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Historias no contadas de soldados judíos soviéticos
Soldados judíos en el Ejercito Rojo Varsovia. Foto Yad Vashem por Pablo Berger El 9 de mayo de 1995 — 50 años después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial — se pudo ver, entre la multitud reunida para esta celebración en Rusia, en una ciudad del interior, a un veterano de guerra que tomaba una cucharada de agua recogida en un charco.
Quién contó
esta historia se había olvidado de él hasta que lo vio
en una exposición sobre los veteranos de guerra judíos
de la ex Unión Soviética: "La vida de la Gran Guerra
Patriótica : Las historias no contadas de soldados
judíos soviéticos en el Ejército Rojo durante la Segunda
Guerra Mundial" en Nueva York. El nombre que recibió en
la Unión Soviética esta sangrienta guerra librada contra
Alemania fue “La Gran Guerra Patriótica” que comenzó con
la invasión nazi en 1941. Setenta años después, el
número impresionante de muertos y heridos aún están
siendo revisadas. De acuerdo con esta exposición, 30
millones de ciudadanos soviéticos fueron soldados
voluntarios o fueron reclutados por el Ejército Rojo. Al
terminar la contienda, unos 26 millones de personas
murieron y decenas de millones más fueron heridos. Las
ciudades y los hogares fueron destruidos y familias
enteras fueron aniquiladas. Se estima que de los 500.000
Judios que sirvieron en el Ejército Rojo, solo
regresaron unos 300.000. Chervinksy dijo que siempre ha sido un estereotipo en Rusia que los judíos no tuvieron ningún papel en la guerra. Se dice de ellos, muy despectivamente que "lucharon en la guerra en Tashkent" - cerca de un millón de judios pasó la guerra en la relativa seguridad de Asia Central - o que fueron asesinados tres millones de judíos en territorio soviético durante el Holocausto, . "Nos dimos cuenta de que hay una historia muy importante sobre los veteranos judíos, es un tema que no ha sido abordado por los estudios del Holocausto", dijo Chervinsky. El Archivo Blavatnik comenzó a recopilar historias orales de veteranos judíos en 2006. Se han reunido más de mil entrevistas en video de diez países y recopilado y archivado digitalmente fotografías y cartas. A primera vista, la exposición, que presenta una parte de estas historias, es abrumadora. Alineados en una sola habitación de la Galería de Arte Weill hay una docena de grandes marcos que contienen las fotografías de los veteranos junto a textos densamente poblados. Las historias de los veteranos están bien y se requiere una gran concentración para recorrer la exposición. Lo que las hace más accesibles es un video de 15 minutos con fragmentos de las entrevistas proyectadas en una pantalla de televisión. En la película, Vladimir Ilich Nemets recuerda haber visto volar el algodón de los sacos de los soldados que corrían delante de él, cuando caían muertos a tiros. Dora Motelevna Nemirovskaya recuerda el “tchok-tchok-tchok” de las explosiones por el fuego de los francotiradores a su alrededor mientras luchaba por vendar una terrible hérida de estómago. Aunque el antisemitismo era raro en las trincheras, Chervinsky dijo que muchos de los soldados judíos sintieron que tenían que luchar y actuar más valientemente "para que nadie dijera 'Es un cobarde judío '" Ella contó que los veteranos judíos también decían que ellos tenían " una deuda más grande que saldar con Hitler " después de que descubrieron lo sucedido en el Holocausto. Pero en su mayor parte, el judaísmo jugó un papel secundario en las identidades de los veteranos judíos soviéticos. A menudo, en la exposición, los elementos más llamativos de sus historias no son los judíos, y si los universales - como por ejemplo el sinsentido y el azar de la guerra. En un panel de pared, Ilan Yakovlevich Palat recuerda cómo, después de ser herido en el tobillo fuera de Jarkov, fue arrastrado fuera del campo de batalla. Su compañero lo puso en una casa y colgó una de sus botas en una de las ventanas para alertar a quien pasara por allí que había alguien adentro. En las primeras horas de la mañana Palat escuchó acercarse a alguien."Tenía mi pistola preparada, dos cartuchos: Una bala para él, la segunda para mí", recordó Palat. El desconocido resultó ser una mujer local que puso Palat en la parte de atrás de un carro y lo llevó a un hospital cercano.
Palat, que
vino de la región judía de la Union Soviética,
Birobidzhan, dijo: “De 44 de nosotros, sólo tres
regresaron. Uno regresó sin su pierna izquierda, otro
sin su brazo derecho y yo me volví con muletas. Y así,
la exposición continúa, con una sucesión atrapante, de
relatos de primera mano - de la traición y las
atrocidades, de pequeños actos de bondad y
estremecedores ejemplos de valentía, de camaradería y
terror
Fuente:
forward / Milim Cultural |
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