SHOLEM ASCH

Máximo exponente de la literatura judía y universal
A 50 años de su fallecimiento


por Israel Laubstein


Hace medio siglo, el 10 de julio de 1957, fallecía en Londres Sholem Asch, el prosista más conocido de la moderna literatura en idish hasta ese entonces que, con sus obras traducidas a numerosos idiomas, llegó a ser considerado, en un determinado momento de su larga carrera literaria, como uno de los más serios candidatos al premio Nobel de Literatura.

Nacido en Kutno, pueblo situado en las cercanías de Varsovia, el 1° de noviembre de 1880, fue uno de los diez hijos de una familia ortodoxa cuyo padre era un comerciante de ganado y posadero.

Recibió una tradicional educación judía hasta que su vocación literaria, que inicialmente lleva a cabo en hebreo, lo contactan con escritos de Moisés Mendelssohn, el portavoz máximo del movimiento iluminista judío (Haskalá), cuyos preceptos lo impulsan a lograr una mayor instrucción que el mundo cultural de aquel entonces le ofrecía. Y siendo un joven adolescente se traslada a la ciudad de Woclawek para continuar con su educación, mientras se gana la vida escribiendo la correspondencia para los judíos iletrados de la ciudad. Posteriormente se dirige a Varsovia, el centro de la literatura judía en Polonia, donde estrecha vínculos con los escritores Abraham Reizen, David Nomberg y Jacob Dinenzon que contribuyen en su formación. Allí se relaciona con Matilde, la hija del escritor judeo polaco M. Shapiro con quien se casa en 1903.

Cuando le muestra a Itzhak Leibush Peretz sus primeros escritos, merecen del referente máximo de la literatura judía en idish, el siguiente comentario: El fuego se transforma en ceniza, pero de esta ceniza tendremos fuego; (asch en idish significa ceniza) y aconsejado por él, Sholem Asch inicia una prolífica y relevante carrera literaria en idish.

Sus primeros intentos son narraciones costumbristas que aparecían publicados sistemáticamente en diversos periódicos comunitarios de Varsovia. Abarcó todos los géneros literarios conocidos: las narraciones cortas y extensas y las novelas de carácter realista, destacándose en las de carácter histórico, donde fue un verdadero precursor.

Con A Shtetl (poblado pequeño) y su primera obra teatral escrita como novela, Mitn Shtrom (Con la corriente), escritas en 1904, Sholem Asch logra reconocimiento del cada vez más creciente público lector, que incrementa cuando comienza a aparecer como columnista del afamado diario judío neoyorquino Forverts, cuyo jefe de redacción era el legendario Abraham Cahan, una relación que se prolonga por casi 30 años.

Su ruta literaria abarca varias etapas: la primera se centra en la descripción del villorrio judío con el poema A Shtetl y culmina años más tarde con Reb Schloime Noguid (Reb Schloime, el opulento) donde además de evocar los encantos del pueblo provinciano, nos da una versión libre de su niñez. Es el poeta y cuentista inigualable de la vida patriarcal, de héroes modestos y humildes de un mundo singular en un proceso de lenta decadencia. Pero paralelamente Asch comienza a incursionar en temas que tienen lugar en los centros urbanos, hacia donde las jóvenes generaciones se dirigen buscando nuevos horizontes. La producción literaria que publica a partir de 1907, 1908 hasta 1914, se ubica casi exclusivamente en ciudades polacas y rusas donde la vida de las masas judías es descripta en detalle. También en ese período incursiona en el género dramático. La obra más conocida y controvertida fue Got fun Nekome (Dios de la Venganza, 1907), un drama que tiene lugar en un burdel cuyo dueño es judío, y donde describe una relación lesbica. Obra exitosa en los escenarios teatrales en Rusia, Polonia y Alemania, pero que, cuando fue
representada en Broadway en 1923, fue calificada como obscena, lo que condujo al arresto de todo el elenco y posterior procesamiento de los directivos del teatro.
La migración hacia donde se dirige la Diáspora judía motiva su apertura hacia el mundo y a la historia judía, concretada en una actividad literaria que Asch traduce en obras de gran belleza, contenido social y filosófico.

Asch rara vez reside mucho tiempo en un mismo lugar. En un permanente peregrinar, visita su país natal, Polonia, o vuelve a Francia, o reside en los grandes centros judíos de los EE.UU., viaja a España, Italia, Palestina, la Unión Soviética, a todo lugar donde haya vida judía.
Visita a Palestina en 1908 y luego los Estados Unidos donde fija residencia definitiva a partir de 1914 y permanece allí durante toda la 1° Guerra Mundial, obteniendo su ciudadanía en 1920. En Nueva York escribe en 1917 Motke Ganev ( (Motke el Ladrón), un controvertido tema del bajo mundo judío varsoviano con sus oscuros personajes y siniestras actividades, y en 1918 Onkel Mozes (Tío Mozes) donde aborda la vida judía en una ciudad americana.

En España hurga archivos en búsqueda de materiales históricos que le inspirarán novelas como La Hechicera de Castilla (1921) donde relata la opción de una muchacha judía que elige la muerte en defensa de su fe, y crónicas artísticas como Cartas de España.
Ya en 1919, Asch había comenzado a abordar la historia del martirologio judío en su libro Kidush Hashem (Los Mártires de la Fe), con las terribles matanzas de judíos ocasionadas en 1648-49 durante el levantamiento encabezado por Jmelnitsky (hoy héroe nacional) en Ucrania y Polonia. Elige este relato histórico, impresionado por las decenas de miles de muertes e incendios de centenares de poblados judíos en Ucrania en 1918-1919, llevadas a cabo por las hordas criminales encabezadas por Simón Petliura y el general Denikin en su guerra contra el gobierno surgido de la Revolución Rusa.

Después de la guerra retorna a Polonia y luego a Niza, Francia, donde escribe en 1929-31 su famosa trilogía Farn Mabl (Antes del Diluvio), traducido al inglés como Tres Ciudades que aborda la vida judía de las primeras décadas del siglo 20 en San Petersburgo, con la clase acomodada judía casi asimilada, la Varsovia anti zarista y el acceso bolchevique al poder en Moscú. Una obra que recibe los mayores elogios de la crítica y pasa a ser seria candidata para el premio
Nobel. Continúa con la serie de escritos históricos con Baym Opgrunt (Al Borde del Precipicio, 1937), mostrando a Alemania durante la hiperinflación de la década del 20, y Dos Guezang fun Tol(La Canción del Valle, 1938) donde describe la labor pionera de los jalutzim en Palestina.
Exitoso escritor en vida, es galardonado en 1932 con el Premio Polonia otorgado por la
República Polaca, siendo elegido simultáneamente presidente honorario del Idish PEN Club. La sensibilidad judía se siente agredida con la trilogía que escribe entre 1939 y 1949, que aborda temas del Nuevo Testamento. En 1939, en la plenitud del poder hitleriano, publica Der Man fun Natseres (Jesús de Nazaret), una voluminosa novela histórica basada en la vida de Jesús, a la que siguen dos libros de calidad menor: Der Apostol (El Apóstol, 1943) referente al apóstol Pablo
y seis años más tarde, Miriam (María). Este cambio temático produjo un fuerte shock en los devotos lectores de Asch, mientras observaban como la trilogía se ubicaba al tope de los best séller en América, ayudada por el elogio entusiasta que tuvo en relevantes medios intelectuales y críticos literarios de Nueva York.

Cuando en 1938 envió el primer capítulo al Forverts, Abraham Cahan lo rechazó airadamente, diciéndole que debía interrumpir su escritura. Asch rehusó hacerlo, y Cahan se embarcó en una campaña de desprestigio, cortando una relación de 30 años. Otros diarios judíos se unieron en esta actitud y de este modo, el referente máximo de la literatura judía de entonces, encontró cerrado el acceso a los diarios que catapultaron su notable carrera como escritor. Solo pudo seguir
escribiendo en el diario comunista judío Freiheit.

Sin entrar en la polémica posición teológica que Asch detalla en su libro;Mis creencias, que la editorial Israel de la Argentina editó en 1946 de la versión inglesa titulada; What I Believe, su consideración que el judaísmo y el cristianismo tienen una herencia común, son afirmaciones que hoy ya no sorprenden a nadie. Muchos de los defensores de su postura sostenían que lo que realmente buscaba era el apoyo y la reconciliación con el mundo cristiano para enfrentar la hecatombe que amenazaba la continuidad judía en Europa. Además fue voz corriente que sus más acérrimos críticos ni siquiera leyeron con atención esta polémica trilogía.

En 1950, al cumplir 70 años, retoma los temas judíos, anunciando una planeada novela histórica acerca de Moisés que edita en 1951. Pero el alejamiento con su público lector ya no pudo ser revertido, y una agresión de extremistas judíos lo motiva a emigrar a Israel, fijando su residencia en Bat Yam, un suburbio de Tel Aviv, donde escribe su último libro El Profeta (1955) que trata la personalidad del profeta Isaías.

De acuerdo con su expreso pedido, su casa en Bat Yam ha sido transformada en el Museo Sholem Asch, pero la mayor parte de su biblioteca conteniendo libros en idish de gran valor, incluyendo los manuscritos de algunos de sus propias obras, se encuentran en la Universidad de Yale.



Fuente: Espacio Convergencia