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La lista de Sousa Mendes, el “Schindler portugués”
Arístides de Sousa Mendes fue un diplomático portugués que tuvo la mala suerte (o buena, depende como se mire) de estar asignado al consulado de su país en Francia, justamente cuando ésta fue ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que Portugal se mantuvo neutral en el conflicto, Arístides desde su despacho y aprovechando su cargo diplomático ayudó a huir a más de 30.000 refugiados y judíos, de hecho salvó más personas que el mismo Oskar Schindler. Aquí su historia.
Arístides
Sousa Mendes nació en la región de Beira, Portugal, el 9
de julio de 1885 en el seno de una familia aristocrática
y acomodada, con muy buenos vínculos políticos. De
hecho, su padre había sido juez en la Corte Suprema y su
tío ministro de Relaciones Exteriores en la década de
1930. Al poco tiempo de casarse empezó su carrera diplomática, la cual lo llevó a desempeñarse por varios países del mundo como Zanzíbar, Kenia, Brasil y Estados Unidos, lugares donde también nacieron algunos de sus hijos.
En 1931 fue
asignado a Amberes, Bélgica, donde desempeñó la mayor
parte de su carrera y su empeño en la promoción de
Portugal no pasó desapercibido pues el mismo Leopoldo
III de Bélgica le condecoró en dos ocasiones. Luego de
casi una década de dedicado servicio en este país,
Arístides fue enviado al consulado de Burdeos en
Francia.
Al
producirse la invasión de Francia por parte de las
tropas nazis, llegaron huyendo hasta Burdeos
periodistas, intelectuales, artistas y políticos
franceses que se habían manifestado contra el fascismo y
familias enteras de judíos perseguidos. Alrededor de
30.000 refugiados, entre ellos 10.000 judíos se
congregaron frente al consulado portugués tratando de
obtener un visado que les permitiera salir de Francia.
En ese tiempo, para los que no tenían dinero para un
viaje en barco, la alternativa era Portugal, pues en los
puestos fronterizos españoles se permitía el paso a
quienes tuvieran visados portugueses. Pero la orden del
presidente portugués Antonio Oliveira Salazar era
terminante: “no debían emitirse visados a judíos ni a
otras personas indeseables”. “Mi gobierno rechazó todas las solicitudes de visados, pero no puedo dejar que toda esta gente muera. Nuestra constitución dice que la religión o la nacionalidad del hombre no pueden ser usadas en su contra. He decidido actuar según este principio. Voy a conceder visado a todo aquel que lo solicite, e incluso si me despiden por ello, no puedo actuar sino como católico y según lo que me dicta mi conciencia”.
Con la ayuda
de sus hijos y sobrinos así como con la del rabino de
Amberes, Jacob Kruger, se dedicó a expedir pasaportes y
firmar visas ininterrumpidamente. Al recibir un llamado
de atención desde Lisboa, dijo: “Si tengo que
desobedecer, prefiero que sea a una orden de los hombres
antes que a una orden de Dios.”
Entre el 16
y el 18 de junio, mientras los aviones alemanes
bombardeaban Burdeos, Arístides Sousa Mendes concedió
2.862 visados según consta en los registros. Siendo escoltado de regreso y todavía en suelo francés, pasaron el 20 de junio por el consulado portugués en Bayona. Allí Arístides volvió a ver a cientos de personas apiñadas a las puertas del consulado. Ello le recordó las escenas del suyo en Burdeos, y aunque se encontraba solo de paso, entró a la oficina y, haciendo caso omiso de las objeciones del cónsul local, le ordenó emitir de inmediato visados a todos los solicitantes. Él mismo los estampó agregando con su propia letra: “El Gobierno de Portugal solicita amablemente al Gobierno de España permitir al portador de este documento cruzar España libremente. El portador es un refugiado del conflicto en Europa y está en camino a Portugal”. Después de proveer a los solicitantes el tan buscado documento, los acompañó personalmente al puesto fronterizo de Irún (País Vasco) y se aseguró que lo cruzaran sin incidentes ya que desde Portugal habían invalidado aquellos pasaportes. Gracias a la lentitud de los medios de la época para comunicarse, los guardias de la aduana española todavía no habían recibido la orden desde Madrid de prohibirles la entrada, y no tuvieron más remedio que dejar pasar a todos los refugiados que acompañaban al antiguo cónsul para continuar en dirección a Portugal.
Al regresar
a Lisboa, Aristides de Sousa Mendes sufrió las
represalias del dictador Antonio de Oliveira. Fue
obligado a abandonar su carrera diplomática e incluso le
impidieron que ejerciese la abogacía. Hasta su licencia
para conducir, que había sido emitida en el extranjero,
le fue requisada. Esto lo dejó en la indigencia e
incapacitado para mantener a sus 14 hijos. Sousa Mendes llegó a emitir más de 30.000 visados para los refugiados y judíos víctimas de la persecución nazi. Entre las personas que se beneficiaron de sus visas humanitarias constan personalidades como Otto de Habsburgo, hijo del último emperador de Austria-Hungría, Salvador Dali y Gala Eluard Dali, y hasta varios integrantes de la familia Rothschild, si, la de los banqueros. La mayoría de judíos que lograron cruzar los Pirineos y España en el verano de 1940 y que lograron llegar a la frontera portuguesa, lo hicieron gracias a este hombre.
Fuente:
eSefarad
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