Shpilkes
Decía Karl Menninger que durante una discusión,
los irlandeses arrojan piedras, los italianos,
cuchillos y los judíos, palabras.
Si
esas palabras que arrojan los judíos son
maldiciones, están haciendo algo severamente
vedado por la Biblia y el Talmud, pero esos
libros sagrados se refieren sin duda a quien se
atreve a hacerlo en hebreo (el lashon hakodesh =
el idioma sagrado). Pero no es el caso de las
maldiciones pícaras, elaboradas, a menudo
tiernas incluso, pronunciadas en la maternal
lengua ídish, maldiciones que por supuesto no
pueden causar daño a nadie y que además forman
parte de lo más sabroso del folclore judío.
Pero lo importante es que quien maldice en ídish
lo hace a sabiendas de que De una maldición
no se muere y de una bendición no se vive,
de que Ni maldiciendo ni riendo se puede
cambiar al mundo y finalmente, que Una
maldición no tiene pies ni es un telegrama, no
llega tan pronto."*
Son muchísimos los ejemplos de este arte de
maldecir, pero les dejo algunos ejemplos para
compartir:
Que se te caigan todos los dientes menos uno, y
que ése te duela.
Que D's te envíe, de las diez plagas, la mejor.
Que D's te mande un tonto y que no puedas
sacártelo de encima.
Que ganes un millón de dólares en la lotería y
te los gastes todo en médicos.
Que te acuestes a dormir en tu cama y te
despiertes entre tus tatarabuelos.
Que seas muy rico, el único rico de toda tu
familia.
Que te transformes en una lámpara: que cuelgues
de día y ardas de noche.
Que tengas cien casas, en cada casa cien
cuartos, en cada cuarto veinte camas, y que las
convulsiones te arrojen de cama en cama.
Que te vuelvas tan rico que el marido de tu
viuda nunca tenga que preocuparse por el
sustento.
Que tengas un negocio enorme, repleto de
mercadería; que no te pidan nada de lo que
tengas y que no tengas nada de lo que te pidan.
Que tengas una picazón donde no puedas rascarte.
Que tragues un paraguas y se te abra en el
vientre.
Que te hagas famoso por tu hospitalidad con las
criaturas de D's: pulgas, ratas, piojos,
chinches y gusanos.
Que mis enemigos tengan tantos granos en el
trasero como maldiciones puedo anotar todavía.
Fuente:
yojudio.blogspot.com/
Extraído de Shpilkes, de Eliahu Toker.
