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Religión
y política primaverales

¿Sublevaciones por aspiraciones universales o guerras
civiles locales?
por Lic.
Samuel Leillen
IMPREDECIBLE, IRREVOCABLE, ENMARAÑADO
Por fin existe completo acuerdo entre los analistas de
Medio Oriente y el mundo árabe:
• 1 - todos coinciden que "no se puede predecir que
ocurrirá";
• 2 - todos entienden que "no volverá a ser como era
antes" del 17.12.2010
cuando un joven tunecino resolvió sacrificar su cuerpo
como protesta por la burocracia corrupta y lanzó a los
pueblos a las calles;
• 3 - todos reafirman que "el panorama es complicado,
entreverado".
Lo que más llama la atención, es que la circunstancia
tiene más impacto que los sucesos. Se sigue hablando de
la "primavera de los Pueblos" a pesar que su desarrollo
no se caracterizó por plácidos momentos estivales, y en
los crecientes fríos del otoño actual no hay aún visos
de resultados claros, estables, coincidentes con los
lemas iniciales.
La primavera árabe está marchitando. Se desarrolló más
como sucesión de "guerras civiles" locales que como
sublevaciones sociales por aspiraciones universales. El
caso de Bahrein es elocuente: fue un levantamiento de la
mayoría shiíta en contra de la minoría sunita dueña del
poder, rápidamente reprimido por la brutal intervención
militar saudita, empeñada en evitar que Bahrein pase a
la esfera de influencia de Irán.
LAS REDES SOCIALES
Un factor de coincidencia inicial en la interpretación
de los sucesos, fue el considerar a los medios
cibernéticos como los causantes y los impulsadores del
levantamiento popular. Difícil aceptar hoy las
apreciaciones iniciales que "facebook", "twitter" y
semejantes, fueron el combustible que encendió la llama
y propagó el ardor que condujo a derrocamientos en
Túnez, Egipto y Libia, a guerras civiles en Bahrein,
Siria y Yemen, manifestaciones masivas en Marruecos,
Jordania y Argel, huelgas en Somalia, Sudán, Arabia
Saudita, Mauritania, Líbano, Kuwait, extendiéndose la
protesta a países no árabes como Costa de Marfil, China
e Irán.
Revoluciones y protestas en el mundo árabe de 2010
y 2011
Caída del gobierno Conflicto armado / Cambios en el
gobierno Protestas / Cambios en el gobierno Protestas
mayores Protestas menores Protestas fuera del Mundo
Árabe Sin incidentes
Difícil que los comentaristas coincidan en cuanto al
futuro de este movimiento regional cuando tampoco existe
claridad y menos consenso en cuanto a las razones que
llevaron a esos estallidos. Pobreza, hambre,
desocupación, analfabetismo, corrupción, dictadura,
desigualdad, discriminación de la mujer, falta de
derechos humanos, siempre fueron características de la
región.
Cierto es que el adelanto tecnológico que facilita la
información – radio, televisión, internet – sin control
ni censura estatales, tuvo su influencia acumulativa,
pero considerar que los trastornos de los cuales fuimos
testigos durante este último año son consecuencia del
extendido uso de las redes sociales como "facebook", "twitter",
etc. es superficial. Ello desplaza como causante de los
sucesos a las características de la región, tanto las
económicas como las políticas, tanto las sociales como
las culturales, tanto las religiosas como las morales.
Además, los usuarios de esas redes, ya han desaparecido
de los escenarios públicos.
NACIONES Y DEMOCRACIAS
Desde mediados del siglo XX toda la región ha pasado una
serie de modificaciones estructurales e ideológicas que
aún no se han asentado. Durante 500 años del Imperio
Otomano, la aspiración musulmana de "un Dios, un
Profeta, una Nación, un Pueblo", tenía su versión
establecida, a pesar de tratarse de una enorme extensión
multiétnica y multiconfesional. Pero al desmembrarse esa
estructura, al imponer las potencias coloniales la
organización según Naciones y propulsar la ideología del
Presidente Wilson (1856-1924) de "la autonomía de los
Pueblos", comenzaron en Medio Oriente los "experimentos"
de organización política que aún fermentan en las
probetas sociales.
Primero fueron monarquías, imitando los sistemas
imperantes en Europa; luego hubo "revoluciones
republicanas", emulando a los sistemas embrionarios en
el Nuevo Mundo; influyeron los mares revueltos de
Comunismo, Nacionalsocialismo, Socialismo, Capitalismo
en sus versiones locales. Todos esos "experimentos"
frenaron la movilidad social, aumentaron la polaridad
económica, fortificaron las dictaduras e incentivaron
las persecuciones, alegando ser "democracias" pero no
vacilaban en transmitir el poder por herencia…
SIN SORPRESAS
El Prof. Asher Susser, de la Universidad de Tel Aviv,
considera que la primavera de los Pueblos es una fase
más del prolongado proceso de laicismo del mundo árabe,
con la paradoja que los sectores religiosos resultan los
más beneficiados. Todo era conocido: los esfuerzos por
implantar laicismo, las corrientes por la igualdad
femenina, el galopante crecimiento de la población
regional – de 200 millones en el año 2000 a más de 360
millones en el presente, la carestía de la vida
acentuada por los precios de los cereales que aumentaron
casi al triple en diez años y del azúcar que cuadruplicó
sus precios desde 2002 hasta 2010.
Sólo las modificaciones demográficas debían haber sido
un vibrante llamado de atención: al duplicarse la
población en diez años, se requiere más vivienda, más
escuelas, mejores hospitales, más lugares de trabajo,
más alimento, mejores sistemas de vigilancia interna. La
región no fue ni es capaz de proveer el mínimo
indispensable para su creciente población.
Tampoco Occidente está en condiciones de ayudar pues
debe enfrentar sus propias y graves crisis económicas.
"Los que asuman el poder después de los cambios en
Túnez, en Egipto, en Libia, en Yemen, incluso en Siria,
no son "magos", no serán capaces de dar respuestas a
todos los desafíos, ni siquiera mejorar a lago plazo los
pesares existentes", enfatiza el Prof. Susser.
Tenemos entonces un mundo árabe post moderno
traumatizado por su debilidad tecnológica, abatido por
los regímenes "democráticos" que lo oprimen, angustiado
por la pobreza y el hambre imperantes, decepcionado por
la corrupción y el engaño. Las ideologías laicas de
"arabismo" y "panarabismo" que fueron la base de la
caída de la mayoría de las monarquías a mediados del
siglo pasado y de la siguiente conformación de las
plataformas políticas que eternizaron en el poder a los
actuales derrocados, también resultaron frustrantes.
FUTURO IMPREDECIBLE
El principio fue alentador, incluso generó esperanzas.
Fueron manifestaciones y levantamientos que jamás se
habían visto en el mundo árabe, con participación
espontánea de millones de personas, inspiradas en lemas
contra la dictadura que reclamaban aspiraciones
universales de libertad, justicia social y bienestar,
con participación de amplios sectores de jóvenes y
estudiantes, mujeres e intelectuales, civiles y
militares.
Se supuso que Occidente había triunfado: las
comunicaciones fueron cibernéticas, los lemas de
contenido democrático, los participantes jóvenes,
hombres y mujeres por igual, la presencia ordenada y
coherente. Sin embargo, no había líderes, no había
programas de acción concertados, no se proclamaron
ideologías definidas.
El futuro próximo seguirá estando sujeto a los efectos
de las dicotomías conocidas: Occidente frente a la
Federación Rusa, Shiítas contra Sunitas, islamistas
frente a laicos, parlamentarios frente a militares, etc.
Y por sobre todo ello, debe considerarse el posible
retorno a las fidelidades tribales, la imposición de
redes de pactos inspirados en intereses étnicos.
Sabido es que las revoluciones integradoras no
trascienden el etnocentrismo, tal vez ayudan a
modernizarlo. Él enfatiza las incertidumbres de la
sociedad en transición estimulando la conciencia étnica.
Los focos de poder están retornando a las tribus y a los
sectores tradicionales de fuerza y fidelidad - ver lo
que sucede en Siria después de 50 años de dominio de la
minoría alawi; ver lo que ocurre en Libia, donde los
bereberes exigen ya sus derechos culturales, los tuareg
pueden ser objeto de represalia, dado que dos de sus
tres tribus apoyaron abiertamente al dictador,
dirigentes islamistas no han escondido su rechazo a los
ministros liberales que, tras vivir décadas en el
exilio, asumieron las riendas del Gobierno.
LOS "HERMANOS MUSULMANES"
En el mundo árabe no se puede prescindir de la religión
y del origen étnico. Son componentes inseparables de la
identidad y de las conductas, de los esquemas y de los
intereses, de las estructuras y de los sistemas. Las
minorías no musulmanas fueron las primeras en captar la
realidad sintiendo sus implicancias: los coptos en
Egipto, los cristianos en Irak.
Querámoslo o no, la secularización está en retroceso en
el mundo árabe. Si bien los regímenes existentes durante
los últimos decenios se presentaban como laicos y
democráticos, en todas las áreas de la actividad la
religión y la tradición eran las imperantes: en la
educación, en el sistema judicial, en las prácticas
comerciales, en el respeto a la propiedad, en la
discriminación de género, en los derechos humanos.
Estando bien organizados, los "Hermanos Musulmanes"
captaron la oportunidad y se mantuvieron al acecho.
Entendieron que si participarían abiertamente habrían de
resultar "acusados". En las concentraciones públicas se
mantuvo el orden pero no se vieron uniformes, ni
policías ni gendarmes: los que sirvieron de guardias
fueron voluntarios de la "Hermandad". Cuando se
proclamaron las "victorias", al huir Ben Ali de Túnez o
Mubarak de Egipto, se realizaron rezos masivos en las
plazas. Los oradores de turno fueron sólo los
representantes de los "Hermandad" que en coordinación
con las fuerzas militares impidieron hábilmente la
participación de oradores jóvenes o de mujeres o de
intelectuales independientes.
Los resultados de las elecciones democráticas en Túnez
del mes pasado son elocuentes: el partido En-Nhada,
versión tunecina de la "Hermandad", obtuvieron el 41% de
los votos, a pesar de tratarse de un país con una fuerte
tradición secular y donde las mujeres gozan de un
estatus privilegiado, incluyendo la posibilidad del
divorcio unilateral y el uso opcional del pañuelo.
Antes del día de las elecciones, su líder, Rachid
Ghannouchi, con un historial de oposición a Ben Alí que
le costó años en prisión y 20 años en el exilio, se
había apresurado a acallar las voces que anunciaban una
radicalización de la política tunecina y prometió "un
programa de consenso que procurará estrechar la relación
con la Unión Europea siguiendo el camino de la
democracia "dentro de la tendencia general del Islam
político", con el modelo turco como bandera".
Los hechos habrán de identificar el futuro:
- ¿Impondrán la shaarya, la ley religiosa islámica?
¿Quién será la fuente del poder, Dios o el Pueblo?
- ¿Seguirán siendo perseguidas y discriminadas las
minorías?
- ¿Se sancionará la igualdad de la mujer? ¿Quiénes
definirán, los parlamentarios o el Corán?
- ¿Estarán protegidas las libertades: de opinión, de
pensamiento, de culto?
Ver para creer.
***Reflexiones basadas en la Magna Conferencia
"Tradición y Modernismo en la Primavera Árabe", dictada
por el Prof. Asher Susser, del Departamento de Ciencias
Políticas de la Universidad de Tel Aviv, ex Director del
Centro Moshé Dayan para Estudios del Medio Oriente y
África.
Fuente:
Lic. Samuel Leillen / Aurora
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