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Las autoridades han arrestado a un ciudadano turco que, aseguran, «planeaba el asesinato de varios rabinos» de esta ciudad. El acusado ha negado los cargos. «Odio a los judíos, pero no pensaba matar a nadie», ha asegurado Ismet Rençber, un veinteañero de adscripción masónica originario de la ciudad nororiental de Kars. La Policía le ha detenido tras rastrear el envío de una carta con amenazas a una sinagoga de Estambul. Entre la comunidad judía de Turquía, compuesta de unas 26.000 personas, la mayoría residentes en Estambul, hay quien ve una relación entre la crisis bilateral y un posible brote de antisemitismo, a pesar de que el primer ministro, Erdogán, puso un gran cuidado en establecer una distinción entre el Estado israelí —al que califica de «criminal»— y los judíos, especialmente los turcos.
«Estamos preocupados, porque estos hechos pueden
fácilmente convertirse en antisemitismo», ha declarado al diario israelí «Haartez»
Ivo Molina, director del semanario «Salom», editado en Estambul. «La retórica
usada por el primer ministro ha sido muy radical», asegura Molina.
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