Empezó el remate

 

 

 

La condena frecuente a Israel basada en la desproporción en la cantidad de victimas sufridas de cada bando, revela un macabro desprecio por la vida humana. Quienes dicen basar su opinión acerca del conflicto en una balanza de los litros de sangre derramados, suelen llegar a la conclusión de que a Israel le está vedado responder a cualquier ataque palestino, a menos que el ataque palestino mate mucha gente, que unos pocos muertos o heridos israelíes no tienen suficiente importancia. Es decir, el gobierno de Israel tiene que esperar a que mueran más israelíes antes de tomar cualquier medida que intente frenar los ataques contra la población del país. Por su puesto, esa balanza es además muy selectiva, la sangre de los muertos palestinos derramada por Fatah, Hamás, Egipto, Siria o Jordania no tiene peso.


Es curioso como aquellos que se quejan por la desproporción en la cantidad de muertos, no tienen nada que objetar a la desproporción en los intercambios de prisioneros. Suelen exclamar que la vida de un palestino vale tanto (o tan poco) como la de un israelí. Pero no tienen ningún objeción a que la libertad de un prisionero israelí, valga más que la libertad de mil presos palestinos. La liberación de mil presos palestinos es lo que exige a estas alturas Hamás, a cambio de la libertad del soldado secuestrado en julio del 2006, Gilad Shalit, abducido en territorio israelí y llevado a Gaza donde permanece desde entonces, Dios sabe en que condiciones (perdón, Dios no, Jaled Mashaal e Ismail Haniya).


El día de ayer salió la noticia de que Israel y Hamás, con la intermediación de Egipto y Alemania, llegaron a un acuerdo preliminar. Hamás envía un video que demuestra que Shalit aún está vivo y a cambio Israel libera 20 presas palestinas "sin sangre sobre las manos" (es decir que no mataron israelíes, "solamente" intentaron matar sin conseguirlo). Al parecer el acuerdo fue alcanzado recién ahora, gracias a la entrada en escena del intermediario alemán, más dedicado y más efectivo que los egipcios. Además es un momento favorable para Hamás, que quiere presentar logros de cara a las elecciones en la Autoridad Palestina el próximo enero (si es que Abu Mazen no vuelve a postergarlas hasta una fecha más conveniente para él).


No me opongo al intercambio de las presas por la grabación, la familia de Shalit tiene derecho a comunicarse con su hijo. Pero no puedo dejar de sublevarme ante esta venta de derechos humanos por remate. Los presos palestinos tienen acceso a asistencia médica, abogados, visitas de sus familias o de la cruz roja, se sobreentiende que Israel tiene la obligación de proporcionarles todos los derechos que establece la Convención de Ginebra. Los derechos humanos de un israelí en cautiverio, en cambio, hay que comprarlos liberando asesinos de a decenas o centenares y eso a tantos supuestos defensores de los derechos humanos no les molesta. Si un video de Shalit vale 20 palestinos ¿cómo continuará el remate? ¿una pierna de Shalit por cien palestinos? ¿cada brazo por 200? ¿cuánto por la cabeza? ¿quién da más, quién da más?

 

Fuente: Pensando Israel