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Por amor a Judit
Hace tiempo que había caído
en mis manos la novela del escritor israelí Meir Shalev,
titulada en español: "Por amor a Judit". Ese título tan chicloso
me frenó ya desde la tapa las ganas que tenía de leerla. Cuando
al final me decidí a empezarla descubrí en la primera hoja,
donde aparecen los datos de la edición, que el título original
más fielmente a
"como
otros días" o "como otra época". Me imagino que la Ediciones
Salamandra eligió el título más romántico por motivos de
marketing, pensando en otro público de lectores. Lo que yo
quería era aprovechar la oportunidad de leer algo de literatura
israelí traducida al español, de la que no hay mucha oferta acá
en Israel. Suelo leer también prosa en hebreo, pero disfruto más
leyendo en mi lengua madre.
La historia la narra el hijo de Judit, Zeide. Como aclara desde
el principio, Zeide no es un apodo sino el nombre propio que
recibió de su madre al nacer. Zeide significa abuelo en idish,
Judit se lo puso para engañar al Ángel de la Muerte, que al
encontrarse con un niño pequeño llamado abuelo, presa de la
confusión, se marcha sin llevarse al niño consigo. Zeide cuenta
la historia de su madre, quien años antes de la creación del
estado llega como empleada a la granja del viudo reciente,
Moisés Rabinovitch, para ayudar en las tareas domésticas y la
crianza de los dos huérfanos, Oded y Noemí. De paso nos cuenta
también su propia historia, la historia del pueblo Kfar David y
de algunos de sus habitantes, en particular la de los
pretendientes de su madre. De esa mujer que ya ha dejado de ser
joven, con su personalidad endurecida por la desgracia, se
enamoran los tres: Rabinovitch, el granjero fortachón y
deprimido; Globerman, el comerciante de ganado grosero y
acaudalado; y Jacob Shceifeld, el criador de canarios
persistente y nostálgico. Además de disputarse el amor de Judit,
los tres se atribuyen la paternidad de Zeide.
Se ha dicho sobre Meir Shalev que una de las influencias
principales sobre sus obras es el realismo mágico de Gabriel
García Marquez. En "Por amor a Judit", además de las propiedades
mágicas del nombre Zeide, hay pocos eventos sobrenaturales de
los que son frecuentes en el realismo mágico. El personaje de
Jacob Shceifeld me recuerda a Florentino Ariza de "El amor en
los tiempos del cólera", un amante que no se deja amedrentar por
el rechazo inicial ni el transcurso de las décadas, aunque ese
sea un motivo que puede provenir de otras fuentes. La influencia
de García Marquez se siente más que nada en el manejo del tiempo
de la narración, ese vaivén de saltos en el tiempo que van
armando la historia como pinceladas pintando un cuadro, trazando
una línea narrativa que avanza con claridad del pasado al
presente, pero que a la vez genera cierta sensación de
simultaneidad de los eventos narrados. Otra influencia notoria
en la obra de Shalev, es la literatura floklórica judía de
Europa oriental, los cuentos de las aldeas judías de Polonia o
Ucrania como los deBashevis Singer y Sholem Aleijem. La
narración se va tejiendo entre las biografías de los ditintos
personajes, entre la primera y la tercera persona, entre los
testimonios que Zeide recaba y los baches que llena con su
imaginación o deja sin cubrir adrede, entre Kfar David, los
caminos a Haifa y Jerusalén, y las aldeas de las que provienen
sus tres padres. Se forma así un tejido narrativo rico, variado
y atrapante.
Me sorprendió el lugar secundario que ocupan los eventos
violentos ocurridos en el lapso de tiempo que cubre la novela,
que empieza en los años treinta y se extiende por varias
décadas. Pareciera que prevalece la visión romántica de Jacob
Shceifeld, según la cual los horrores bélicos de aquella época
no son más que elementos subordinados a la historia de amor.
Salvo por el tema de la inmigración y el desarrollo agrícola, el
contexto histórico queda relegado, la geografía y la fauna de la
región ocupan un lugar mucho más central. Shalev se aparta de la
temática local y apunta a los temas universales: el tiempo, el
amor, la paternidad y la muerte.
Fuente: Blog PensandoIsrael
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