Los Misioneros y la salvación de mi alma


Tenía un vecino llamado Joe perteneciente a una secta cristiana con una fuerte inclinación misionera, orientada particularmente hacia los judíos. Le comenté el fuerte rechazo que me inspiran esos intentos de evangelizarnos. Joe me explicó que lo hacía por amor, ama tanto a los judíos que sólo quiere lo mejor para nosotros. Objeté que si nos amara tanto como el dice debería respetarnos, aceptarnos como iguales así como somos, en lugar de intentar cambiarnos. Joe me respondió con una analogía: al enfermo que no quiere recibir su medicina, su pariente que tanto lo ama, está en la obligación de hacer todo lo que esté a su alcance para convencerlo de que la tome. Lo mismo ocurre con mi alma, él sólo quiere salvarme, pues si no recibo a Jesús como mi salvador, mi alma arderá en el infierno por toda la eternidad.

De más está decir que Joe y su secta no me inspiran una gran simpatía. Algunas discusiones que tuve con otros miembros de la secta llegaron a tonos elevados. Conmigo la tienen doblemente difícil, antes de convencerme de que adore al "Hijo de Dios", primero tienen que convencerme de que hay siquiera un tal Dios que pueda o no tener hijos.

Es por eso que nuestras discusiones se parecían mucho a discusiones que había tenido mucho antes con religiosos judíos, rondando sobre los mismos temas: creación o evolución, la credibilidad del Tanaj (Antiguo Testamento) como documento histórico, la moralidad de una deidad que ordena perpetrar masacres, etc. Esa similitud me condujo a preguntarme a mí mismo, por qué Joe y compañía me disgustan tanto más que grupos proselitistas internos dentro del judaísmo, como los Jabad Lubavitch, que intentan acercar a los judíos laicos hacia la religión. Quizás sea injusto de mi parte, ¿acaso los Lubavitch no me desprecian de la misma manera que Joe? ¿acaso no se creen que saben mejor que yo en qué debo creer y cómo debo vivir?

Joe es una persona pacífica y obediente de la ley, incluyendo la ley israelí que prohíbe la actividad misionera dirigida hacia menores de edad. No puedo ni imaginármelo utilizando la violencia contra otra persona, la violencia no es su método de evangelización. Y sin embargo no deja de recordarme a la Santa Inquisición. Su razonamiento sigue siendo el mismo que el de antaño, sólo que la Inquisición lo tomaba un paso más adelante, forzando al paciente rebelde a tomar las medicinas contra su voluntad, llegando hasta las purificadoras y curativas llamas de la hoguera de ser necesario. Me recuerda también a Martín Lutero, convencido al principio de que él lograría convertir a los judíos al cristianismo, allí donde la Iglesia Católica había fallado. No digo que Joe se vuelva tan furibundo como Lutero al descubrir que él tampoco va a lograrlo, pero tras dos mil años de intentos fallidos, podrían empezar a darse por vencidos y a dejarnos en paz.

El argumento del misionero Lubabitch es totalmente distinto. No se trata de salvar mi alma inmortal. Para el judaísmo no hace falta que una persona adopte la religión judía para ir al paraíso, toda persona es juzgada en el mundo venidero según sus acciones independientemente de su religión, alcanza con haber sido una buena persona (que el Rab Kanievsky me corrija si me equivoco). Ni siquiera se trata de salvarme a mí individualmente, no es mi propio bienestar lo que está pidiendo, sino el suyo. El día que todos los judíos seamos justos y cumplamos con los preceptos, me dice, llegará el Mesías y todos viviremos mejor. En cambio, cuando algunos judíos se alejan de Dios y sus preceptos, todos los judíos son castigados. Es decir, mis acciones, más que afectar a mi bienestar personal en el más allá, afectan al bienestar de todo el pueblo en el aquí y ahora. Aunque no sea creyente, esa es una de las cosas que me gustan del judaísmo, el énfasis en la responsabilidad colectiva, comunitaria, nacional.

Tanto Joe el misionero, como el misionero Lubavitch me subestiman y quieren transformarme en algo que no soy, pero con el misionero Lubavitch, a pesar del abismo que nos separa, siento que al menos todo queda en familia.

 

Fuente: pensandoisrael