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El intento de suicidio de Europa
por Rubén Kaplan En octubre de 2004, la Comisión Europea, en una controvertida medida, tomó una decisión de trascendental importancia, cuando recomendaba, bajo determinadas condiciones, que dieran comienzo las negociaciones para la adhesión plena a la Unión Europea de la República de Turquía, otrora el Estado más laico de todas las naciones islámicas, creado por Mustafa Kemal Atatürk en 1923 sobre las ruinas del Imperio Otomano. La incorporación de Turquía a la Unión Europea (UE) no se concretó hasta el presente, por la tenaz oposición de varios de los miembros del organismo que veían con recelo al postulado país euroasiático, quien sin embargo integra la OTAN desde 1952, siendo sus efectivos militares, los más numerosos después de los EE.UU. Varias definiciones de Europa insisten en definir que un país es europeo en base a su “valoración política” por parte de la Comisión Europea y el Consejo de la Unión Europea. Paradójicamente, en momentos que Turquía bajo la férula de Recep Tayipp Erdogan se está alejando raudamente de Occidente y refuerza sus lazos con Irán, Siria y el islamismo más radical, Bélgica, quien se hará cargo el primero de julio de 2010 de los seis meses de presidencia rotativa de la UE que actualmente ocupa España, anunció en Madrid a través de su Secretario de Asuntos europeos Olivier Chastel, que apoyará la ampliación de la Unión Europea para incluir a Croacia, Islandia y Turquía durante su próxima presidencia del bloque. De concretarse esa moción, que cuenta con la reticencia -entre otros- de Francia y Alemania, Turquía se convertiría ipso facto en el Estado más grande de la UE. Chastel habló de la posibilidad de abrir un nuevo capítulo de negociación con Turquía en los próximos meses, después que España, que tenía la presidencia rotatoria en el primer semestre, se mostrara particularmente activa para hacer progresar los casos.
“Bélgica quiere continuar sobre los
tres casos iniciados por España, el de Croacia, Turquía e Islandia”,
declaró el responsable belga en una conferencia de prensa conjunta
con su homólogo español, Diego López Garrido. En virtud que setenta millones de musulmanes o más, incluyendo un número incalculable de peligrosos jihadistas islámicos, podrían ingresar en forma sencilla al Viejo Continente y viajar y desplazarse libremente por su territorio, aceptar a una Turquía en vías de radicalización fundamentalista como propicia Erdogan, equivale a un intento de suicidio por parte de Europa, que ya ha sido victimizada por el terrorismo y no aprendió la lección.
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