El Judaísmo Humanista Secularpor Egon Friedler A lo largo de los años el judaísmo humanista secular se ha ido convirtiendo en un movimiento y en una corriente judía con contenido, postulados y comunidades florecientes.
¿Qué hace
un rabino si pierde la fe en Dios? ¿Se busca
otra profesión y trata de pasar
desapercibido en la comunidad? ¿Se aleja del
judaísmo y oculta su pasado? ¿Cae en una
profunda depresión y termina suicidándose?
Pero como
los rituales del pasado no podían responder
a una nueva concepción de la vida judía, era
necesario proceder a renovarlos, a crear
nuevos, a dejar de lado la excesiva
reverencia por el pasado y estimular una
creatividad renovadora. Todo eso obviamente
no fue fácil. Sólo ocho familias de Detroit
en setiembre de 1963 apoyaron al audaz
rabino que pretendía tocar algo tan
santificado como la tradición y que sostenía
que centrar toda la vida judía en torno a la
Torá y olvidar toda la restante riqueza
espiritual del judaísmo significaba
empobrecerlo.
Siguiendo en cierto modo a Mordejai Kaplan, el padre de la corriente reconstruccionista, que veía al judaísmo como una civilización, Sherwin Wine, incorporó toda la herencia cultural laica de los últimos 200 años al acervo de su nueva corriente. Obviamente fue duramente atacado por sectores religiosos y tradicionalistas. La publicación de un artículo en el Detroit Free Press en 1964 sobre el "rabino ateo" sólo hizo recrudecer los ataques. En febrero de 1965, la revista Time dio notoriedad nacional y mundial al entonces naciente movimiento, y Sherwin Wine recibió entre otras muchas, una significativa carta de felicitación del prominente humanista y biólogo británico Julian Huxley. En 1967, Wine convocó a siete rabinos que se sentían cercanos a sus ideas, con la idea de crear un movimiento nacional. Entre ellos, hubo un rabino de Deerfield, Chicago, llamado Dan Friedman, quien habría de formar una de las comunidades humanistas más importantes y mejor organizadas de los Estados Unidos. En 1969, las tres primeras comunidades humanistas, el Templo Birmingham y las congregaciones en Westport, Connecticut y Deerfield, Illinois, se reunieron para formar la Sociedad para el Judaísmo Humanista. El crecimiento institucional
Al año
siguiente tuvo lugar la primera asamblea
formal de la nueva organización con la
asistencia de 150 delegados. Hoy la Sociedad
tiene 39 comunidades asociadas en los
Estados Unidos y Canadá. En 1981 hubo una
importante reunión en el Kibutz Shfaim en
Israel, donde se inició una fecunda relación
con el Movimiento israelí, conocido entonces
como Tehilá. En 1982, Sherwin Wine convocó a
una reunión en Farmington Hills, Michigan,
de organizaciones seculares de distinto
carácter, en la que además de la Sociedad
para el Judaísmo Humanista, estuvieron
presentes el Congreso de Organizaciones
Judías Seculares, Poalei Zion, el Círculo
Obrero, los sionistas laboristas y los
Norteamericanos para un Israel Progresista.
En este encuentro se decidió celebrar
reuniones periódicas del liderazgo de estas
instituciones ahora federadas en la
conferencia de Judíos Seculares y
Humanistas, así como la publicación conjunta
de una revista.
En 1985,
en un encuentro en Jerusalem, representantes
de América del Norte, Israel y América
Latina, establecieron el Instituto
Internacional para el Judaísmo Humanista
Secular que debía constituirse en el brazo
educativo de la organización para la
formación de nuevos líderes.
En 1986,
representantes de 11 países se reunieron en
el templo de Birmingham para crear la
Federación Internacional de Judíos
Humanistas Seculares. Desde entonces, el
movimiento ha ido creciendo y difundiendo su
mensaje, realizando conferencias cada dos
años en distintas ciudades como Bruselas,
Chicago, Tel Aviv, Moscú, París y Nueva
York. En los años en que no se realizan
conferencias, el templo Birmingham organiza
coloquios de alto nivel sobre distintos
temas de la vida judía, no sólo con líderes
e ideólogos del movimiento sino también con
importantes personalidades invitadas. Las
agendas de los coloquios son de por sí
desafíos intelectuales: "Los judíos no
afiliados", "Judaísmo laico y
espiritualidad", "Judíos y no judíos en el
mundo moderno" y otros muchos temas que
siempre congregan a un numeroso público, no
sólo perteneciente al movimiento humanista,
sino también de judíos curiosos en el mejor
sentido.
El
Instituto de Judaísmo Humanista Secular en
Farmington Hills en las afueras de Detroit
comenzó en la década del ochenta a formar
madrijim o "wegwaizers", pero pronto
se comprendió que eso no sería suficiente.
En 1990 se inició un programa rabínico (que
obliga a todo un currículo paralelo de
estudios universitarios) y hacia 2001 ya se
habían graduado cuatro rabinos. Con la
incorporación al movimiento del destacado
filántropo y dirigente judío europeo, Felix
Posen, el movimiento comenzó a hacer
hincapié en la enseñanza del judaísmo como
cultura a nivel secundario y universitario,
en Israel y en la Diáspora. Meitar y Alma,
creadas en 1996 en Tel Aviv fueron las
primeras instituciones en Israel dedicadas a
enseñar a estudiantes, maestros e
inmigrantes el judaísmo como cultura.
En 2001,
tres universidades y tres colegios en Israel
(Universidad Hebrea de Jerusalem,
Universidad de Tel Aviv, Universidad Bar
Ilán, Seminario Levinsky, Colegio Ajvah y
Colegio Académico de Tel Aviv) comenzaron a
enseñar judaísmo secular como materia en la
que es posible obtener títulos de BA y MA.
Asimismo hay un fondo que permite otorgar
becas para realizar trabajos de doctorado en
este campo.
En
febrero de este año, un equipo dirigido por
Dalia Goren realizó un relevamiento de todos
los materiales educativos sobre el judaísmo
como cultura editados en Israel. Actualmente
hay negociaciones en curso para la enseñanza
del judaísmo como cultura en las
universidades de Harvard, Berkeley y
Michigan en los Estados Unidos y se ha
comenzado a trabajar en una enciclopedia del
Judaísmo Secular cuyo editor-jefe es el
Prof. Irmihau Iovel, ganador del Premio
Israel y director del Instituto Spinoza.
Este año se abre un centro cultural con un
programa sumamente ambicioso en la sede de
la Federación Internacional de Judíos
Humanistas Seculares en Nueva York.
Es
indudable que todos estos cambios no se
habrían producido sin la habilidad
negociadora, el carisma, la flexibilidad y
la apertura a nuevas ideas de Sherwin Wine,
un líder que como pocos sabe disfrutar del
contacto humano a todo nivel.
Wine, el ideólogo
Pero Wine
no es sólo el gran líder comunitario, el
notable maestro, el orador y conferencista
capaz de mantener en vilo a cualquier
auditorio, es además uno de los principales
ideólogos del judaísmo humanista. A
diferencia de otros pensadores del
movimiento como el desaparecido juez de la
Suprema Corte de Justicia, Jaim Cohn, o el
gran especialista en el Holocausto Prof.
Iehuda Bauer, sistematizó sus ideas en un
libro. En Judaism beyond God (El
judaísmo más allá de Dios) cuya primera
edición fue publicada en 1985, definió con
claridad sus ideas, que combinan
admirablemente un pragmatismo típicamente
norteamericano con una profunda sabiduría
judía.
Por
ejemplo, respecto del rol humano en nuestra
historia escribe: "Si la historia judía
tiene un mensaje, es el requerimiento de que
confiemos en nuestras propias fuerzas. En un
universo indiferente nadie puede salvarnos
de nuestro destino. O asumimos la
responsabilidad por nuestro destino o nadie
lo hará. Un mundo sin garantías divinas y
justicia divina es inquietante. Pero también
es la fuente de la libertad y la dignidad
humana."
Wine
describe con precisión quirúrgica la
realidad del pueblo judío: "No hay creencias
teológicas comunes que unan a todos los
judíos. Muchos no tienen ninguna fe
teológica. Muchos denuncian a la religión
abiertamente. Muchos son abiertamente ateos.
Sin embargo, su identidad judía sigue
intacta. Los judíos se sienten orgullosos de
Sigmund Freud y Albert Einstein como
miembros de la tribu."
"Los intentos reformistas de definir a los judíos como una denominación religiosa y nada más, fracasó. Excluía a demasiada gente obviamente judía. Una definición que excluye a Theodor Herzl y Golda Meir no puede ser convincente."
Por otra
parte, ha planteado con gran claridad el
tema de la identidad judía contemporánea:
"La identidad judía está íntimamente ligada
a la memoria judía. Y la memoria judía es
una enciclopedia de razones para el
agnosticismo, el escepticismo y las
aspiraciones humanas de crear un mundo
mejor. La tradición teísta del
establishment judío, que está totalmente
reñida con la experiencia judía, hace que el
mensaje humanista resulte más pertinente que
nunca. Ser judío, teniendo una conexión
auténtica y realista con la historia judía,
es una forma de reforzar el enfoque
humanista de la vida, una manera de
fortalecer nuestra conciencia de la
importancia de la razón y la dignidad
humanas."
"El
judaísmo (como lo señalamos al comienzo de
este libro) es una doctrina sobre el valor
de la identidad judía. El viejo judaísmo
encuentra valores teológicos en la identidad
judía. El nuevo judaísmo encuentra valores
humanistas en la identidad judía."
Refrescando el viejo sionismo secular
Sherwin
Wine tiene ideas muy claras sobre la
estrecha relación del Estado de Israel y la
Diáspora, así como del vínculo indisoluble
de Israel y el judaísmo. Luego de censurar
los intentos de los "cananeos" israelíes de
desvincularse de la Diáspora, escribe: "No
importa con cuánta pasión algunos israelíes
traten de ser israelíes sin ser judíos: han
de fracasar en este intento. A los ojos del
mundo, Israel es un estado judío con una
conexión profunda con los judíos de todo el
mundo. Así como los gentiles norteamericanos
identifican a los judíos norteamericanos con
la conducta del estado de Israel, del mismo
modo la opinión pública identifica a los
judíos, estén donde estuvieren. Esta
conexión no puede ser rota. Israel es el
centro de habla hebrea de una entidad social
más amplia denominada el pueblo judío, que
de acuerdo a las convenciones
internacionales vigentes, no posee un status
político oficial."
Sherwin
Wine ve la experiencia judía como algo
totalizador, mucho más vasto que el que
puede ofrecer, con toda su importancia, la
literatura bíblica sacralizada. En otro de
sus libros, Celebration, escribe: "El
humor judío es el legado de la experiencia
judía. No surgió de la Biblia ni del Talmud.
No fue creado por sacerdotes, profetas y
rabinos. Tampoco es la creación de
escritores famosos. El humor judío es la
respuesta de judíos ordinarios a los
extraordinarios horrores de la historia
judía. Frente a un mundo injusto e
indiferente al sufrimiento humano, los
judíos aprendimos a reírnos en lugar de
rendirnos y morir."
En otro
pasaje del mismo libro, afirma Wine la
legitimidad del pluralismo judío: "El
judaísmo debe afirmarse como un marco
cultural y estético en el cual es posible
una variedad de enfoques filosóficos. Tanto
el teísmo místico como el humanismo empírico
son legítimos. Las costumbres y las
ceremonias judías constituyen experiencias
poéticas variables, que pueden servir a un
amplio espectro de valores y tradiciones
humanas."
Por
último, cabe citar el ideario de este gran
pensador judío contemporáneo, planteado en
frases cortas y tajantes al final de
Judaism beyond God.
FUENTE: HAGSHAMÁ.ORG
|
|
LA RENOVACIÓN JUDÍA (Jewish Renewal)
|
|
EL JASIDISMO
El Jasidismo es un movimiento
místico en el Judaísmo que
apareció en la primeras décadas
del siglo 18 en Europa del este.
El fundador del movimiento fué
Rabí Israel Baal Shem Tov
(1698-1760). Rabí Israel fué
llamado el Baal Shem Tov -el
Maestro del Buen Nombre- para
demostrar que él era uno de
aquellos que sabían emplear el
Nombre Divino con fines
místicos. El Baal
EL ESTUDIO DE LA TORA Y EL
TZADIK: Fuente: madregot.com
|
|
LA NEO-ORTODOXIA: LA TORA EN LA VIDA COTIDIANA MODERNA
Por el Rabino Dr. SHAIE RUBINSTEIN*
ANTECEDENTES HISTORICOS Y PERSONALIDADES NEO-ORTODOXAS
Algunas de las Personalidades Rabínicas del Neo-Ortodoxismo Rabbi Shimshon Rafael Hirsh (1808-1888) Rabbi Dr.Leo Jung (1892-1987) Rabbi Yosef Dov Halevi Soloveichik (1903-1993) Instituciones dentro de la Neo-ortodoxia
El Rab Dr. Shaie Rubinstein dirige la Yeshivá Científica de Rishon le-Tzion FUENTE: Hagshamá
|
|
El Reconstruccionismo Para algunos judíos, en su mayoría norteamericanos, las opciones de la ortodoxia, del reformismo y del movimiento conservador no constituyeron la respuesta más atinada a los desafíos que les reportaba la modernidad de su nueva condición de judíos emancipados. Debido a ello, a principios del siglo XX, surge una alternativa más -el Reconstruccionismo- que representa una síntesis de religión y cultura, y enfatiza la existencia del judaísmo en tanto civilización. Su fundador, el rabino y filósofo Mordejai Kaplan, consideró que los lineamientos de la vida Judía ya no eran adecuados para solucionar los problemas a los que se tenía que enfrentar el hombre moderno. Aseguró que los judíos habían permanecido fieles a su fe, a pesar del sufrimiento y de las penurias, porque creían que la adherencia a su religión les aseguraría la salvación en el mundo venidero. Esta posición debía modificarse. El judaísmo tendría que transformarse, de una civilización orientada hacía la idea del más allá, a una sociedad que pudiera ayudar al hombre a obtener su salvación en este mundo. Para Kaplan, existían los recursos
adecuados para eso y el hombre tenía la capacidad necesaria para lograr su salvación, entendida ésta como el desarrollo óptimo de todo su potencial humano. Mediante esta posibilidad, se daría un mejoramiento progresivo de la personalidad individual y se establecería un orden justo y cooperativo. El fermento religioso e intelectual introducido por Kaplan significó una desafiante reinterpretación de la religión, cultura e identidad judías. Para institucionalizar su trabajo, incorporó la idea de un centro de estudios judíos, recinto en el que los judíos podrían estudiar, orar y expresarse artística y socialmente. Historia El inicio formal del movimiento reconstruccionista puede situarse en 1922, cuando Kaplan establece la Sociedad para el Avance del Judaísmo que funcionaba como sinagoga y como foro para la expresión de ideas. Durante los años treinta, sus conceptos novedosos atrajeron la atención de muchos adeptos entre los que se encontraban conservadores y reformistas.
En el periodo
posterior al Holocausto, el pensamiento de Kaplan
fue objeto de una creciente censura por parte de sus
correligionarios y, para 1945, fue excomulgado por
los rabinos ortodoxos. Sus críticos aducían que
Kaplan interpretaba la Halaja Lo que obstaculizó el crecimiento del Reconstruccionismo no fue sólo la crítica constante si no la ausencia de instituciones que pudieran transmitir sus preceptos. Fue hasta 1959 cuando se estableció una Federación de Congregaciones Reconstruccionistas, y así, se promovieron los aspectos folklóricos, educativos y culturales del judaísmo. El Reconstruccionismo tuvo éxito como un movimiento de reflexión y logró ampliar los horizontes de educadores, rabinos y líderes comunitarios. Sin embargo, no conquistó a las masas y se quedó limitado a estrechos círculos. Conceptos El reconstruccionismo está basado en los siguientes conceptos y principios morales:
El programa reconstruccionista A diferencia de los demás movimientos religiosos, el Reconstruccionismo trasciende la esfera de la religión para abarcar la tonalidad de la vida judía. Su énfasis en el aspecto cultural, histórico, educativo y folklórico del judaísmo atrajo a cientos de miles de judíos seculares. El programa de los reconstruccionistas contiene seis puntos básicos:
fuente: jinuj.net
|
|
Durante
siglos, dentro del judaísmo predominó una corriente ortodoxa
unánimemente aceptada y respetada. Pero, en 1789, la La
ortodoxia tradicional exigía la observancia estricta de
todos los preceptos religiosos sobre la base de la Torá o
Biblia judía. Para muchos judíos, la esencia se mantenía
incólume ante el paso del tiempo, pero el ritual y las
costumbres debían adecuarse a los tiempos modernos. Aparece,
así, el movimiento Reformista el cual pretendía adaptarse a
las condiciones de la época, y el que interpretó la religión
a la luz de las investigaciones científicas, rechazando las
implicaciones nacionalistas del judaísmo. Es
en este contexto cuando surge el movimiento Conservador
que representa el punto intermedio entre el
tradicionalismo estricto de la ortodoxia y la modernidad
racionalista del reformismo. Los conservadores reconocen
la importancia y autoridad de la Torá y de las leyes
rituales. Al mismo tiempo, aunque aceptan la necesidad
de cambios en la interpretación de estas leyes, exigen
que tales modificaciones se realicen dentro del espíritu
y el carácter de la religión judía tradicional.
Historia
El
movimiento conservador -como una respuesta religiosa
adicional a la condición moderna- surgió a mitad del
siglo XIX en Estados Unidos, con la creación del
Seminario Teológico de Nueva York en 1885. Los que
se identificaron con esta corriente creían en la
emancipación, en la secularización del estado y en
la occidentalización del judío. Aceptaban que era
inevitable el que se dieran cambios en los hábitos
religiosos, y pusieron énfasis en el hecho de que el
pueblo judío era un organismo que renovaba su
espíritu al responder creativamente a los nuevos
retos.
Esta actitud fue representada en este país por el rabino
Isaac Leeser. Pionero en la introducción del inglés en
el servicio religioso, Leeser propuso modificaciones en
el ritual. Intentó cooperar con los líderes del
movimiento reformista para organizar la Unión Rabínica y
Congregacional en la que las distintas fuerzas podrían
cooperar en la creación de un cuerpo religioso americano
unificado.
Sin embargo,
estos esfuerzos no tuvieron éxito. Las figuras
rabínicas que arribaban procedentes de Europa eran,
en su mayoría, reformistas y luchaban contra la
imposición de antiguas restricciones o la creación
de una nueva autoridad. El reformismo alcanza gran
éxito, y para fines del siglo XIX, un 88% de las
sinagogas se identificaban con esta corriente. Pero,
muchos de los que se negaron a participar en el
movimiento reformista cooperaron con los
conservadores. En Nueva York, el rabino Sabato
Morris comenzó a presionar para que se organizara
una escuela rabínica dedicada al conocimiento y a la
práctica del judaísmo tradicional, como se ordena en
la Ley de Moisés. En 1887 se organizó el Seminario
Teológico Americano (STA) en respuesta a lo que se
consideraba un exceso racionalista y antihalájico de
los reformistas: (La Halajá es el cuerpo de leyes
que rigen el comportamiento judío).
A principios
del siglo XX, el STA recibió un gran impulso,
gracias a la figura de Solomon Schechter
(1850-1915). Este consideraba que el judaísmo se
moldeaba de acuerdo a los cambios en las
condiciones sociales y económicas, así como por
su propia dinámica interna. Por ello, para
sobrevivir, el judío tendría que absorber parte
de la civilización en la que vivía, y a la vez,
establecer sus propios valores culturales. La
mezcla de la tradición y la sociedad moderna
constituía la base del judaísmo conservador.
Para
1920, muchas congregaciones se
autodenominaban conservadoras e intentaban
hacer una síntesis entre el judaísmo como
religión y como cultura. El movimiento
conservador creció y con el tiempo, se
convirtió en una de las principales fuerzas
religiosas.
Semejanzas y diferencias
Los
conservadores se basan en la observancia
de la Halajá con algunas modificaciones
en el estilo de vida. Los exponentes de
este movimiento aceptan toda la
estructura rabínica tradicional. No
obstante, permiten la interpretación de
la ley de acuerdo a sus necesidades y
convicciones.
Los conservadores se caracterizan
principalmente por:
Los conservadores no se
comprometen a una plataforma
definida de principios y dogmas,
y mantienen una relativa
apertura en los rituales y
creencias de sus miembros. En la
práctica, pretenden perpetuar la
tradición, cultivar la educación
y encontrar la unidad entre los
judíos. Porque, a diferencia del
movimiento reformista que
enfatiza la idea de Dios, y de
la ortodoxia que se basa en la
Torá, el judaísmo conservador
subraya la importancia del
pueblo judío e intenta hacer una
síntesis entre el judaísmo como
religión y sus aspiraciones
nacionales y culturales.
fuente: jinuj.net
|
|
El pueblo judío se ha singularizado, a lo largo de su historia, por la pluralidad de corrientes ideológicas y culturales en su seno. De hecho, multitud de interpretaciones han proliferado en relación a las fuentes del pensamiento ético-religioso judío. Muchos de los grandes maestros han basado sus enseñanzas en las cuestiones planteadas por sus seguidores y por comunidades enteras en entornos disímbolos y marcos temporales diversos. El proceso de consolidación del cuerpo legal y filosófico que rige los senderos del judaísmo ha estado caracterizado por su dinamismo y por la voluntad, en la mayoría de los casos, de dar respuesta apropiada a los desafíos que los judíos han tenido que enfrentar en infinidad de circunstancias Surgen, así, diversas corrientes religiosas, a saber, la ortodoxia, el conservadurismo y el reformismo. No obstante, a pesar de que una gran parte del pueblo judío participa activamente en el quehacer religioso, se ha desarrollado una importante corriente secular que enfatiza el transfondo humanista y/o nacional dentro del judaísmo, a través de la producción intelectual. La Ortodoxia: Su Historia
A
pesar de que la ortodoxia es un concepto moderno, a lo largo de la
historia, diversos grupos han apoyado esta postura.
La palabra ortodoxia asociada con la religión judía apareció por primera vez en 1795. Con el tiempo, su uso se fue generalizando, y para principios del siglo XIX, ya se usaba ampliamente en contraposición a los postulados expuestos por el movimiento reformista que surgía en el seno del judaísmo. A pesar de que en épocas posteriores diversos términos adquirieron popularidad, en general la palabra ortodoxo, se utiliza para denominar a aquellos que aceptan que la totalidad de la religión judía es producto de la inspiración divina, tal y como se estipula en la Ley Oral y en la Ley Escrita, y como aparece en el Shuljan Aruj.
En
los inicios del período emancipatorio, muchos líderes ortodoxos
consideraron que la sobrevivencia judía estaba siendo amenazada.
Desconfiaban de la nueva política que se les ofrecía y de las
oportunidades sociales y económicas que se les presentaban. Sentían
que sería casi imposible que los judíos mantuvieran su distintivo
nacional y su identidad espiritual. Incluso llegaron a exhortar a
las comunidades judías para que rechazaran los privilegios a los que
tenían derecho. Otros, aunque se mostraban dispuestos a aceptar los
beneficios que producía la corriente emancipatoria, insistían en que
no se debería aceptar ningún cambio en la política de segregación
total de los judíos con respecto al medio ambiente cultural y social
externo. De hecho, algunos rabinos, como el destacado Ezequiel
Landau, temían que la exposición del judío a la cultura del mundo
moderno Su temor se intensificó al presenciar los esfuerzos por parte del movimiento reformista para transformar radicalmente el carácter del judío y facilitar así su integración a la sociedad moderna. Los líderes ortodoxos consideraban, que las innovaciones que caracterizaron a la primera fase del movimiento reformista, estaban motivadas por un deseo de modelar la sociedad judía, de acuerdo con los patrones de la Iglesia protestante para ganar la aceptación de sus vecinos cristianos. Las comunidades ortodoxas comprendieron, que la serie de reformas litúrgicas que se proponían -como el introducir instrumentos musicales en los rezos- era tan sólo el principio de un largo proceso designado para modificar los dogmas y prácticas del judaísmo y para remover las barreras que impedían la inmersión total del pueblo judío en la cultura de la mayoría. Los ortodoxos reaccionaron con celeridad en un esfuerzo por preservar el status quo. La ortodoxia, que se desarrolla al principio en Alemania y Hungría, se fue extendiendo hacía otras regiones. Estuvo caracterizada por un rechazo contra quienes defendían las reformas religiosas y aún contra aquellos que avalaban el menor cambio en la forma de vida judía. Ejercieron una influencia significativa sobre las comunidades de Europa occidental, principalmente en Holanda y Suiza. Hasta la primera guerra mundial, los judíos ortodoxos de Europa oriental preservaron su estilo de vida tradicional y su marco educativo. En el período entre guerras, varios rabinos de esta zona emigraron hacía Alemania y otros países de Europa occidental, influyendo y promoviendo el apego al mundo de la instrucción talmúdica. Al finalizar la segunda guerra mundial, los grandes centros judíos se habían transformado, reubicánse en Estados Unidos, principalmente en donde la ortodoxia constituye una de las corrientes más influyentes dentro de la vida judía. En la actualidad numerosas comunidades ortodoxas coexisten dentro de un mismo marco. Posiblemente, debido al constante ímpetu que se le otorga al estudio de la Halajá o ley judía, al mejoramiento en los sistemas de enseñanza y en los métodos de comunicación, se vive una creciente tendencia hacia una mayor polarización dentro del mundo ortodoxo. Diferencias y caracteristicas La diferencia entre la ortodoxia y las demás corrientes religiosas se concentra principalmente en la aplicación de las reglas de la Halajá. De acuerdo a la ortodoxia, dentro de la ley judía nada es trivial, carente de importancia u obsoleto, porque cada postulado constituye un mandato directo del Todopoderoso que esta más allá de la dimensión temporal. No obstante, la ortodoxia no es un ente monolítico, sino que se compone de diversos tipos de vertientes:
|
|
El judaísmo reformista (también llamado "progresista”) defiende la autonomía individual en lo relativo a la interpretación de los preceptos religiosos. Es la rama más grande y extensa del judaísmo actual y es considerada la más cercana al judaísmo rabínico de hace más de 2,000 años.
Las
ideas de la Reforma judía surgen en la llamada Primavera de las
Naciones, durante la Emancipación europea. Las murallas de los
guetos se derrumbaron, y los judíos se vieron aceptados en la
sociedad global, de la que asimilaron sus costumbres. Los cambios
promovidos por la Reforma Judía obedecieron, pues, a la necesidad
percibida de adecuarse a la sociedad general. Así fueron siendo
abandonadas las leyes de la Kashrut, el Brit Milá, el uso de la kipá
y del talit en la sinagoga y otras, aunque la mayoría de ellas
fueron luego retomadas. El judaísmo progresista afirma un espíritu de libertad inquisidora. Entre otras cosas, acepta las investigaciones bíblicas modernas que han demostrado que los escritores bíblicos -aun estando inspirados por la divinidad- fueron seres humanos capaces de error.
El judaísmo rabínico aceptó la creencia apocalíptica de un Mesías que un día reunirá a los exiliados y que se sentará en el trono de la monarquía Davídica restaurada. En lugar de ello el judaísmo progresista afirma la esperanza universalista de los profetas por una Era Mesiánica a la que se llega gradualmente, a través de una aceptación de la voluntad de Dios por parte de toda la humanidad.
El judaísmo progresista afirma la suprema necesidad de sinceridad en el culto: no podemos decir con nuestros labios lo que nuestro corazón no cree. Con esta finalidad, aunque conserva mucho de la liturgia tradicional judía, la ha revisado, con algunas modificaciones y omisiones y varias ampliaciones. Por la misma razón usa tanto la lengua del país como el hebreo en sus servicios.
El judaísmo progresista afirma un status igual de hombres y mujeres en la vida sinagogal. El movimiento liberal judío ha sido pionero en este respecto. No hay discriminación de sexos en las sinagogas reformistas, Las mujeres forman parte del minian, suben a la Torá, pueden conducir servicios religiosos, ser rabinas y ocupar cualquier cargo en la sinagoga.
El judaísmo progresista afirma el principio, fuertemente establecido en el capítulo 18 de Ezequiel, de que los hijos no son responsables de las acciones de sus padres. De esta forma, rechaza la ley de los mamzerim (bastardos) que penaliza a los descendientes de las uniones prohibidas por las leyes bíblicas de consanguinidad o afinidad.
Debido al hecho de que los hijos reciben una herencia genética de
ambos padres, mientras que culturalmente la influencia de
El judaísmo progresista afirma la necesidad de una actitud inclusiva para la cuestión de la identidad judía. Da la bienvenida a los prosélitos y hace que el proceso de conversión no sea más difícil de lo que en realidad debería ser. De igual forma da la bienvenida a todo aquel que tenga una buena reivindicación para ser considerado como judío, sin reparar en su estado civil o su inclinación sexual.
El judaísmo progresista afirma el énfasis ético de los profetas: aquello que Dios reclama de las personas principalmente es una conducta recta y el establecimiento de una sociedad justa. Las observancias religiosas son una forma de cultivar la santidad, por ello son importantes, pero no poseen el mismo orden de importancia.
De la misma forma que el judaísmo progresista ha afirmado la necesidad de la sinceridad en el culto y en la creencia, también afirma la necesidad de la sinceridad en la observancia. De esta forma, las observancias deben estar de acuerdo con nuestras creencias, y las personas judías deben ser libres en esta área para ejercerlas estando informadas, de modo que sea una elección consciente. Esto se aplica, entre otras cosas, a los detalles de las observancias del Sábado (Shmirat Shabat) y a las leyes dietéticas (Kashrut).
De forma particular, el judaísmo progresista afirma la necesidad de armonizar la Ley Rabínica (halajá) con la realidad social moderna y las percepciones éticas. Por ejemplo, rechaza la antigua ceremonia de jalitzá, que libera al cuñado de un matrimonio levítico no permitido; observa las festividades de acuerdo con su duración prescrita en la Biblia, sin un «día extra» instruido en tiempos postbíblicos por razones que hace ya tiempo dejaron de aplicarse.
Totalmente comprometido con el judaísmo, el judaísmo progresista reconoce que la postrera verdad es misteriosa y diversa, y que otras tradiciones también la buscan de una forma sincera y la encuentran por otras vías. Afirma, pues, la necesidad del respeto hacia las otras religiones y a través del diálogo con ellas promover un entendimiento, una amistad y un enriquecimiento mutuo.
|