Historia:

A 92 años de la Revolución de Octubre

Durante todo el siglo XIX, los zares mantuvieron a Rusia bajo un tipo de monarquía absoluta calificada como autocracia. Pero ya antes, los liberales de Rusia se habían constituido en un sector fuertemente crítico del poder zarista y de la injusticia social del país.

De hecho, en 1860, y bajo el reinado de Alejandro II, se puso fin al feudalismo y se aplicó una política reformista. Pero todas estas reformas eran insuficientes para sus opositores.

En 1881, el mismo día en que el zar moría víctima de un atentado, se aprobó una Constitución que llevaría a Rusia un régimen representativo. Pero los sucesores de Alejandro II (Alejandro III y Nicolás II) jamás aplicaron dicha Constitución y volvieron a gobernar bajo un régimen del terror.

Así, el Estado se mantuvo como una autocracia real, cuyo poder político era respaldado por el ejército y la burocracia. Nicolás II, que ascendió al trono de Rusia en 1894, creía que su poder venía de Dios y que debía ejercerlo sin ninguna concesión.

El 22 de enero de 1905(según nuestro calendario y 9 de enero, según el calendario juliano), una gran manifestación, que se reunió en Petrogrado (San Petersburgo) con el fin de pedir reformas al zar, fue disuelta a tiros por las tropas, produciéndose un millar de muertos. Esto fue lo que se conoció como la masacre del Palacio de Invierno o "Domingo sangriento".

La indignación en toda Rusia fue grande. Las huelgas y la violencia se propagaron, los obreros aprendieron a organizarse y los soviets (consejos obreros) cundieron por todo el país.

En octubre de 1905, el zar aceptó un manifiesto redactado por el ministro Sergei Yuliévich, conde de Witteo de Vitte (el "manifiesto de octubre"), que ofrecía otorgar libertades civiles y convocar a una Duma o asamblea elegida por el pueblo. Pero cuando las protestas populares disminuyeron, las reformas se detuvieron. La Duma no tenía ningún poder real y los derechos civiles nunca se hicieron realidad.

Entre 1906 y 1914, el zar intentó gobernar como siempre lo había hecho.

Para 1914, la autocracia coexistía con crecientes movimientos políticos de tipo conservador, liberal y socialistas, que esperaban reformas políticas.

Los dos estallidos revolucionarios de 1917 en Rusia supusieron el derrocamiento del régimen zarista y el establecimiento del primer Estado comunista de la historia. Estos acontecimientos son conocidos como la Revolución de Febrero y la Revolución de Octubre. En estas fechas, Rusia comenzaba su transformación de nación campesina en Estado industrial. El cambio social estuvo dirigido por un reducido grupo de revolucionarios, apoyados por una minoría de intelectuales y obreros.

Entre ellos no había pocos judíos. Muchos intelectuales y trabajadores de las ciudades se unieron al proceso revolucionario así como importantes masas de campesinos judíos. En ellos se había levantado la esperanza de acabar de una vez con los abusos, pogromos y genocidios zaristas que les culpaba de todos los males de la sociedad.

En la noche del 24 de octubre los bolcheviques se adueñaron de todos los lugares estratégicos de Petrogrado y al día siguiente se apoderaron del Palacio de Invierno, sede del gobierno.

Kerenski y sus ministros huyeron y el Congreso Panruso de los soviets autorizó a los bolcheviques a organizar un Consejo de Comisarios del Pueblo, que estaría a cargo del nuevo gobierno, con Lenin como Presidente. El gobierno alemán había prestado ayuda a este para que regresara de su exilio en Suiza, con la correcta presunción de que podría provocar confusión en los esfuerzos bélicos rusos.

El nuevo régimen anunció cambios radicales. Con gran rapidez se promulgaron los decretos que establecían el cese de las hostilidades en todos los frentes y el reparto de las grandes propiedades agrícolas. El poder local fue entregado a los soviets y comités populares.

Sin embrago, tras la toma del poder, los bolcheviques se encontraron muy aislados y con numerosos problemas.

El 8 de diciembre se celebraron elecciones para la Asamblea Constituyente, que se reunió el 18 de enero de 1918. Al día siguiente, el Consejo de Comisarios del Pueblo disolvió la Asamblea. Para julio, Rusia ya ardía en una sangrienta guerra civil.

Pronto se vería que la contrarrevolución no estaba desarmada. Los rusos blancos (oficiales zaristas, cosacos y elementos antibolcheviques), ayudados por fuerzas de potencias extranjeras (Inglaterra, Francia, Estados Unidos, etc.) se enfrentaron durante tres años contra el ejército bolchevique o Ejército Rojo, organizado por León Trotsky.

Los rusos blancos llegaron a controlar grandes sectores del antiguo Imperio Ruso, dejando a los rojos en el corazón del país, en torno a Moscú y Petrogrado. Para 1919, la supervivencia del nuevo Estado estaba en juego.

Los bolcheviques solo pudieron ganar la guerra al lograr imponer una dictadura brutal y militarizar tanto al partido como a la sociedad. Además, todas las fuentes potenciales de oposición fueron aplastadas sin piedad.

Cuando la guerra civil terminó, en 1921, el sistema político ruso se había transformado en un Estado totalitario de partido único, gobernado desde arriba por el Consejo de Comisarios del Pueblo, en sociedad con el Comité Central del Partido Comunista.

 

Imágenes de la Revolución de Octubre con el fondo musical de la sinfonía Nº 10 de Dmitri Shostakovich


 

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