"¿Qué importa que haya sido comunista
y que su sueño haya sido un fracaso?
¿Acaso tiene alguna relevancia el que
ella haya sido judía, además?". La
pregunta me la hacía un amigo al
enterarse que me encontraba escribiendo
sobre Tania Bunke Bider. Mi respuesta
fue simple: "Lo importante es que fue
consecuente entre lo que pensaba, decía
y hacía. Aunque no fuera una mujer
practicante, el sólo mérito de la
consecuencia la define como una
auténtica judía, independientemente de
sus ideales".
por Mijael Vera
¿Cómo surgen las leyendas?
Los
nazis habían hecho quemar el Reichstag
desatando el terror en Berlín. El
peligro estaba latente. Las denuncias,
allanamientos y detenciones se
multiplicaban a diario. El círculo que
bajo la doctrina “científico-biológica”
de las razas
encerraba
a los judíos se trataba ahora de una
cuestión de vida o muerte.
Nadja Bider (quien más tarde sería la
madre de Tania) no sólo era una judía,
sino además una rusa, nacida en Odessa,
y una comunista militante. Estudiante de
arquitectura en la Universidad Técnica y
profesora de alemán en la Representación
Comercial de la Unión Soviética en
Berlín. Reunía todas las cartas de
presentación que frente a los nazis le
garantizaban un final trágico y tenía
plena conciencia de su condición ante el
poder alemán. De algún modo logró pasar
inadvertida por un tiempo, hasta que en
su Facultad comenzaron a aparecer
estudiantes con el uniforme de las SS y,
como era de esperarse, no tardó en
llegarle una citación urgente de la
Gestapo que la intimaba a declarar.
Nadja
comprendió que debía abandonar Alemania
ese mismo día (lo cual le fue posible
gracias a su pasaporte extranjero) y
dispersar a su familia en territorios
todavía seguros. El plan original de
ella y su pareja, Erich Bunke -con quien
no habían podido casarse legalmente a
raíz de su condición de judía- era
emigrar a Rusia pero, dadas las
circunstancias, los papeles tardarían
demasiado. La única opción fue pensar en
un país alejado del escenario europeo,
donde reinara la paz y se brindaban
facilidades para inmigrantes. Corría el
año 1935 y, 10 días después de aquella
citación, desde suelo francés, los Bunke
y otros familiares tomaron un barco a
Buenos Aires.
Tania
se formó en un colegio alemán de Buenos
Aires y pasaba sus vacaciones en
colonias veraniegas de Córdoba (en
Calamuchita), donde recibía una intensa
preparación física. Llegó a la
adolescencia sintiéndose, sin embargo,
“totalmente argentina”. Según su madre,
la pequeña Tamara no presenciaba
aquellas reuniones políticas que
transcurrían por las noches, ni
escuchaba términos como “subversión” o
“lucha armada”.
No obstante, a medida que crecía, se le
explicaba el motivo de ese exilio en la
Argentina, las aspiraciones y
actividades que sus padres desarrollaban
por el ideal de “una sociedad más
justa”, y los deseos de regresar un día
a Alemania para construir un país
democrático-socialista. Para cuando
Tania tenía 14 años, en 1952, los Bunke
decidieron abandonar el país y mudar
toda la familia a la recientemente
formada República Democrática de
Alemania. Un cambio muy fuerte que pobló
la mente de la joven de nostalgias y
recuerdos de su querida Sudamérica.
¿Cómo nació
la agente secreta Tania?
En
1960 llegó el detonante: Ernesto Che
Guevara viajó a Leipzig como director
del Banco Nacional de Cuba y el Consejo
Central de Juventud Libre Alemana mandó
a un representante oficial con una
intérprete, que fue justamente Tania. En
esa gran conferencia, como nunca y al
lado del Che, manifestó el orgullo de
ser argentina y el fervor incontenible
por participar de esos acontecimientos
históricos que devoraba a través de las
noticias. De alguna manera su sueño
debía convertirse en realidad: durante
dos años preparó el permiso para salir
de la Alemania comunista para finalmente
volver a Latinoamérica. La invasión
norteamericana a Playa Girón en abril de
1961 la
decidió definitivamente. Envió un
telegrama a Cuba para informar que
estaba lista y en menos de un mes
aterrizaba en La Habana.
Según el testimonio poco divulgado de
Ulises Estrada Lescaille, oficial de la
Inteligencia cubana y cercano
colaborador del Che, la historia de
Tania Bunke Bider, nacida en Buenos
Aires, Argentina, el 19 de noviembre de
1937, comienza cuando el propio
Comandante Guevara le encomienda
seleccionar a una mujer para una misión
muy especial (para
comprender esta enigmática historia ver
articulo aparecido en Anajnu en su
primera edición:
"El Che...¨¿judio?".)
El también autor del libro Tania la
guerrillera y la epopeya
sudamericana del Che, publicado en
inglés por la editora Ocean Press bajo
el título Undercover in Bolivia with
Che, refiere:
«A Tania la conocí cuando me mandaron a
investigar a tres argentinas. La
propuesta del Che, para un trabajo que
yo no conocía, fue Tania. Él la había
conocido en Alemania, en actividades de
la Federación Mundial de Juventudes
Democráticas, y le pareció que servía
para esta actividad.
«Nosotros investigamos, en Cuba y en
Argentina, a Tania, a Isabel Larguía y a
Lidia Guerberof, que era una pianista
argentina,
una gente de posiciones muy
revolucionarias. Por las condiciones de
Tania para esta actividad, decidimos
proponerle al Che la misma persona que
él había propuesto, y así se hizo.
«Primero se pensaba que Tamara fuera a
crear un aparato urbano de apoyo a la
guerrilla argentina encabezada por
Masseti. Al fracasar aquel, el Che
decidió que Tamara fuera quien
organizara el aparato urbano que
apoyaría a la guerrilla de Bolivia que
él iba a dirigir.»
Así, en una madrugada habanera del mes
de marzo de 1963, nacía la agente de la
Seguridad del Estado Tania.
Tamara Bunke Bider, la hija de Erick y
Nadia, emigrados judíos alemanes,
comenzaba así a cumplir el mayor anhelo
de su vida: «dedicarse por completo al
servicio de la Revolución».
MISIÓN CUMPLIDA CON BRILLANTEZ
En La Paz, capital de Bolivia, hacia
donde parte en octubre de 1964, la
agente Tania, para todos la bella
etnóloga argentina Laura Gutiérrez
Bauer, cumple con pulcritud y brillantez
la delicada misión encomendada.
No solo logra establecerse sólidamente,
sino, incluso, se vincula con los más
altos círculos de poder bolivianos.
Hasta se hizo retratar en una ocasión
con algunos de ellos, como el caso del
entonces presidente René Barrientos, en
la que aparece a su lado.
En mayo de 1966 realiza el añorado
contacto personal con los cubanos cuando
se entrevista con Ricardo Martínez
Tamayo (Papi), quien le trasmite las
órdenes del Che.
Concluían dos años de larga y dura
espera. De actuación solitaria y
difícil.
A partir de ese momento, la joven
argentino-alemana, de piel muy blanca y
ojos verdes, serviría de eficaz y
cariñosa
anfitriona al núcleo inicial de la
guerrilla, y con su agradable trato
causa a todos una excelente impresión.
Por esos meses atiende delicadas y
arriesgadas misiones encomendadas por el
Che, y a instancias suyas realiza con
éxito un viaje secreto a su Argentina
natal, tierra que no visitaba desde
hacía 15 años.
Del Diario del Guerrillero Heroico son
estos apuntes fechados el 1 de enero de
1967: «...precisé el viaje de Tania a la
Argentina para entrevistarse con
Mauricio y Jozami y citarlos aquí...»
El 21 de marzo de 1967 se incorpora
definitivamente a la guerrilla. Comenzó,
entonces, la compleja vida de una mujer,
la única entre tantos hombres, en la
agreste selva boliviana. Duros meses
caracterizados por el hambre, el
cansancio y la constante hostilidad
enemiga.
Cae enferma, con fiebre alta, a pesar de
lo cual se mantuvo animosa en la marcha,
útil en el campamento, y valiente en los
combates. Existen testimonios del
enemigo que señalan que una
inconfundible voz de mujer se escuchaba
enérgica, en medio del fragor del
tiroteo, conminándolos a rendirse.
A
partir del 27 de marzo, Tania será una
combatiente más que dará múltiples
muestras de su valentía, eficiente
preparación y alto espíritu combativo,
que la hacen una enemiga temida por el
ejército.
Explica Paco, único sobreviviente de la
Retaguardia a la que perteneciera Tania
desde el 16 de abril, que más de una vez
ella quedo sola con una ametralladora
30, encargada de defender el campamento
y se oponía a cualquier privilegio por
ser mujer.
Aquella tarde del jueves 31 de agosto de
1967, cuando sale de la enmarañada
vegetación su delgada figura de largos
cabellos claros, portando un M-1,
cargada con la mochila y vistiendo
pantalón de camuflaje, botas algo
grandes para sus pies y una desteñida
blusa a rayas verdes y blancas, los
soldados agazapados en la maleza quedan
impresionados ante la presencia de la
guerrillera.
La mujer que muchas veces les conminara
a la rendición avanza en la columna. Es
la penúltima en penetrar en la rápida
corriente del Río Grande. Marcha entre
Paco (José Castillo Chávez) y Joaquín
(Juan Vitalio Acuña). El agua le llega
casi a la cadera cuando se escuchan los
primeros disparos. Levanta de inmediato
los brazos en un intento para comenzar a
disparar su metralleta, pero una ráfaga
disparada por el soldado Vargas le
alcanza el pulmón y su cuerpo inerme es
arrastrado por la corriente.
La
traición del campesino Honorato Rojas,
militante del Partido Comunista de
Bolivia, y a quien se le atribuye el
haber recibido órdenes desde Cuba para
abandonar a sus suerte a los
guerrilleros, cumplía su efecto. Era el
último día de agosto de 1967.
Tania recibe un disparo mortal, y su
cuerpo es arrastrado aguas abajo por la
corriente. Siete días después encuentran
su cadáver en la orilla del Río Bravo.
También está la mochila donde llevaba
escasas ropas, libretas de anotaciones
con nombres y direcciones de personas
ajenas al movimiento revolucionario,
presupuestos de los víveres comprados y
cintas grabadas con la música del
continente que tanto amó.
Cuentan que unas religiosas pidieron sus
restos para vestirlo y darle sepultura.
Hasta el cementerio de Valle Grande la
escoltaron soldados quienes, a pesar de
ser sus enemigos, le rindieron honores
militares.
El propio presidente Barrientos, quien
la había conocido en recepciones
oficiales, llego hasta allí; sin
confesarlo admiró a la bella muchacha de
29 años que burló todos los servicios de
inteligencia.
El pueblo boliviano la convirtió en
leyenda. Sus restos actualmente se
encuentran en el cementerio de Santa
Clara, Cuba.
“Lo más valioso que un hombre posee
es la vida, se le da a el solo una vez y
por ello debe aprovecharla, de manera
que los años vividos no le pesen, que la
vergüenza de un pasado miserable y
mezquino no le queme y que muriendo
pueda decir: He consagrado toda mi vida
y mi gran fuerza, a los más hermoso en
el mundo, a la lucha por la liberación
de la humanidad”. Fragmento
de Nicolai Ostrovski, manuscrito en la
libreta de apuntes encontrada al
interior de la mochila de Tania.
Última carta a sus padres
Liebe Mama, lieber Papa:
Muchas gracias por las carticas. Por
cierto que están escribiendo muy bien el
español.
Mi sobrinito tiene una tremenda pinta de
alemán, según la foto y no es de
extrañar con esos padres, lo único que
falta es que resulte un científico como
ellos. Como ven estoy perfectamente
bien, trabajando y además estudiando,
como dice siempre mamá: aprendiendo todo
lo que se pueda aprender.
Ya no tengo los problemas del estómago
que tenía cuando estaba por allá, pero
de vez en cuando tengo gripes fuertes,
aunque les aseguro que como bastante
fruta y duermo más que antes.
Me alegra mucho que estén bien y sobre
todo que comprendan mi situación (no
esperaba otra cosa). Sé que tendrán un
poco de paciencia y que en este caso la
tendrán “mit grosser Freude” porque
saben que estoy cumpliendo con mi deber
y sé que para ustedes, igual que para
mí, eso es siempre lo primero.
Cuídense mucho, que no los quiero ver
“viejitos”, a ver si subimos juntos el
Turquino.
Viele, Viele Küsse
Eure kleine Ita
Poema de su autoría escrito
en su libreta de notas:
“Dejar un recuerdo
¿Con
qué he de irme, cual flores que
fenecen,?
¿Nada
será mi nombre alguna vez?
¿Nada
dejará en pos de mi en la tierra?
Al
menos flores, al menos cantos...
¿como
ha de obrar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar
en la tierra?”