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“Roncalli: el Papa que salvó judíos”

por
Baruj Tenembaum
Con ocasión del aniversario de fallecimiento del Papa Juán XXIII,
Baruj Tenembaum, de la Fundación Raoul Wallenberg, envió a AICA
(Agencia Informativa Católica Argentina) una nota en la que, con
el título “Roncalli: el Papa que salvó judíos”, traza un perfil
desconocido de Juan XXIII al que califica de “una de las figuras
humanitarias más trascendentes del siglo XX”.
“Angelo Roncalli -comienza diciendo Tenembaum- había nacido el
25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, cerca de Bérgamo, y
fue consagrado Sumo Pontífice en 1958. Entre ambas fechas
cumplió una vida dedicada al sacerdocio y, en particular,
durante el Holocausto, a poner en práctica los preceptos
bíblicos. En su carácter de representante papal en Bulgaria
intercedió ante el rey Boris a favor de judíos búlgaros y,
luego, ante el gobierno turco a favor de refugiados judíos que
habían escapado a Turquía. También hizo todo lo posible para
evitar la deportación de judíos griegos. Roncalli fue una de las
principales fuentes de información del Vaticano sobre la
aniquilación de millones de judíos en Polonia y Europa del
este”.
Luego señala las acciones que en homenaje al papa Roncalli
realizó en el país “a lo largo de los años la Fundación
Wallenberg, una ONG educativa fundada en la Argentina”. Esta
institución, detalla, “realizó numerosas iniciativas tendientes
a promover la figura y los hechos de monseñor Roncalli. Entre
otras, la acuñación de medallas conmemorativas; la emisión de un
entero postal; la organización del Comité Angelo Roncalli; la
participación en conferencias y foros internacionales; la
instauración del Premio Angelo Roncalli; la visita del cardenal
Walter Kasper, presidente de la Comisión Vaticana para las
Relaciones Religiosas con el Judaísmo, a la inauguración del
Jardín de Infantes "Monseñor Angelo Roncalli" en el barrio La
Juanita, en Gregorio de Laferrere y las investigaciones llevadas
a cabo para resaltar las acciones humanitarias del pontífice a
favor de personas perseguidas por el régimen nazi”.
“Desde el inicio de las campañas organizadas por la Fundación
Wallenberg -agrega- distintos intelectuales, Alicia Dujovne
Ortiz y Marcos Aguinis, entre otros, escribieron sobre el "Papa
Bueno". A este respecto cita un texto de Marcos Aguinis: A Juan
XXIII "se lo admira por lo mucho que realizó como Papa, pero es
escasa la información que se ha difundido sobre sus méritos
anteriores. En esos trabajos secretos y arriesgados se fogueó su
corazón. Atravesó lúgubres corredores que le enseñaron a ser
expeditivo y contundente. Conoció a los hermanos separados y
conoció de cerca a los judíos perseguidos. Los conoció tanto, y
comprendió de una forma tan vibrante la tragedia de su historia
milenaria, que escribió un poema en el que acusaba a los
antisemitas de portar la infame marca de Caín. Fue él quien
abolió la absurda acusación de deicidio e inauguró un diálogo
que no cesa de enriquecerse".
“Una nueva era en las relaciones de la Iglesia Católica con el
judaísmo se inauguró con el pontificado de Juan XXIII -dice
Baruj Tenembaum-. Se trató de una época marcada por la
comprensión y el entendimiento luego de siglos de denigración,
prejuicio y persecución religiosa. Las puertas del diálogo
interreligioso comenzaron a abrirse entonces y continuaron
abiertas durante el pontificado del Papa Juan Pablo II”.
“El 3 de junio de 1963 -concluye- pasó definitivamente a la
historia. Su nombre es un símbolo imborrable del amor por el
prójimo y un ejemplo perenne de coraje y puesta en práctica de
los valores más egregios de la humanidad”.
Fuente: Fundación Raoul Wallenberg
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