilios con restos de los riquísimos dulces que hayan quedado pegados en sus resquicios.

Todos ellos, los hacedores de esos manjares especiales para Pesaj, llevaron fácil y agradablemente dicho trajín y todo cuanto se puede decir en honor de ellos, es que cumplieron con su deber. Pero, en medio de ese batallón de cocineros y reposteros, hubo ese que sí debió sufrir hasta lo indecible, para dar fe de su condición de judío y para que una de las cosas principales del Séder estuviese servida en la mesa.

Un sentido homenaje entonces al Héroe (que no otro es el motivo principal de este escrito), no pocas veces anónimo y en ocasiones duramente vilipendiado por no haber dado con el gusto particular de algunos comensales, que tuvo a su cargo semejante tarea: la de pelar las raíces de rábano picante y posteriormente rallarlas, para poder preparar el sabrosísimo JREIN. Y quien no lo crea, hará bien aunque más no sea en una sola oportunidad, porque para dos difícilmente le dé el coraje, de ofrecerse para realizar esa dolorosa labor.

Ya que cuando el JREIN lo prepara otro, todo se reduce a degustarlo y disfrutarlo y no pasa nada. Pero el pelado y posterior rallado del tal rábano no es chiste. Preferible es mil veces respirar el gas lacrimógeno que tiran en las manifestaciones políticas, que el juguito que larga el rábano antedicho, puesto que éste hace llorar como si hubiese ocurrido una verdadera tragedia y deja tremendos padecimientos en nariz, garganta y ojos, que tardan días en desvanecerse

JAG PESAJ SAMEAJ

 

Fuente: cartasdesdeisrael

 

 


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