“Israel, simplemente Israel”

por Eduardo Hadjes Navarro

Queridos amigos de ANAJNU, en Chile y JAI, en Uruguay, amigos todos, ¿se han fijado que algo asombroso está sucediendo en el mundo musulmán y su difusión en el mundo occidental?

No me refiero directamente a la “Primavera árabe” que ya está próxima a entrar al invierno, aun cuando sí está relacionada con ella.

Ya no hay asesinatos, sólo muertos. Ahora, 60 + 40 +35= 28. En vez de ser asesinados civiles, mujeres y niños inocentes, se computa únicamente el número total de víctimas, de acuerdo a la suma que antecede. El brutal y sanguinario linchamiento de Jaddafi, digno de la más auténtica barbarie nazi, tan sólo es una muerte.

Aun cuando la lista de “anormalidades” es mucho más larga, quedaremos hasta aquí, para tratar de explicar a que me estoy refiriendo.

Durante 63 años, nos hemos acostumbrado que cada vez que leemos o escuchamos a los medios de comunicación, describir la muerte de musulmanes, especialmente palestinos, se destaque que ellos “fueron asesinados”. Claro que, como se comprende, estas muertes han sido causadas directamente por soldados pertenecientes al “más pérfido y sanguinario país que registran los anales de la historia universal” Ustedes ya entendieron que se están refiriendo al “ente sionista” vulgarmente conocido como Israel.

Aun cuando en sus inicios, los democráticos y queridos gobernantes musulmanes, atacados por su propio pueblo, trataron de culpar a un complot sionista, como instigador de dichas protestas, luego ello se desechó ya que resultaba tan absurdo, que no resistía ni siquiera la cínica dialéctica de quienes lo emitían.

Desde Mayo de 1948, los únicos que “asesinan” son los israelíes. En el resto de las oportunidades, simplemente, “mueren” No creo que sea necesario aclarar la gran diferencia en el mensaje subliminal que ambas palabras transmiten.

Si Israel, por los motivos que sea, se ve obligado a atacar a terroristas de la Franja de Gaza, por ejemplo, en la Operación Plomo Fundido y, efecto de dicho enfrentamiento, el primer día mueren 4 palestinos, al segundo, son 8 y al tercero 3, las noticias nos informarán que cerca de 50 palestinos fueron asesinados por los soldados israelíes, en su mayoría, civiles inocentes, incluidas mujeres y niños. Incluso, se podrá agregar mujeres embarazadas o con guaguas amamantando.

En la actualidad, si el gobierno sirio, mata el primer día a 60 civiles (incluidos mujeres y niños). El segundo 40 y el tercero 35, el informe oficial, nos indicará que las fuerzas de orden, leales al gobierno democrático se vio obligado a reprimir y, resultado de ello, fueron eliminados 28 revolucionarios que intentaban desestabilizar a Al Assad. Sólo si se equivoca el periodista, se podrá mencionar que pudo haber algún niño entre medio de esa turba de provocadores que querían alterar la tranquilidad de los ciudadanos, lo cual, el gobierno no permitirá.

De esta manera, al día de hoy, se registran tan sólo 3.500 agitadores fallecidos, producto de su actuar irresponsable y repudiable, frente a un gobierno ejemplar. Se comprende que en esta cifra, se incluyen valientes soldados, defensores de la patria.

¿Les cuento una novedad? Los inteligentes e ilustrados gobernantes de Rusia y Turquía, están sospechando que si la cosa sigue así, Siria podría caer en una guerra civil.

Por suerte Assad no ha llegado al cinismo de Jaddafi, quien, al inicio de la revuelta que terminó en forma tan bárbara e increíble, independiente de la calidad moral del gobernante, declaraba enfáticamente, que a él no le pasaría nada ya que el pueblo libio saldría en masa a defenderlo, ya que lo amaba, no importando dar sus vidas para ello.

Tal amor, se transformó en una sanguinaria guerra civil, producto de la cual y acorde a las matemáticas ya descritas, murieron tan sólo unas 30.000 personas, lo que no ameritó protesta alguna.

¿Cuántos fueron realmente los muertos? ¿A quién le puede interesar realmente, si bajo ninguna circunstancia se podrá culpar de ello a los sionistas e Israel? ¿Había civiles entre ellos, incluidos mujeres y niños? Por favor, amigos míos, no sean majaderos si ustedes ya saben el por qué eso, en estas circunstancias, carece de importancia.

¿Podemos hablar un poco sobre la manera increíblemente cruel en que fue ajusticiado Jaddafi? Por si a alguien le llama la atención, le recuerdo que con la misma crueldad, terroristas de Hamás lincharon a soldados israelíes, en la Franja de Gaza y el mundo ni se inmutó. Las Naciones Unidas guardó silencio, las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos miraron al otro lado y no vieron nada aun cuando no era de noche.

¿Creen ustedes que se puede esperar mucho de individuos que actúan con tal ensañamiento, tomando la justicia en sus propias manos, al actuar con tal crueldad en la ejecución inmediata de Jaddafi?

Se comprende que de ninguna manera pretendo defender a este asesino. Sabemos de su refinamiento en su perversidad y todo lo que haya sufrido antes de expirar, lo tenía muy sobradamente merecido, pero, de ahí a justificar un linchamiento así, en pleno siglo XXI, existe una brecha insalvable.

¿Por qué se habló, comentó y, sobre todo, criticó tan poco esta barbarie inaudita e inimaginable? A mi juicio, la respuesta es una sola: los terroristas del Islam se acostumbraron a actuar con dicha crueldad en sus inicios y, al ver el silencio del mundo occidental ya que sólo lo practicaban en sus atentados contra judíos, se creyeron con el legítimo derecho a hacer lo que estimen necesario, en el momento que lo crean oportuno y, simplemente, sus decisiones son sagradas.

Mientras la cobardía de los civilizados occidentales se lo permitió, ellos siguieron actuando en consecuencia y, cuando los afectó a ellos y trataron de pararlos, se dieron cuenta que ya era demasiado tarde.

Como me gustaría, a estas alturas del presente comentario, que todo lo que he expuesto, fuera una mera elucubración mía, carente absolutamente de realidad y objetividad. Que desgracia que, sin embargo y, pese a mis deseos, todo es real y es tan sólo un mero reflejo de la injusticia e inequidad con que el mundo enfrenta todo lo que tenga que ver con las relaciones entre Israel y los palestinos.

Mientras el mundo no comprenda que no se puede continuar con este doble estándar, deberemos irnos acostumbrando que cosas como estas se transformarán en algo rutinario, logrando que el terrorismo islámico se desboque a límites inimaginables y ahí, todo intento por revertir tal actuar, será vano.

 

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