Aunque los orígenes del tango son objeto de permanente
discusión, generalmente se coincide en que surgió en la
Buenos Aires del 1880 a partir de danzas
latinoamericanas anteriores y se desarrollo en las
décadas siguientes como resultado del caldo de cultivo
que era entonces la ciudad, poblada de inmigrantes
italianos, españoles, franceses, judíos y afro
argentinos. Se acepta la visión del tango como un
refugio del inmigrante, como un escape a sus penurias
cotidianas de pobreza y desarraigo. Se admiten
sus
inicios dentro del mundo de la prostitución que
proliferaba en una ciudad con mayoría masculina. La
compleja constitución del tango expresa más que amor
platónico; habla de fatalidad, de destinos dolorosos, de
un mundo tan ideal como imposible. A través de los años
el tango comenzó a formar parte de la vida diaria como
un símbolo de solidaridad física y psíquica. Su voz era
la voz del pueblo.
Con la participación de los intelectuales, el género
abandono su aspereza inicial adquiriendo un halo más
romántico y nostálgico, como un dulce recuerdo de
juventud de una sociedad idílica que nunca existió.
Otros autores aportaron una visión más pesimista y tal
vez realista, como Enrique Santos Discepolo en
Cambalache, de 1935.
Pero, cual es el significado del tango en idish?, a que
se debe que esta música que deriva de mundos
aparentemente tan disímiles, refleje en su sonido un
amalgamiento natural?, como late el pulso del tango
idish? El tango tiene puntos esenciales en común con la
música judía de Europa del Este, hoy llamada Klezmer, y
con la canción folklórica idish: el expresar congojas y
desamores, el aliar alegrías con tristezas, el utilizar
un vocabulario común. Hay coincidencias en la
instrumentación, tales como el uso predominante del
violín; en el ritmo, como la relación existente entre el
ritmo bulgar del Klezmer y la célula tanguera que
enfatizaran Osvaldo Pugliese y luego Astor Piazzolla2; y
en esa inexplicable benkshaft (‘nostalgia’) que colorea
el aire.
Músicos judíos dentro del tango argentino
Como producto de
culturas mixtas, el tango albergaba en su escena a
músicos de distintos orígenes. Durante los años 1910 y
‘20, violinistas judíos que desembarcaban en Buenos
Aires llegados de Polonia, Rusia y Rumania encontraban
en el tango un medio de expresión con el cual se
identificaban y del cual su instrumento era ya un típico
representante. Hasta podría presumirse que su
identificación era mayor con aquel mundo musical que con
la tierra misma. El tango representaba, más que un
verdadero empleo, un espacio de experimentación donde
cada quien aportaba lo que traía “de casa”,
probablemente sin plena conciencia del “titulo” del
resultado. Indudablemente el tango era un espejo de la
sociedad porteña cosmopolita de aquellos tiempos. Era
también un modo de relacionarse y adaptarse a la
sociedad opuesto a las ocupaciones habituales de los
inmigrantes, generalmente aislantes y menos redituables.
Hacia la década del ‘30, que marco el esplendor del
tango alrededor del mundo, la comunidad judía en Buenos
Aires contaba con una vibrante vida cultural reflejada
en tres diarios en idish y numerosos centros culturales.
Los músicos judíos ya formaban una parte de la sociedad
argentina y compartían un mismo espacio con sus colegas
gentiles, un hecho en si mismo notable en vista de la
creciente propagación de ideas fascistas en el país. Esa
integración favoreció el mutuo enriquecimiento, del cual
surgieron interpretes, autores y editores judíos. A
través de los años, algunos se convirtieron en
prominentes tangueros recordados hasta hoy día, mientras
que otros se trasladaron a otros ámbitos musicales,
mayormente al de la música clásica. A medida que en
Buenos Aires proliferaban los tangos de autores judíos
escritos en castellano, era inevitable que surgieran
también otros en idish.
Tangos en idish en la Argentina
La nueva moda dentro
de la colectividad eran canciones en idish que en un
tono tierno y a menudo burlesco describían la vida del
inmigrante y sus proezas en el proceso de adaptación. Su
creador mas celebre fue Jevel Katz (1902-40), cuyas
canciones se interpretaban en la capital y las colonias,
tanto por el mismo como por Max Zalkind. Paralelamente,
el teatro había jugado un rol vital en el proceso de
asentamiento. A partir de 1930 la Argentina fue una de
las capitales mundiales de la canción y el teatro idish,
atrayendo a luminarias de los Estados Unidos y Europa
como Molly Picon y Jacob Kalish, Luba Kadison y Joseph
Buloff, Dzigan y Shumajer, Jacob Ben-Ami, Maurice
Schwartz, Herman Yablokoff, Max Perlman, Ida Kaminska,
Jan Peerce, Sara Gorby y Shifra Lerer. Se habia creado
también un espacio para
actores locales como Rosita Londner, Sarita Solnik, Cipe
Lincovsky, Dorita Windler, Isujer Antfus, Max Berliner y
Raquel Lebenas. Las compañías se presentaban tanto en
las provincias como en la capital ante públicos tan
hambrientos de teatro idish que las obras no podían
estar en cartelera por más de una semana acuciados por
la expectativa en las siguientes estaciones de la gira.
La Sociedad de Actores Idish Aficionados se fundó en
1902 y el Idisher Folks Teater (IFT) abrió sus puertas
en 1932. En 1939 existían cinco teatros profesionales
dedicados a presentar obras en idish, pero estos se
redujeron a dos en 1949 y solo a uno, el Mitre, en 1960.
Un tercer medio musical era el de los recitales de
canciones idish para los cuales también se importaban a
artistas. Dada la popularidad del tango dentro de la
comunidad judía resulto natural e incluso necesario que
aquellos cantantes incluyeran tangos, ocasionalmente
propios, en sus programas. Tal fue el caso de Jacob
Sandler, Bernard Potock, Rosita Londner, Shifra Lerer,
Henry Gerro y Benzion Witler. Witler habia nacido en
1905 en Belz, entonces Galicia, y a la edad de seis años
se traslado a Viena con su familia y recibió una
educación judía tradicional. Estudio teatro, demostrando
un talento natural que a los pocos anos lo convertiría
en uno de los artistas favoritos del repertorio idish.
Sus recitales lo llevaron a toda Europa, Norte y
Sudamérica e Israel. En 1946 formo un dúo con Shifra
Lerer, con quien se caso en 1957. Debido a sus
frecuentes visitas a la Argentina comenzó a formar un
repertorio de tangos que a menudo componía el mismo.
Según relata su esposa, Witler solía concebir sus
canciones durante los largos viajes en gira pero al no
ser capaz de escribir las melodías !le pedía a ella que
las memorizara hasta que llegaran a tierra firme para
encontrar a algún colega músico que las pusiera en
papel! Witler dejo su bella voz de bajo-barítono en
numerosas grabaciones como solista y en dúo con Shifra
Lerer. Benzion Witler falleció en 1961.
Tales recitales tenían lugar en teatros como el Mitre,
cuya orquesta funcionaba bajo la batuta de Jeremia
Ciganeri. Ciganeri (né Cigan) es quizas el prototipo del
músico inmigrante que oscilaba entre la música
tradicional judía y la clásica. Siendo un apasionado por
la opera y un asiduo visitante del Teatro Colon, se
ganaba la vida como violinista, pianista, compositor y
director de orquesta. Sus obras se interpretaban tanto
por artistas como Marcos Zucker y Benzion Witler y otros
a los cuales acompañaba con la orquesta, como por
jóvenes estudiantes como lo era entonces el pianista
Mario Valdez. Ciganeri habia llegado en 1926 con
diecinueve años de edad de la ciudad polaca de
Bialystok, donde a pesar de su juventud ya había escrito
canciones con su amigo Abraham Szewach que a ambos le
ganarían una cierta fama.
En 1930 llego Szewach a Buenos Aires y el dúo retomo su
colaboración. Por su parte, Abraham Szewach había nacido
probablemente en 1905 en la ciudad polaca de Piesk y se
crio en Bialystok. Su padre, don Isaac Szewach (né Ichco
Szewach), era jazan y para las festividades religiosas
era contratado para cantar
en un
templo de Nueva York. Uno de los primeros trabajos de
Abraham en la Argentina fue el de escribir para un
diario en idish bajo el seudónimo de Abraham Loibsinger.
Durante la guerra, Ciganeri y Szewach crearon canciones
como Bialystok main heim (‘Bialystok mi hogar’) – que se
convirtió en un himno adoptivo de la comunidad judía de
aquella ciudad – y Bialystoker gueselaj (‘Callejuelas de
Bialystok’) – que describe la ciudad tal cual se había
mantenido en sus memorias y tal como quedo después de la
guerra. A pesar de que Szewach escribía normalmente solo
las letras, ocasionalmente creaba también melodías para
sus canciones, que le cantaba a Ciganeri para que las
escribiera; así compuso versos con música de foxtrot y
de bolero. Su gran afición al tango lo llevo a aprender
la danza para poder así aplicar el ritmo a sus letras y
en 1943 la compañía Ediciones Internacionales Fermata,
dirigida por Ben Molar (né Moises Brenner), publico sus
cuatro tangos en idish compuestos junto a Ciganeri, que
fueron interpretados por Sara Gorby, Juanita Kraiselburg,
Rosita Londner y Chayele Grober. Szewach continuó
trabajando con Ciganeri por un largo tiempo, luego del
cual otros compositores musicalizaron sus versos, tales
como Jerzy Petersburski, Henech Kon y Gregory Stone.
Ciganeri falleció en 1968 y Szewach al año siguiente.
El tango en Europa
Grabaciones de tango
producidas en la Argentina contribuyeron a llevar a sus
intérpretes a Europa alrededor de 1910, causando
sensación en salones de baile en Paris, Berlín y
Londres. Junto al jazz, el tango ofrecía un alivio a los
traumas de la guerra y la inflación. Reinaban los
cabarets en Paris y Berlín, nacían el atonalismo en
música y la abstracción en pintura y las necesidades de
la gente parecían satisfacerse en gran medida mediante
el exótico tango. Hacia 1914 ya estaba bien arraigado:
el Hotel Savoy en Londres organizaba cenas-gala de
tango;las damas de la alta sociedad parisina disfrutaban
de clases privadas por profesores argentinos y exhibían
vestidos de un tono particular de naranja, el color del
tango; la letra T del telégrafo se designo T de Tango.
Semejante repercusión en Europa creo olas en los teatros
y cabarets de Buenos Aires frecuentados por los ricos,
donde el tango, ya bendecido por Paris, se inflo de
glamour y elevo finalmente a sus músicos a un status
profesional.
Entre los numerosos interpretes del tango en la Europa
de entreguerras se encontraban también judíos, ya fuesen
argentinos que acompañaban a alguna Orquesta Típica o
europeos. Entre los argentinos figuraba
el director Bernardo Alemany (que también viajo a los
Estados Unidos) e instrumentistas de los conjuntos
liderados por J. B. d'Ambrogio y Eduardo Bianco, como la
Orquesta Bachicha, que integraban el bandoneonista Jose
Schumajer y el cantante Juan Carlos Cohan. Sus colegas
europeos incluyeron a los hermanos italianos Ettore y
Guiseppe Colombo, ambos bandoneonistas en el sexteto
Brodman-Alfaro, un conjunto popular en el Paris de los
años 1920. ‘Alfaro’ era el pseudonimo del chelista judio
frances Jean Levesque. Otro músico judío francés
involucrado en el tango fue el pianista y compositor
Marcel Lattes, nacido en Niza en 1886 (1898?), y a quien
Carlos Gardel veneraba como el celebrado maestro Lattes
fue deportado a Auschwitz el 7 de diciembre de 1943 en
el convoy número 64 que partió desde Paris llevando a
mil judíos y probablemente falleció cinco días más
tarde.
A medida que la popularidad del género aumentaba en
Europa Occidental pronto alcanzo el Este. Sin embargo, a
diferencia de Paris, Madrid, Berlín y Viena, que
recibían a Orquestas Típicas porteñas itinerantes, el
tango llego a países como Polonia por grabaciones, la
radio y publicaciones periodísticas. Tal particularidad
tal vez explique el carácter que desarrollo el tango en
aquellas regiones. A medida que crecía su popularidad y
que compositores locales creaban nuevos tangos, se
establecia un estilo propio que se iba alejando del
modelo rioplatense. En 1919 el actor Karol Hanusz
cantaba en un cabaret de Varsovia El Último Tango, con
música de E. Deloire, que comenzaba “Bajo el cielo azul
de la Argentina...” Famosos tangos argentinos se
traducían a lenguas europeas, de modo que ya en los años
‘20 existían no una sino dos versiones de Adiós
Muchachos en polaco (que poco tenían que ver con la
letra original) y en Odessa se cantaba El Choclo en
ruso.
El
famoso cimbalista rumano Joseph Moskowitz (1879-1953),
cuyo repertorio incluía temas clasicos, ragtime y danzas
folklóricas del mundo entero, grabo su canción Argentine
Dance (Tango Argentino) en 1916, ya viviendo en los
Estados Unidos. Polonia era entonces una de las
capitales indisputables del tango europeo en una época
en que, curiosamente, la mayoría de los músicos
involucrados tanto en la música clásica como en la
‘ligera’ eran judíos. Cualquier orquesta de baile de
prestigio debía contar con un repertorio que abarcara
los ritmos de salon de moda: swing, boston, shimmy,
foxtrot, slow-fox, one-step, vals y por supuesto el
tango. En ese ámbito aparecen músicos judíos vinculados
al tango como Henryk y Artur Gold, Jerzy Petersburski,
Paul Godwin, Zygmund Białostocki y Oskar Strok. Un breve
recuento de sus vidas permite entrever las
circunstancias por las que surgieron los tangos que se
escribirían en la misma región al comenzar la guerra.
Apenas después de la Primera Guerra Mundial, cuando
Polonia consiguió su independencia, el jazz comenzó a
arrasar en Europa de oeste a este. En Varsovia surgieron
los hermanos Henryk Gold (1898-1977), pionero en la
historia del jazz y la musica bailable en Polonia y uno
de los compositores mas prolíficos durante los años de
entre guerra, y Artur Gold (1903-43), director de
orquesta y compositor destacado y autor de muchos de los
tangos populares de los años 1920 y ‘30. En 1925
formaron la Orquesta Gold, un octeto de jazz, para tocar
en el Café Bodega de su ciudad natal. Su éxito inmediato
les gano un contrato de grabación con el sello Syrena,
produciendo discos no solo de jazz sino también de
tangos y valses. A comienzos de 1939, fueron invitados a
integrar la delegación polaca a la Feria Mundial en
Nueva York, lo que condujo a un desenlace fortuito de
eventos para Henryk, puesto que al declararse la Segunda
Guerra Mundial se vio obligado a permanecer
temporalmente en Norteamérica y luego regreso a Europa a
salvo. Pero su hermano Artur no corrió con la misma
suerte; falleció en Treblinka en 1943 junto al resto de
su familia.
En 1926 los hermanos Gold habian fundado una nueva
orquesta con su amigo Jerzy Petersburski, tocando en
cabarets de moda en Varsovia. Petersburski (né Jerzy
Melodysta, 1895-1979) fue también un pianista y
compositor popular de música ligera formado en el
Conservatorio de Varsovia y en Viena, con un capítulo
de su
vida desarrollado en la Argentina. Durante su carrera
llego a tocar y grabar junto a cantantes e
instrumentistas famosos de la época, como Eugeniusz
Bodo, Chor Dana, Jerzy Czaplicki, Mieczyslaw Fogg y
Ludwok Sempolinski. Su prolífica obra incluye un
sinnúmero de valses, tangos y foxtrots, siendo Tango
Milonga (1928) su mayor éxito. La canción formo parte de
la revista Varsovia en las Flores, que se represento en
el teatro Morskie Oko de aquella ciudad en 1929. Aquel
año, mientras la banda de Petersburski tocaba en Viena,
Tango Milonga fue comprada por la Wiener Boheme Verlag
y, con un nuevo texto en alemán de Fritz Lohner-Beda, y
re-bautizada como Oh, Donna Clara!, dio un salto a la
fama internacional. A las pocas semanas se interpreto en
el Casino de Paris y seguidamente se estreno en los
Estados Unidos nada menos que por Al Jolson.
Tras un breve periodo en las Fuerzas Aéreas Polacas,
Petersburski viajo a la Unión Soviética en 1939 para
continuar con su carrera de compositor, de allí se unió
al Ejercito Polaco y en 1948 se asentó en la Argentina
luego de pasar un año en Brasil. En Buenos Aires
desarrollo diversas actividades sobre las cuales poco se
sabe, pero es cierto que escribió un jingle para Radio
El Mundo y que dirigió el teatro El Nacional, junto a
Kazimierz Krukowski (Lopek). Luego de la muerte de su
esposa, Petersburski viajo a Caracas y finalmente
regreso a Polonia en 1968, donde falleció en 1979.
Un violinista y director polaco que disfruto de gran
exito en Alemania, si bien hoy ha caído en el olvido,
fue Paul Godwin (né Pinchas Goldfein, 1902-82). Entre
1923 y 1933 el sello Deutsche Grammophon vendió más de
nueve millones de discos en los cuales figuraron más de
2.500 títulos grabados por él. Dotado de una gran
versatilidad que satisfacía los requerimientos de la
época, Godwin apareció, no sin astucia, con títulos como
Kitsch-Tango y Der Michel wird nicht kluger durch den
Krieg ('La guerra no lo hizo más astuto a Michel'). Pero
en 1933 la situación de los músicos judíos que
trabajaban en Berlín se hizo insostenible, por lo que
Godwin se radico en Holanda y, tras la ocupación alemana
de los Países Bajos, fue trasladado al gueto de
Amsterdam. Aunque fue deportado a un campo de
exterminio, sobrevivió y regreso a Holanda, integrando
el Hollandischen Streichquartett en 1947; ese fue el
comienzo de una nueva carrera como músico clásico,
interpretando a Mozart, Schubert, Shostakovich, Distler
y Hindemith, en lugar de las melodías populares de la
época. El apogeo de su carrera fue tocar junto a Yehudi
Menuhin en 1972.
Por último cabe mencionar a dos compositores de
numerosos tangos, Zygmund Białostocki (?-1942) y Oskar
Strok (1893-1975), este ultimo autor de decenas de
tangos para el renombrado cantante ruso (y no judío)
Pjotr Leschenko y al menos de dos en idish.
Tango durante el Holocausto
Hacia la Segunda
Guerra Mundial, el tango era incuestionablemente uno de
los bailes de salón mas populares en Europa, por lo que
tal vez resulta natural que apareciera en guetos y
campos de concentración. Lo asombroso es que tomara un
papel tanto como medio de expresión de los prisioneros
judíos como de una recreación macabra de sus opresores.
El concepto de danse macabre no fue de ninguna manera
una invención Nazi; estuvo ya presente en el espíritu
del tango desde sus comienzos. La primera pelicula
dedicada al tango fue un film mudo de 1917 de Jose
Agustin Ferreira que exploraba el mítico mundo de la
canción, los suburbios y personajes de Buenos Aires y
llevaba el título de El Tango de la Muerte. Aun así los
Nazis reconocieron la naturaleza ambigua del tango, y lo
aprobaron porque no producía un espíritu de rebeldía, al
contrario del jazz afroamericano que tanto repelieron y
prohibieron. El jazz era visto como un incentivo a la
desobediencia, un generador de delirio colectivo y de
una sensación de abandono; mientras que, en su parecer,
el tango proveía una vía de escape, un interés por la
danza como olvido del ser.
Campos y centros de detención como Auschwitz, Terezin,
Mauthausen, Dachau y Buchenwald formaron orquestas,
llamadas Lagernkapellen, donde músicos aficionados
tocaban junto a profesionales
establecidos. La llegada azarosa de instrumentistas
llevo a conjuntos musicales no tradicionales, a veces
solo con guitarras, acordeones y tamborines. Su
repertorio se extendía desde la música clasica y
dodecafonica al jazz y los bailes de salón, incluyendo
al tango. Los Nazis no solo aprobaron el tango sino que,
más aun, forzaron a las Lagernkapellen a tocarlo,
particularmente durante las ejecuciones. Debido a esta
práctica, cualquier música tocada por un prisionero
durante los exterminios recibió el nombre genérico de
Tango de la Muerte. Leon Weliczer Wells ofrece un relato
como testigo:
Tras el portón comienza a sonar la música. Así es,
tenemos una orquesta de dieciséis miembros, todos
prisioneros. Esta orquesta, que posee algunas
personalidades reconocidas del mundo musical, toca
siempre que vamos o venimos de trabajar o cuando los
alemanes llevan a un grupo para fusilarlo. Sabemos que a
muchos de nosotros, sino a todos, se nos dedicara algún
día el Tango de la Muerte, como lo llamamos en tales
ocasiones.
El espíritu de esta forma singular de entretenimiento es
cautivado en un poema que probablemente es el más
célebre que surgiera del Holocausto. En mayo de 1947 la
revista de Bucarest Contemporanul publico Tangoul Mortii
('Tango de la Muerte'), de Paul Antschel bajo su
seudónimo Paul Celan. Para su escritura, es posible que
Celan se haya inspirado en el panfleto El Campo de
Exterminio de Lublin (Maidanek), preparado por
Konstantin Simonov y publicado por los soviéticos en
1944. Pero existen otras dos referencias al Tango de la
Muerte que de hecho conducen a la misma canción: el
tango Plegaria de Eduardo Bianco (1892-1959). Bianco,
uno de los músicos de tango más exitosos en la conquista
de Europa, había nacido en Buenos Aires y trabajado como
bandoneonista en diversos conjuntos porteños hasta que
partió a Francia en 1923. Allí dirigió numerosas
Orquestas Típicas, entre ellas la famosa Orquesta
Bachicha, presentándose en España, Francia, Rusia, los
Estados Unidos y el Medio Oriente. Sus tangos alcanzaron
fama internacional, siendo Plegaria uno de sus mayores
éxitos.
Dedicada a ‘su Majestad el Rey Alfonso XIII’, la canción
fue compuesta en 1929 y grabada el mismo ano en
Barcelona por Celia Gamez. Sin ocultar sus simpatías
fascistas, Bianco mismo la interpreto ante Hitler y
Goebbels en 1939. La fama de esa canción se ilustra con
la anécdota de que ya en 1929 un joven músico residente
en Varsovia, llamado Wladyslaw Danm, organizo una tarde
con tangos en castellano comenzando precisamente con
Plegaria. Cuando aquel popular tango llego a los campos
alemanes, estos lo adoptaron como un himno impuesto a
las Lagernkapellen para ser tocado durante las
aniquilaciones. Así lo describe el escritor polaco
Mieczslaw R. Frenkiel en su libro La Rapsodia de Lvov
publicado como Esto es un Asesinato en 1956,
refiriéndose al tango de Bianco como el posible origen
de aquella melodía.
La segunda referencia es aun más elocuente: la canción
de contrafacto Der Todesfuge que escribieron los Nazis
sobre la melodía de Plegaria, con versos que guardaban
cierta relación con los originales: “Horst du wie die
Geige schluchzend spielt? / Blutig klingen ihre Tone. /
Horst du wie dein Herz sein Ende fuhlt? / Das Todestango
spielt / Hab kein Angst, mein Lieb. / Sand wird deine
Leiche decken / Sternenkerze dient als Brenner / Und als
Polster dient dir nur ein Stein / Doch glucklich wirst
du sein so ganz allein. / Schusse fallen, Kugeln knallen
/ Segregieren! Gift! - Nur spielen / Und der Tod packt
dich in Hand / Drum sei fertig und bereit”.
Tangos en idish escritos en guetos y campos de
concentración
Mientras tanto,
canciones nuevas brotaban en los guetos y campos de
concentración con ritmos populares de la época,
incluyendo al tango, y en el idioma común a la mayoría
de los prisioneros, el idish. Hubo también canciones en
hebreo, ruso, polaco, francés, rumano, húngaro e incluso
en alemán. Estas canciones son un testamento importante
de la capacidad creativa de un pueblo para demostrar su
resistencia, creatividad y riqueza de recursos bajo
condiciones extremas. A través de todas fluye un deseo
de vivir, de preservar la dignidad y las costumbres
tradicionales de enseñanza y aprendizaje. Hay canciones
de cuna, de trabajo, satíricas, baladas; canciones de
heroísmo y odio al enemigo. Sus letras describen los
barrios superpoblados, la falta de alimentos, las
molestias y la degradación a las que se sometió a los
prisioneros. Muchas de estas canciones sobrevivieron a
sus creadores mediante el libro Lider fun di guetos un
lagern (‘Canciones de guetos y campos de concentracion’)
de Shmerke Kaczerginsky (1908-54), publicado en Nueva
York en 1948. Durante la guerra, los Nazis le habian
encargado a Kaczerginsky el seleccionar libros de la
Biblioteca YIVO en Vilna para enviarlos al Instituto
para el Estudio del Asunto Judío en Frankfurt-am- Main,
pero el consiguió ocultar un gran número de manuscritos
y obras originales hasta después de la guerra. Al
escapar del gueto, Kaczerginsky se unió a los partisanos
y continuo recopilando canciones de una gran variedad de
fuentes, incluyendo sus propios poemas, que fueron luego
incorporados al libro.
Canciones con ritmo de tango, presente en unas más
claramente que en otras, surgieron en los guetos de
Vilna, Kovno, Łod , Białystok, Shauliai y en Auschwitz.
No debe olvidarse que
su giro tanguero proviene del carácter propio que ya
para entonces había desarrollado el tango en la Europa
Oriental y que por lo tanto dista considerablemente del
original argentino; sin embargo estas canciones retienen
el angst esencial del tango que fue descrito por Enrique
Santos Discepolo como un pensamiento triste que también
se baila. Algunas recibieron letras y musica originales,
tales como Friling ('Primavera'), que escribió el mismo
Kaczerginsky por la muerte de su esposa, Barbara, dentro
del gueto y que Abraham Brudno (?-1943) musicalizo como
un sentido tango que se ha convertido en unas de las
canciones idish predilectas. O como Kinder iorn (‘Años
de niñez’) y Maj tsu di eiguelej (‘Cierra los ojos’) del
compositor y director de orquesta polaco David Beigelman
(1887-1944/5?).
Tambien existieron canciones de contrafacto, como Shpil
zhe mir a tango ois in idish (‘Cantame un tango tambien
en idish’) en la que Ruven Tsarfat reescribió la letra
de Shpil zhe mir a lidele oif idish, con música de
Henech Kon (1898-1972) y versos originales de Yosef
Kotliar, convirtiéndola así en una canción de
resistencia en el gueto de Kovno. Otra es la célebre
canción de teatro idish Papirosn (‘Cigarrillos’) de
Herman Yablokoff (1903-81) sobre la cual la niña de doce
años Rikle Glezer creara Es iz gueven a zumertog (‘Fue
un dia de verano’) al describir la traumática fundación
del gueto de Vilna y la matanza a mansalva de judíos en
Ponar. Un tercer ejemplo es Der tango fun Oshvientshim
(‘El tango de Auschwitz’),
en realidad una traducción del polaco de P.M. (sic) y
del mismo Kaczerginsky sobre una melodía de preguerra
recordada por Irke Yanovsky; en este tango una niña de
también doce años, que murió en el campo, hace alusión a
otros grupos humanos que habían sido trasladados a
Auschwitz, unidos todos en sus esperanzas: “Un hombre
negro toma su mandolina y es acompañado por un ingles y
un francés: de la pena surge un trió. También un polaco
comienza a cantar una canción que alivianara los
corazones de aquellos que ansían por libertad. Este es
el tango de Auschwitz, lanzas de acero nos amenazan pero
la libertad nos llama.”
Tangos en idish en los Estados Unidos y el resto del
mundo
Las diversas facetas
del tango fueron captadas de maneras deferentes a través
del mundo; en algunos países mantuvo su melancolía y
liricismo, en otros su fuerza rítmica, su astucia o su
rebeldía. Pero en los Estados Unidos el aspecto que
prevaleció en la adopción del tango fue su naturaleza
fácilmente caricaturizable.
Allí fue especialmente vinculado al icono del amante
latino encarnado en la figura de Rodolfo Valentino en
filmes de los anos ‘20. Aquel carácter ligero se
acoplaba a la perfección a las obras de teatro idish que
surgían en Nueva York antes y durante la guerra, y que
solían incluir canciones intercaladas entre los
diálogos.
Una de las figuras más populares de la época fue Molly
Picon (1898-1992), que gozo de una gran reputacion como
actriz, letrista y cantante en filmes y en el teatro
idish. En 1934, la actriz compuso la letra de Oign
('Ojos'), que, musicalizada como un tango por Abraham
Ellstein (1907-63), fue incluida en la obra Ein mol in
lebn (‘Una vez en la vida’). La premiere tuvo lugar en
el Teatro Publico de Nueva York bajo la dirección de
Jacob Kalich, y fue protagonizada por la misma Picon. El
mismo año, Alexander Olshanetsky (1892-1946) y Chaim
Tauber (1901- 72) crearon el musical Der katerintshik
(‘El organillero’), que incluyo al nuevo tango Ij hob
dij tsufil lib ('Te amo demasiado'), cantado en su
estreno por la actriz Luba Kadison. La canción viajo por
el mundo entero mediante cantantes y compañías de teatro
idish y no tardo en cobrar vida propia; a través de los
años fue interpretada por las Barry Sisters, la Klezmer
Conservatory Band, Santana – !en versión instrumental! –
y muchos otros artistas.
Tal vez el único centro restante de tangos judíos fue
Israel, donde hubo una corriente de traducir tangos al
hebreo, particularmente de los temas argentinos más
populares, así como de otros como Havivale de Abraham
Ellstein y Aliza Greenblatt – originalmente en idish –
con versión en hebreo de Zvi Stock. Tambien se dieron
casos aislados de nuevos tangos en idish, como Tsures,
del compositor argentino Daniel Galay (1996). Aun queda
por explorar la relación de la comunidad sefardí con el
tango.
Conclusión
El tango es el
resultado de la fusión entre diversas culturas cuyo
aporte puede difícilmente identificarse. No hay quien
pueda atribuirse una paternidad exclusiva.
Así es que su
naturaleza mixta lo hizo propicio para ser acogido y
transformado continuamente durante su asombroso
recorrido a través del mundo. El tango en idish no es
más que un episodio de esa crónica, un ejemplo de la
tendencia de los judíos a adaptarse al temperamento de
sus países adoptivos. Es también, en términos generales,
una muestra de la aceptación mutua y la interacción
fructífera entre los pueblos. Para los judíos, el tango,
siempre un catalizador para la autoexpresión, fue
utilizado para volcar experiencias como amor y romance,
preocupaciones sociales y el horror del Holocausto. En
la década de los ‘70 los judíos enfrentaron una nueva
tiranía durante la salvaje persecución social en la
Argentina. Esto tuvo fuertes ecos para los judíos, y los
escritores naturalmente establecieron paralelos entre el
pasado y el presente. En las palabras de Saul Sosnowski,
citado por Santiago Kovadloff en el inciso ‘Latin
America’ de la Encyclopaedia Judaica:
En los países de Latinoamérica, que han experimentado
una represión sin precedentes en su historia, la
supervivencia – tal vez el motivo básico de toda la
literatura judía – ha jugado un rol evidentemente
importante. Y es bajo idénticas circunstancias que
algunos motivos judíos han devenido en instrumentos de
precisión para interpretar una realidad que siglos de
persecución y exilio marcaron en la tradición cultural
del judío histórico. Tal vez sea allí donde resida el
pulso del tango en idish.
Lloica Czackis, autora de este artículo nos canta un
tango Idish