LA TRAGEDIA DETRÁS DE UN SECUESTRO

 

por Eduardo Hadjes Navarro

 

 

 

La familia Shalit, era como una de tantas de lo que es la población de Israel. Con los comunes problemas, inquietudes y anhelos de todos. Con sus penas y alegrías. Llegó el momento que el hijo, Ghilad,  estuvo en edad de ingresar al ejército y, lógico, no dudó en cumplir con su deber. Era lo natural,  correcto y adecuado.

 

Efectuó su entrenamiento, acorde a las siempre urgentes necesidades de Israel, dada la agresividad y animosidad de sus vecinos. Hubo que ir a cuidar la frontera sur y, también esto pasó a ser una cosa normal y rutinaria.

 

Llegó un día cualquiera de Junio de 2006 y este soldado, anónimo, desconocido y sin ninguna notoriedad especial, recibió la orden de patrullar la frontera con  Gaza, tan convulsionada con los permanentes ataques que los terroristas de Hamás, efectuaban sobre la población civil, ensañándose especialmente con Sderot.

 

Nada hacía suponer a este joven israelí, como designios macabros, planificaban trastocar su vida, de suerte que se puede garantizar, nunca volverá a ser lo de antes.

 

Ghilad Shalit es secuestrado en una emboscada de los “mujaidines de Ezzedin al Qassam”, brazo armado de la Autoridad Nacional Palestina, la misma que tiene al “pacifista y conciliador” Mahmoud Abbas como Presidente.

 

Israel se conmueve y la noticia adquiere rápidamente notoriedad. Las comunidades judías del mundo, se estremecen ante tan lamentable noticia. Los organismos internacionales, especialmente los comprometidos con la defensa de los Derechos Humanos, guardan un ominoso silencio, negándose a interceder en forma real, en busca de la libertad de éste joven, cuyo único pecado fue cumplir con su deber, tratando de resguardar a niños, mujeres y ancianos, en su intento por desarrollar su vida en forma normal, libre de los sobresaltos típicos de ataques terroristas, en sus hogares, colegios, hospitales, etc.

 

Total, ¿a quién le puede interesar la vida de un soldado israelí? Se comprende que si se tratara de un terrorista palestino el secuestrado, la cosa cambiaría. En pocos días, la Asamblea de la ONU y su corte de organismos especializados, ya habrían condenado a Israel en la forma más enérgica imaginable.

 

Más de 3 años han pasado desde tan fatídico día. Una familia sufre un martirio indescriptible. Sabe que su hijo llena de gloria a un pueblo entero. Sin saberlo y, menos quererlo, pasa a ser una de las cosas más importantes en la nación toda, la cual sufre y se desespera, viendo como la falta de noticias, debe llenar de angustia tanto a los israelíes, como  a padres como tu o yo, con el tremendo dolor de no saber como ni donde se encuentra su amado hijo.

 

Estoy seguro que nada de esto logrará mitigar el dolor de esos padres que deben encontrar pocas las 24 horas del día, para pensar y sufrir el destino que a alterado de tal manera su hogar. Un abrazo sin abrazado. Un beso sin destinatario. Una caricia sin dueño. ¿Estará vivo? ¿Habrá comido hoy? ¿Con qué lo estarán atormentando en este mismo instante? ¿Cómo puedo yo vivir si no si él aun respira? No me cabe duda que estas y muchas otras preguntas como estas, se deberán formular esos desesperados padres, en una angustia que no le deseo ni a mi peor enemigo.

 

Aquí vemos la insalvable diferencia entre quienes vivimos y luchamos por la vida, considerándola un don sagrado y maravilloso que Dios nos ha regalado y aquellos que crían y educan a sus hijos para la muerte, el odio y la destrucción, enseñándoles, desde su más tierna infancia, que no existe mayor gloria que inmolarse, llevando de paso, la vida del máximo posible de sionistas en su camino a la gloria de Alah.

 

Finalmente, un rayo de esperanza se vislumbra en el camino. Los secuestradores, hacen llegar un video de tan sólo 2 minutos, en que muestra a nuestro querido Ghilad, vivo y en aparente buenas condiciones. Dice haber sido tratado “en forma excelente” y porta en sus manos un ejemplar del 14 de Septiembre del periódico Hamas Falastin.

 

Se comprende que estos dos minutos de esperanza, no son gratuitos. Israel debió liberar a 19 prisioneras palestinas, recluidas en la cárcel Ha-Sharon, ubicada al Norte de Tel Aviv. Que enorme e increíble desproporción: dos minutos de ilusión, a cambio de 19 mujeres, debidamente juzgadas y condenadas, luego de haber sido encontradas culpables.

 

Claro que esta desproporción, no nos debe sorprender. En oportunidades anteriores, Israel ha debido liberar miles de terroristas palestinos por un soldado o  un cadáver de un soldado israelí. Nueva muestra de la diferencia de la cultura de la vida y la de la muerte. Mientras para Israel, la vida de uno de sus soldados es sagrada, e incluso su cadáver también lo es, para los dirigentes palestinos, con dolor comprobamos que su propio pueblo, carece absolutamente de importancia.

 

Es frecuente ver, no sólo en la Operación “Plomo Fundido”, sino que desde siempre, que los terroristas de Hamás, Hizbollá y tantos otros, usan civiles, de preferencia mujeres y niños, como escudos humanos, logrando de esta manera, transformar a los soldados israelíes en violadores de la vida de estos civiles, mientras ellos, los verdaderos culpables, disfrutan tranquilamente de los cuantiosos donativos que llegan a sus manos, para “solventar las necesidades del pobre pueblo oprimido”.

 

 Ahora viene la gran pregunta, que en realidad será mucho más que una sola:

 

¿Logrará esa madre volver a abrazar a su hijo bienamado? ¿Volverá a decir “Te quiero” ese padre angustiado y desesperado, especialmente ahora que un rayo de esperanza alumbra su ilusión? ¿Será liberado Ghilad con vida?

 

Recordemos que el último canje que efectuó Israel, con Hizbollá, entregó dos mil prisioneros, incluidos varios con las manos rojas de sangre inocente, a cambio de lo que en definitiva fue un cadáver.

 

No quiero ser pesimista. Lejos de eso, ruego a Dios fervientemente y creo que todos los judíos, éste Shabat, al elevar nuestras oraciones al Kadosh Barujú, debiéramos rogar por Su misericordia, de manera que Ghilad sea entregado vivo y sano a su familia, pero tratándose de terroristas, nada me sorprende, especialmente cuando saben que salvo los judíos mismos y uno que otro personero de mayor o menor connotación, nadie los condenará cualquiera que sea el fruto de su demencial actuar.

 

Que lástima que en estos dos últimos años, Israel, tratando de fortalecer a Mahmoud Abbas, ha liberado casi cinco mil prisioneros palestinos “como muestra de buena fe” a cambio de nada y sin obtener resultado alguno. Aun no sabemos cuantos miles de terroristas y delincuentes palestinos serán solicitados a cambio de Shalit. ¿Tendrá Israel suficientes prisioneros como para satisfacer la sed insaciable de Abbas y su camarilla?

 

Pobre pueblo palestino que debe soportar tales dirigentes y,  prepárense para recibir como héroes a tanto delincuente que, al estar nuevamente libres, tratarán desesperadamente de recuperar el tiempo perdido, robando lo que sea, a quien sea, sin miramientos de ninguna especie.

 

Espero que finalmente, no culpen también de esto a Israel y, Dios mediante, mi próximo comentario pueda versar sobre la alegría de tener a Ghilad Shalit de vuelta en su casa, disfrutando del amor y cariño de sus padres y de todos los hombres de bien.   AMEN