Hacia una propuesta en torno al entendimiento

por Nico Riethmüller, Centro Progresista Judío Meretz Chile

Siempre agradecido de una oportunidad de debatir y conversar, quizás sea mejor comenzar por dar ciertas cosas por sentado. Queremos a Israel, por supuesto. Creemos en su derecho de existir, y defenderemos cualquier ataque en su contra que ponga en duda su legitimidad. Contó, como pocos países en el mundo, con una aprobación tan alta del resto de las naciones en la ONU para su existencia, contando entre los primeros 5 países en reconocerlo tanto a Estados Unidos como a la ex URSS, demostrando que su nacimiento no respondía a un interés político, sino a un interés humano. Pero después de más de 62 años de existencia, lamentablemente este sentimiento positivo de la comunidad internacional ha ido cambiando, como también han ido cambiando los intereses de los distintos actores de la región.

Si alguno de mis lectores espera que yo tenga la propuesta para la solución del conflicto árabe – israelí, lamento desilusionarlo. Mi propósito es comenzar a generar un debate en el cual podamos enriquecernos en nuestra conversación, y como judíos tomar una postura más responsable en nuestro actuar. Este ejercicio, sin duda, parte por hacer críticas, por tener la valentía de plantearlas, por buscar su discusión, porque si algo nos parece que está mal, es nuestro deber moral, judío y humano, de decir basta, y hacer un alto en nuestro contexto más próximo.

Así como damos por sentado ciertas cosas, con otras no deberíamos, y acá está el verdadero ejercicio de generar una discusión que sea un aporte en nuestro entendimiento, y no solo, como se podría pensar, críticas sin sentido. El incidente de la flotilla que buscaba romper con el bloqueo a Gaza nos debería llamar la atención no por la forma en que fue derribado el barco, cual fue la acción militar del Ejército de Israel, como se manejaron las relaciones diplomáticas entre Israel y Turquía, cuál fue la opinión de la prensa internacional, e incluso en torno a cuantas personas murieron en dicho incidente, sino que debemos ser capaces de dar un pie atrás y preguntarnos ¿qué derecho tiene Israel de imponer un bloqueo sobre Gaza? O más aún, si llegásemos a justificar razones para hacerlo, pensar ¿cómo puede la sociedad civil en Gaza lograr un mínimo de desarrollo social con la existencia del bloqueo?

El conflicto no tendrá solución sino se mejoran las condiciones de vida en la Franja de Gaza. Si los habitantes de la zona no vivieran en la miseria, no elegirían democráticamente a grupos terroristas islámicos como Hamas para ser sus gobernantes. Nos llama tanto la atención que desde Gaza nos tiren misiles y cohetes, y exigimos de ellos un alto inmediato, pero no nos preguntamos ¿por qué?, ¿por qué pararían de arrojar misiles?, ¿por qué la población civil de Gaza tira misiles y la de Cisjordania no? Porque la de Gaza no tiene nada que perder.

Lamentablemente, los hechos bélicos que ha llevado a cabo el gobierno de Israel en los últimos años han contribuido en generalizar un juicio negativo en torno a la población judía mundial. Sin embargo, los actos de antisemitismo que ocurren alrededor del mundo recurriendo a la violencia, especialmente los tenebrosos casos que ocurren a jóvenes judíos franceses, merecen todo nuestro más grande repudio, atentando contra la dignidad humana y los principios más básicos de los Derechos Humanos. Las torturas no tienen razón ni justificación alguna, y merecen nuestra más severa condena.

Incluso hechos como los que han ocurrido en nuestro propio país, donde vemos rayados fuera de nuestras instituciones, los mismos rayados que existieron una vez en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Nuestra sociedad está mucho más desarrollada socio culturalmente para andar tolerando muestras de antisemitismo tan básicas, racistas y violentas como las de las últimas semanas, amenazas a nuestras autoridades comunitarias e incluso profanación de nuestros cementerios.

Aún así, frente a este escenario bastante hostil, no tenemos que rendirnos nunca y debemos siempre anteponer una solución pacífica al conflicto, y entender el contexto social en el que los demás pueblos están insertos. Debemos evitar que se continúe reproduciendo en Gaza una sociedad civil que generación tras generación herede un odio irreconciliable con Israel y los judíos del mundo, y debemos ser parte activa en la reparación de dicha sociedad.

El entendimiento de los pueblos se origina en las más íntimas y primarias formas de diálogo que trascienden las diferencias de opinión para convertirse en discursos críticos y poderosos, constituyentes de nuevas realidades sociales.

Espero que esta respuesta sea lo suficientemente constructiva para provocar interrogantes nuevos en torno al rol que debería jugar Israel y los distintos actores en torno al conflicto, y sobre cómo podemos comenzar nosotros generando opinión y consciencia.

Ojala que ese entusiasmo no se pierda, sino que despierte nuevos e interesantes debates capaces de generar discursos más responsables en nuestra comunidad, acercándonos como individuos y como pueblo, como dijimos antes, en una verdadera empatía con el resto de los individuos y pueblos de la humanidad. ¿Qué vendría a ser esta empatía real? Poder compartir una tierra y enseñar que la verdadera ética es la que promueve la dignidad de todos los seres humanos. Cuando pongamos esto en práctica, entenderemos realmente los sufrimientos ajenos y nos acostaremos reconfortados por nuestra acción.
 

 

 

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