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¿Quo
Vadis, maestro Barenboim?

por Santiago Belmonte
El
día 3 de mayo de 2011, Daniel Barenboim dio un
concierto en la Franja de Gaza, acompañado por
músicos de varias Orquestas famosas europeas.
Ingresaron a Gaza por el paso de Rafiaj, o sea
desde la península de Sinaí, Egipto, y no
pasando por Israel como lo hizo cada vez que
actuó en Ramallah.
Ello ocurrió al mismo tiempo, casi
simultáneamente, con la declaración de
reconciliación y alianza de la Autoridad
Palestina de Mahmud Abbas (Abu Mazen) con el
movimiento terrorista Hamas, que gobierna con
mano dura en Gaza, y sus líderes Ismail Haniah y
Jaled Mashal, que han declarado que nunca
negociarán con Israel, que nunca reconocerán a
Israel, y que alentados por el presidente de
Irán Ahmedinajead, han jurado en más de una
oportuinidad destruir a Israel.
Pero nada de eso parece haber afectado o
importado al famoso y todo poderoso Pianista y
Director de Orquesta, que lamentablemente es
israelí. Pero no un israelí cualquiera, sino uno
que dirige en Berlín, en el festival de
Bayreuth, dedicado al malvado antisemita Ricardo
Wagner y apadrinado en su momento por Hitler; un
israelí que ostenta pasaporte palestino y que en
incontables ocasiones se ha manifestado en favor
de los peores enemigos del Estado de Israel.
Dime con quién andas y te diré quién eres, dice
el antiguo proverbio.
-Fue para mí una vivencia muy profunda, le dice
a una periodista del diario israelí Haaretz.
-Ante todo porque en el paso de Rafiaj me
recibieron los alumnos del Conservatorio de
Gaza, tocando para mí y la Orquesta varios
fragmentos que nos hicieron muy buena impresión.
Después me encontré con muchos jóvenes en la
sala de conciertos, y debo confesar que me
avergüenzo un tanto por lo poco que sabía sobre
la vida de los ciudadanos de Gaza. ¡Son 1,7
millones y tienen doce universidades! Y también
me llamó la atención que el 85 por ciento de la
población tiene menos de 30 años de edad.”
Aquí levanto una ceja y me pregunto:
“¿Conservatorio?¿Sala de conciertos?¿Doce
universidades?" Y yo que pensaba que vivían en
la miseria y dependían de los millones de
dólares y euros que les mandan los incautos de
muchos países para poder comer, y de los barcos
que intentan quebrar el bloqueo israelí, pero
no, Dios libre y guarde, el egipcio.
Volvamos a la “visita” del maestro.
-Se trata de un evento que no es en modo alguno
político, explica a la periodista, “y mido las
palabras porque soy consciente de lo que digo.
Fue organizado por las Naciones unidas y las ONG
palestinas. No me encontré con políticos, ni
ninguno de ellos habló. Nos dio la bienvenida el
representante de la ONU y después pronuncié un
discurso, y dije algunas palabras después de
terminado el concierto. Para mí el éxito del
concierto consiste en haber podido encontrarme
con tantos jóvenes y gente culta. Desde el
principio hasta el fin éste no fue un evento
político.”
Levanto la otra ceja, me calo las gafas para ver
si leí bien, y me miro al espejo para ver si
tengo cara de estúpido. Lo que son las cosas, me
digo. ¿Este tipo es o se hace? ¿De modo, señor
Barenboim, que su visita no es política? ¿Acaso
la sola presencia en Gaza de un músico israelí,
conocido en el mundo entero por sus ideas,
porque las ha expresado en más de una ocasión,
no es ya de por sí un acto político? Por favor,
señor Barenboim, ¿Por quiénes nos ha tomado? Y
se me ocurren varias preguntas: ¿Cómo hacen los
representantes de la ONU para hacer posible su
ingreso a la franja, esa misma ONU que durante
cinco años no logra obtener un permiso para
visitar al soldado secuestrado Guilad Shalit? Y
otra: el día en que ustedes entraron en Gaza, el
gobierno de Hamas y todos sus secuaces ¿no
estaban enterados? ¿Ustedes ingresaron por un
túnel subterráneo, o al amparo de la noche y sin
hacer ruido, para que no los detuvieran? Porque
de lo contrario los jerarcas seguramente los
hubieran honrado con sus presencias ¿verdad? Y
otra: ¿Quién dio orden a toda esa multitud de
terroristas armados que siempre pululan por las
calles de Gaza, de esos que tiran cohetes a
Israel, de no tocarlo ni secuestrarlo? Mire si
lo secuestraban a usted... ¡Ohlalá! No, no, tal
peligro no existía. Usted estaba rodeado de
gente culta, y su visita no era política. Y
entonces, le pregunta la periodista de Haaretz:
-¿Por qué tanto secreto?
-Porque por motivos de seguridad, en el público
sólo había invitados especiales. Y hubo todo
tipo de problemas logísticos entre la ONU y el
Hamas. De todo eso ignoro los detalles, y no
sabíamos si el concierto se hacía o no. Por eso
la ONU mandó las invitaciones sólo a último
momento.”
Pero este tipo es un cara dura, me susurra mi
otro yo. ¿Problemas logísticos entre la ONU y
Hamas? ¡Ah, eso quiere decir que Hamas sí estaba
enterado! Pero eso, de político no tiene nada,
¿verdad? Y usted ignora los detalles... ¿Motivos
de seguridad? Y claro, “invitados especiales”.
Porque los terroristas armados se tenían que
quedar afuera. No sea que a ustedes se les
arruine la foto. Ah, ahora me acuerdo. A menudo
leo en medios españoles que no se trata de
terroristas, sino de combatientes o milicianos.
Porque terroristas son solamente los de la ETA.
Así al menos dicen ellos, esos diarios que al
maestro lo festejan tanto cuando habla en contra
de su país.
Y ahora la frutilla que corona la torta.
-En Ramallah me presenté varias veces. Pero esa
es otra cosa, porque allí emprendimos una tarea
musical muy importante.”
¿Se dan cuenta?, ahora habla en plural.
-Si en Gaza logramos realizar un trabajo
musical, también influiremos en el desarrollo
cultural de la franja. Pienso que la llave de
todo futuro también se encuentra en Gaza y no
sólo en Ramallah.
Nuevamente, de político nada, ¿no es cierto? Y
al mismo tiempo una ingenuidad digna de
Chamberlain. ¿Se acordará de que los regímenes
más totalitarios del siglo veinte ostentaban una
vida cultural de grandes magnitudes? Goebbels se
escudaba detrás de Furtwängler, el director
musical que con su actuación al frente de la
Filarmónica de Berlín en la Alemania nazi no
sólo la justificaba sino que también le servía
de vidriera. ¡Y cuánta buena ópera hubo en la
Italia de Mussolini y en la Unión Soviética
mientras reinaba Stalin! Quiero recordar a mis
lectores no sólo que la actividad cultural en un
país no ha impedido nunca atrocidad alguna, sino
que a menudo les ha servido para distraer la
atención de los ingenuos.
¿Este hombre es un ingenuo? ¿O tiene otras
ambiciones?
La periodista de Haaretz le pregunta a Barenboim
por qué en su estadía en Gaza no dijo siquiera
una palabra sobre Guilad Shalit. Y el maestro
responde:
-Vuelvo a decirle que yo viajé únicamente con un
mensaje cultural y humano. El caso de Guilad
Shalit me duele mucho, pero no fui allí con un
propósito político.”
Está bien, me digo: el caso de ese muchacho es
político y de eso el maestro no se ocupa. ¿Se
creerá él mismo las cosas que dice? Y otra
pregunta, por si se nos escapa: ¿El secuestro,
la larga reclusión, y la total incomunicación de
este chico no entra en su definición de lo que
es una cuestión humana? ¿Allí entra únicamente
la “pobreza” de quienes viven en Gaza, de esos
que tienen doce universidades?
-¿A quién pude haberle dicho algo? Otra cosa
hubiese sido de encontrarme con alguien del
Hamas, pero no quise hacerlo, ni tampoco me lo
pidió nadie. No hubiese ido a Gaza para que
utilizaran mi presentación con fines políticos.”
Pero si eso es lo que este tipo más quiere!,
vuelve a susurrarme mi otro yo. Le encanta que
lo vean y escuchen cuando hay política
antiisraelí de por medio. Eso se vende bien. Es
políticamente correcto. Y en una de esas,
Barenboim, que ya lo tiene todo, fama, dinero,
poder, medallas, doctorados honoris causa,
aplausos, y que además en opinión de algún
público parece ser dueño de tantas verdades, ¿no
estará ansiando algo más, un premiecito para el
cual está dispuesto a sacrificar sus más
elementales lealtades?
Fuente: PorIsrael.org
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