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Diciendo
la Verdad: Haciendo Indecente la Teología

por
Rosemary Radford Ruether
La muerte de
Marcella Althaus-Reid el 20 de Febrero del 2009 fue una
enorme perdida para el pensamiento teológico critico del
mundo entero. Althaus-Reid trajo una imaginación
extraordinariamente creativa para la teología. Su
proyecto de “indecentar” la teología cristiana ofrece un
crucial objetivo nuevo para el análisis de símbolos
teológicos que desenmascaron su mensaje opresivo y
abrieron vistas transformativas para la liberación
humana y construcciones comunitarias. Su productividad
desde fines de los años noventa hasta el año 2008 fue
prodigiosa, con más de una docena de libros y numerosos
artículos en revistas y colecciones de libros.
El trabajo de Althaus-Reid fue bien conocido en Europa y
en Norte América, pero desafortunadamente ha sido
subestimado en América Latina, donde su visión está
enraizada. Este factor me desconcertó; un par de años
atrás pregunté por la respuesta a sus pensamientos en
América Latina. Le pregunté a Jorge Pixley, un conocido
erudito de la teología de la liberación y la Biblia,
cuáles habían sido las reseñas de su trabajo, y dijo que
no sabía de ninguno, aunque él mismo estaba abierto a su
trabajo, habiéndola conocido y hablado con ella en el
año 2000 en Europa, cuando su primer libro Indecent
Theology (Teología indecente), estaba a punto de ser
publicado. Hice algunas averiguaciones a teólogas
feministas latinoamericanas, y me dijeron que nadie la
había leído, que ella escribe en ingles y que no era
realmente vista como una pensadora latinoamericana.
Protesté que su principal libro Teología indecente[1]
existía en español y que todo lo que escribía hacía
referencia constantemente a su contexto argentino.
La misma Althaus-Reid menciona una historia conmovedora
presentando una ponencia en una conferencia en la
universidad Newman College en Birmingham donde Jon
Sobrino, destacado teólogo de la liberación de El
Salvador, también habló.
Fuimos los únicos dos oradores de América Latina, sin
embargo Jon Sobrino no sólo se rehusó a entrar en
diálogo con mis reflexiones, sino que aun en su propia
presentación ignoró todo tema de género. No es fácil
para una teóloga feminista latinoamericana encontrar
compañeros en la lucha incluso entre aquellos que por
otro lado hicieron tanto por la causa del reino de Dios
en el continente. Es mi esperanza que aquellos que
condujeron el camino no se contenten manteniéndose
quietos. Mis palabras de despedida para Sobrino fueron
“Necesitamos seguir caminando…”[2]
Así parece que este silencio determinante refleja
algunos prejuicios ideológicos y no solo la falta de
disponibilidad de su trabajo en español. Aun así su
trabajo es calurosamente apreciado por algunos teólogos
latinoamericanos. El distinguido teólogo de la
liberación de “segunda generación”, el brasileño Jung Mo
Sung, escribió un poderoso tributo a Althaus-Reid que
circuló por correo electrónico (en portugués) después de
su muerte. Durante su vida, Althaus-Reid cultivó una red
de conversación entre teólogos/as latinoamericanos/as
sobre teología de la liberación y sexualidad, el Grupo
Virtual de Teología de la Liberación Queer donde
intercambiaron ideas y textos[3]. Es de esperarse que
respuestas a su muerte, tal como los artículos de la
colección de este libro, llevarán a una mayor lectura y
apreciación de su trabajo.
Para aquellos no familiarizados con sus escritos es útil
desempacar el uso de los términos “decencia” e
“indecencia” de Althaus-Reid, y lo que significa
comprometerse con “indecentar” los símbolos teológicos y
los símbolos culturales en general.
Para Althaus-Reid la “decencia” es un sistema, un
sistema sexual, social, político, económico y teológico
que moldea totalmente la manera de pensar y actuar en
relación a nosotros mismos y a los otros, y en relación
al mundo natural.
La decencia es la manifestación de lo que ella llama la
“matriz heterosexual”.
Un gran número de personas caen fuera de la pálida
“decencia”, personas bisexuales, gays y lesbianas,
travestis y prostitutas, y también mujeres solteras y
divorciadas, mujeres que han practicado abortos, mujeres
totalmente independientes, hombres sensibles que
renunciaron al comportamiento “macho”.
La indecencia, es también atribuida a cualquiera que
desafíe el estatus-quo político, económico y cultural.
Se refiere a las psicólogas y a las madres de la Plaza
de Mayo que protestaron contra la desaparición de sus
parientes por el gobierno argentino como “putas” y
“locas” (también putas). Durante la dictadura militar se
hacía cumplir un estricto código de peinar y vestir
donde la policía agarró los hombres con cabello largo
para cortarles el pelo, y las mujeres y niñas con faldas
por sobre las rodillas fueron atacadas. Cualquier
disidencia de pensamiento o comportamiento fue
sancionada.
La “matriz heterosexual” es un sistema de dominación
jerárquica modelado según hombres sobre mujeres, padres
sobre hijos, que moldea todas nuestras relaciones e
ideas sobre relaciones, desde cómo Dios se relaciona con
los humanos y con la naturaleza hasta cómo el sistema
económico moldea abundancia y pobreza a través de la
asignación de recursos. “Indecentar” los códigos que
gobiernan la sexualidad y la sociedad es desenmascarar,
o, como le gusta decir a Althaus-Reid, “desvestir” la
manera en que estos códigos y símbolos reafirman los
patrones de dominación hetero-jerárquica.
Althaus-Reid escribió su teología consciente del
trasfondo de la Conquista de América Latina por los
militantes conquistadores católicos españoles en el
siglo XVI que confiscaron las mejores tierras,
subyugaron a los nativos originarios de Latinoamérica,
haciéndolos sus esclavos, forzándolos a trabajar y pagar
tributo, y reprimiendo su visión de su mundo cultural.
Todavía estas personas no han desaparecido. Siguen vivas
en millones de comunidades que siguen hablando su lengua
nativa y practican sus ritos ancestrales en forma
encubierta. Viven también en una enorme parte de mujeres
y hombres latinoamericanos que son “mestizos”, producto
de la violación de mujeres indígenas por hombres
cristianos.
La conquista formó los códigos latinoamericanos de
“decencia” como un sistema sexual, de clase y racial.
Originalmente solo los “peninsulares”, españoles nacidos
en España, fueron enteramente “decentes”. Los criollos,
españoles nacidos en América, lo fueron menos, y durante
más de trescientos años de colonialismo español no se
les permitió ocupar los más altos cargos en la iglesia o
en el gobierno. Las revoluciones al inicio del siglo XIX
que crearon naciones-estados independientes en América
Latina, fueron revoluciones criollas que desmontaron su
yugo. Brasil tuvo un camino de independencia diferente,
pasando por más de un siglo de monarquías bajo la real
familia portuguesa, hasta declararse a sí misma
República y liberar finalmente a los esclavos (1888).
Pero las revoluciones nacionales de los criollos no
liberaron completamente a los grupos aun más marginales,
mestizos, mulatos, indios, africanos, hombres y mujeres,
en estratos descendentes de “castas” basadas en razas,
clases y géneros jerárquicos. Para mujeres y niños de
las castas mas bajas había menos protección contra abuso
sexual por parte de los hombres blancos cristianos, que
podían usar y matar gente de clases bajas con impunidad.
Toda esta gente así era “indecente”, prostitutas por
definición.
Formando un sistema sexual, social, económico y político
de dominación y subordinación estuvo cerca de
relacionarse con la Cristiandad. A pesar de las
protestas ocasionales de obispos misioneros como
Bartolomé de las Casas[4], la Cristiandad proveo los
símbolos religiosos de control, subyugación y
explotación. Este sistema de símbolos es aun dominante
en Latinoamérica, y fue reclamada constantemente por el
estado de seguridad nacional en la dictadura de los 70s
que pretendía ser la defensores de la “civilización
cristiana” en contra de los comunistas ateos. Como
veremos más adelante, no fue accidental que la figura
nacional de “María” de cada nación es generalmente vista
como la patrona de los militares[5]. Los dictadores son
fervientes devotos de María.
El cristianismo “erguido” como cultura dominante
reprimiendo constantemente las vías alternativas de
pensamiento que vienen de los pueblos conquistadas cuyas
culturas son negadas pero aun presentes en los herederos
de los maya, nahuatl y en el mundo pre-incáico e incáico
de México y los Andes. Lo que es más, estas culturas
reprimidas mundialmente han estado re-emergiendo en
América Latina y Central en los 80s y hasta hoy en día.
Evo Morales, el primer presidente boliviano
completamente aymara, celebró su instalación como jefe
de estado yendo primero a la antigua ciudad aymara de
Tiahuanco para una ceremonia indígena. Bolivia, Ecuador,
Perú y Paraguay ahora reconocen la lengua indígena como
lengua nacional junto con el español. La Iglesia
Católica ha sido desplazada como religión del estado y
la Pachamama, la madre – tierra andina, reconocida como
patrona en la nueva constitución de Bolivia.
Para Althaus-Reid una de las mayores fallas de la
teología de la liberación de los años 70s y 80s fue
simplemente asumir la cultura católica cristiana de
Latinoamérica como normativa, incluyendo los códigos
sexuales de decencia, y nunca reconocer la represión,
pero aun presenta visiones religiosas del mundo en
aquellos “pobres campesinos” que eran originarios como
el tema de su teología. Esta visión religiosa del mundo
indígena puede proveer muchas alternativas importantes
para la cultura sexual-social del catolicismo latino.
Para la gente andina, maya y nahuatl, lo divino es visto
como multiestratificado y bisexual.
La tradición nahuatl habla de la divinidad mas alta
habitando en el décimotercer cielo como Ometéotl, el
señor y señora de la dualidad, Ometecuhtli-Omecíhuatl.
Este género dual es repetido en cada nivel de existencia
divina desde el rango medio donde viven los humanos
hasta el inframundo.
Esta dualidad de géneros no es una jerarquía de hombres
sobre mujeres, sino la complementariedad de lo
masculino-femenino en unidad, y de esta manera
fundamentalmente diferente de la matriz heterosexual
cristiana. “Vestirse cruzado” (cross-dressing) y fluidez
de género son típico en la religión Nahuatl, con hombres
usando los vestidos e incluso las pieles de las
divinidades femeninas. Esto no significa que las
ancestrales tradiciones indígenas hayan sido
igualitarias. Por lo menos en sus formas imperiales
fueron culturas guerreras dominadas por hombres, como
Althaus-Reid afirma[6]. Pero ellos ofrecen patrones
alternativos sexuales y de género que son recursos de
las/os latinoamericanas/os hoy, pero que la teología de
la liberación de los años 80s falló por considerar.
Para Althaus-Reid, una teología de la liberación que
desviste la “decencia” necesita hoy referirse a estas
tradiciones como integrales para su identidad
subversiva. El ministerio de las mujeres
latinoamericanas necesita caminar en faldas
serpenteadas, enraizadas en presencia de Coatlicue, la
Diosa madre Azteca con sus faldas de serpientes
retorcidas. Necesita hacer teología sin ropa interior en
unión con las mujeres indígenas con faldas pesadas y sin
ropa interior que venden limones en las plazas de Buenos
Aires.
Althaus-Reid también ve importantes recursos para la
teología indecente en las culturas populares de América
Latina. Está la cultura subversiva del carnaval donde
Cristos travestis desfilan con María Magdalenas drag con
trajes elaborados y pintadas. Ella misma había
considerado una vez ir al carnaval como personificación
femenina de la Virgen de Guadalupe[7]. La religiosidad
popular latinoamericana inventa cultos alternativos, así
como la Santa Librada (Santo Liberado), un travesti,
María crucificada y La Difunta Correa, una madre muerta
con generosos pechos alimentando a su bebé, patrona de
los camioneros en el desierto[8].
La cultura popular latinoamericana participa en una
interminable subversión creativa de la “decencia”
oficial que se revela en grafitis y canciones populares,
dichos y prácticas, que se pueden encontrar en artículos
de periódicos raros o shows de radio. Althaus-Reid se
deleita reclamando estas tradiciones subversivas como
puntos iniciales de reflexiones teológicas indecentes.
Así, su “desvestida” crítica de la “Ortodoxia Radical”
(Radical Orthodoxy), un conocido movimiento teológico en
Britania, comienza con una historia sobre mendigos en
Buenos Aires, uno de los cuales encontró una tarjeta
postal enmarcada de una “Virgencita” y una catedral la
que el ofreció en venta por veinte dólares[9].
Althaus-Reid fue entrenada como una teóloga de la
liberación en el ISEDET (Instituto Superior Evangélico
de Estudios Teológicos) en Buenos Aires, la principal
escuela de este enfoque en la educación teológica en
Argentina y en América Latina en general, en los 80s,
durante la dictadura militar cuando muchos pastores y
teólogos comprometidos con la justicia, vivieron en
terror de perder sus vidas. Ella estudió bajo el querido
José Severino Croatto, un exégeta bíblico que enseñó a
sus estudiantes que leer la Biblia, es un proceso de
producción de significados formados por su contexto, más
que ser una verdad única e inmutable para todo el
tiempo[10].
En todos sus escritos posteriores Althaus-Reid sigue
enraizada en sus fundamentos como teóloga de la
liberación comprometida con la opción preferencial por
los pobres y la sociedad libre de opresión. Para ella,
la teología indecente es la siguiente etapa de la
teología de liberación empujada a una nueva crítica
sobre quienes son los “pobres” que son el sujeto de la
teología de la liberación (en el doble sentido de
sujeto, como “tema” y “agente” o creador de la teología
de liberación).
Para Althaus-Reid, cuando en América Latina en los 70´s
la teología de la liberación estalló por primera vez en
el pensamiento y la praxis, fue profundamente
“indecente”, en el sentido de ser un desafío profundo al
status quo particularmente durante los opresivos
regímenes militares, tal como el que reinó en Argentina
de 1976 a 1983. Incluso la traducción de la Biblia, la
Biblia Latinoamericana, fue considerada como “indecente”
porque enseñaba a los/as latinoamericanos/as a leer la
Biblia como un documento de justicia social develando
las denuncias de ideologías y sociedades opresivas, y a
aspirar a una sociedad justa. Fue prohibida en las
librerías en Argentina durante la dictadura[11].
Pero la teología de la liberación en los 70s y 80s tuvo
sus limitaciones, como mostró Elina Vuola, estudiante
finlandesa de la teología latinoamericana[12]. Las voces
y conciencias de gente indígena latinoamericana y
afro-americanos estuvieron ausentes. No había diálogos
con teólogos de la liberación protestantes, a pesar de
que varios protestantes tales como José Miguel Bonino y
Rubén Alves han sido pioneros en la teología de
liberación en los 70s.[13] La obra intencionada como
colección autorizada de la teología de liberación
editada por Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría, Mysterium
Liberationis: Conceptos Fundamentales de la Teología de
la Liberación, publicada en España en 1990, no incluye
escritores protestantes. Los jesuitas predominan entre
los escritores. Sólo dos artículos fueron escritos por
mujeres, “Mujeres y la teología de la liberación” por
Ana María Tepedino y Margarida Ribeiro Brandao y “María”
por Ivone Gebara y María Clara Bingemer[14]. Así las
teólogas mujeres ocupan un tipo de “gueto femenino” en
este volumen.
Incluso hoy en día, al final de la primera década del
siglo XXI los teólogos de la liberación en Latinoamérica
o en Asia y África no han aceptado realmente a las
mujeres y las teólogas feministas[15]. La ordenación de
mujeres o la enseñanza teológica siguen marginalizadas.
Aun más, no se discute nada que tenga que ver con los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Cuando
Ivone Gebara en una entrevista de una popular revista
feminista Brasilera Veja en 1993expresó su apoyo al
aborto legal, para que así las mujeres pobres no mueran,
fue rápidamente silenciada por el Vaticano y enviada por
dos años a una “reeducación” en teología católica (donde
escribió un libro sobre la experiencia del mal de las
mujeres)[16], ni un solo teólogo de la liberación habló
en su defensa.
Así, la teología de la liberación latinoamericana, a
pesar de su subversivo comienzo, aceptó una cierta
normalidad de “decencia” en grandes áreas de la
organización social y cultural en América Latina,
particularmente en términos de las jerarquías sexuales.
Las mujeres siguen siendo marginalizadas, los gay no
aparecen en absoluto. Lo que es más, para Althaus-Reid
los teólogos de la liberación construyeron a los
“pobres” como sujeto de la teología de la liberación de
una manera muy limitada. El pobre continuaba siendo el
“campesino” cristiano rural, implícitamente varón. No
reconocieron que muchos de estos “campesinos” son
actualmente “indios” con un pasado pre-cristiano
implícitamente hombres. No se discutía que las mujeres
rurales “campesinas” tenían problemas adicionales, tales
como la violación, la violencia doméstica y la falta de
acceso a métodos anticonceptivos. Tampoco fue mencionado
que los pobres urbanos, que podían ser niños de la
calle, mujeres que venden su sexualidad por comida para
sus hijos, y travestis viviendo bajo puentes, estaban
expuestos a ser asesinados por la policía, ocupada de
librarse de gente “desechable”.
Para Althaus-Reid la teología de la liberación
Latinoamericana fue cooptada por la “normalidad” en
otras vías. Fur tratada con condescendencia por un tipo
de voyerismo y turismo “revolucionario” norteamericano y
de Europa Occidental[17]. Durante veinte años la
teología de la liberación vendió libros (traducidos) y
sus teólogos (clérigos masculinos) aparecieron en
conferencias y universidades en el Norte. Algunos
temerarios imaginativos de “revoluciones” del norte
vinieron a América Latina para ver Comunidades de Base
humildemente haciendo sus estudios bíblicos con los
pobres, con poca comprensión de lo que realmente estaban
viendo en el contexto la sociedad más amplia. Así,
Althaus-Reid describe a un Obispo que visitó su iglesia
en Buenos Aires dirigiéndose a ella como si fuese una
“pobre” campesina analfabeta, sin reconocer que la mujer
a la que él estaba hablando, a pesar de ser
económicamente pobre, era una estudiante de teología en
el ISEDET[18]. Se puede añadir que aquellos que fueron
tan condescendientes con la teología de liberación en
los 80s, fueron igual de rápidos para dejarla en los 90s
cuando entre las iglesias del norte y círculos
académicos corría la voz que la teología de liberación
latinoamericana estaba “pasada”. Cuando dejó de ser
traducida, dejó de ser leída en el Norte, ya que el
español y el portugués no son consideradas “lenguas
teológicas” que los estudiantes de teología de los
Estados Unidos y de Europa Occidental usualmente
aprenden a leer.
Para Althaus-Reid la teología de la liberación
latinoamericana no solamente no está “acabada”, sino es
un proceso viviente que necesita empujar continuamente
nuevos límites. La teología indecente es uno de esos
límites. Hay cinco elementos claves en este desarrollo
creciente de una teología que es necesitada para
“desenredar la red de opresiones ideológicas construidas
alrededor de la sexualidad y la economía”[19]. Estas
son: 1) Reconociendo los límites de la construcción del
sujeto teológico y rehusándose a ignorar a aquellos que
están fuera del sistema heterosexual. 2) Reconociendo la
relación entre ideologías sexuales e ideologías
raciales. 3) Permitiendo a la gente de varios grupos
“salir” contando sus historias. 4) Leyendo la Biblia
sexualmente, incorporando la construcción heterosexual
de las historias en la “hermenéutica de la sospecha”. 5)
Reconociendo la construcción heterosexual de los
símbolos teológicos, como por ejemplo Dios.
Para Althaus-Reid la teología indecente no es solamente
una teología “gay” o “queer” que incorpora a las
personase gay, lesbianas y bisexuales como tema y agente
de la teología, aunque eso también es importante. Las
personas heterosexuales también están socialmente
construidas por su “matriz heterosexual” y necesitan
“salir” acerca de la complejidad real de su realidad
sexual La teología indecente la liberación de la
teología y la sociedad de un sistema multi-dimensional
de opresión ideológica y socio-económica. Es acerca de
la búsqueda de nuevos modelos de comunidad y amistad
fuera de los límites de este sistema que puedan ser de
ayuda para todos/as nosotros/as. En sus palabras
“desvelando la sexualidad como una ideología al interior
de la teología nos ayuda a mantener nuestra fe no
solamente como un ejercicio negativo de denunciar las
manipulaciones teológicas, sino también redescubriendo
la presencia de Dios y la sabiduría de Dios en las
comunidades de aquellas/os que están fuera de las
ideologías heterosexuales”[20].
La teología indecente también radicaliza la teología
feminista latinoamericana. La teología feminista es el
paso más grande hacia la expansión de la teología de la
liberación más allá de su ceguera de género. Para
Althaus-Reid la teología feminista en América Latina no
“reemplaza” pero se construyen sobre la teología de la
liberación. Pero la misma teología feminista necesita
comprometerse en un proceso transformativo que vaya más
allá de sus limitaciones iniciales. Althaus-Reid es una
severa crítica de las teologías feministas que
simplemente hablan de leer teología “con ojos de mujer”
o desde la perspectiva de las mujeres sin ninguna
crítica a la matriz heterosexual de la teología clásica
cristiana que la teología de la liberación no cuestiona.
Ivone Gebara, probablemente la teóloga feminista líder
en América Latina hoy en día, habla de tres etapas de la
teología feminista latinoamericana. La primera etapa en
los 1970s -en respuesta al movimiento feminista secular
en América Latina y la traducción de la teología
feminista de los Estados Unidos y Europa occidental,
insistió en que la teología de la liberación reconozca a
la mujer como sujeto histórico oprimido y expanda su
discusión genérica sobre “el pobre”. Las mujeres son
oprimidas en la narrativa bíblica así como en la
sociedad y la iglesia latinoamericanas. Las mujeres
exégetas bíblicas comenzaron a investigar sobre los
roles femeninos en la Biblia, profetizas y matriarcas,
así como las discípulas de Jesús.
En una segunda etapa en los 80s, las teólogas feministas
comenzaron a desafiar al carácter masculino de los
símbolos teológicos cristianos y a exploran los símbolos
femeninos, así como la Sabiduría divina. El rol de las
mujeres en la teología se expandió como catequistas y
profesoras así como líderes en las Comunidades de Base.
Los teólogos de la liberación comenzaron a incluir a
algunas mujeres en sus conferencias y publicaciones para
dar una “perspectiva de la mujer”. Gebara habla sobre
ambos de estos estados como “feminismo patriarcal” que
no desafió a los paradigmas patriarcales de la
antropología binaria como masculino y femenino, o la
construcción patriarcal de Dios y el cosmos, sino
simplemente hizo la mujer visible en su “lugar” en este
sistema.
Gebara se ve a sí misma y a otras promoviendo una nueva
etapa más radical de la teología feminista a finales de
los 80s y en los 90s, demostrado en el eco-feminismo.
Esto significa no añadir solamente la perspectiva
femenina a la teología, sino también desmantelar el
paradigma patriarcal inicial del pensamiento occidental
que formó las relaciones entre los humanos, con la
naturaleza y con Dios basadas en la jerarquía de lo
masculino sobre lo femenino. La estructura simbólica
entera de la filosofía, la teología y el orden social
están basados en esta jerarquía de género. Dios sobre la
creación, el hombre sobre la naturaleza, la mente sobre
el cuerpo, el espíritu sobre la materia, está enraizado
en el paradigma básico de lo masculino sobre lo
femenino, simbólico y socialmente. La teología feminista
necesita desmantelar el paradigma simbólico completo y
repensar todas estas construcciones, transformándolas
desde una jerarquía a una relacionalidad
igualitaria.[21]
La crítica de Gebara de las primeras etapas de la
teología feminista latinoamericana como “feminismo
patriarcal” y su llamado a una tercera etapa que
desmantele el paradigma patriarcal simbólico y social
completo tiene paralelas con la crítica de la matriz
heterosexual del pensamiento teológico y social de
Althaus-Reid. Desafortunadamente la lectura que hace
Althaus-Reid de Gebara se ve limitada a su trabajo
temprano en Mariología que Gebara misma considera como
pasado[22], y parece no haber leído o respondido a sus
trabajos más recientes.
Aunque Althaus-Reid podía haber encontrado el último
trabajo de Gebara más cercano a ella, podría haber
desafiado sus limitaciones, así como las limitaciones
del punto de vista eco-feminista de sus seguidoras, como
por ejemplo la revista Con-spirando, fundada en 1992 en
Santiago de Chile y editada por Mary Judith Ress. Si
bien Gebara fue sancionada por el Vaticano por abogar
por la des-criminalización del aborto, el aborto o los
derechos reproductivos de las mujeres en general han
sido poco discutidos en sus escritos o en los de esta
revista[23]. Desafíos explícitos de heterosexualidad,
discusiones de teorías queer o escritos desde una
perspectiva lesbiana aparecen ocasionalmente[24]. El
pensamiento propio de Althaus-Reid aparece una vez en un
artículo de su libro Teología Indecente en “Levantando
las faldas de Dios”[25].
Aunque Con-spirando hace del cuerpo un tema central y
discute a menudo sobre la sexualidad, no se mueve casi
nunca de una crítica del patriarcado a una crítica de
heterosexualidad. Eso es el desafío que la teología
indecente de Althaus-Reid presenta a la teología
feminista en América Latina.
La teología indecente de Althaus-Reid presenta una
deconstrucción mayor y haciendo raros (queering) los
símbolos teológicos mayores, particularmente la
comprensión de la Mariología, la Cristología y de Dios.
En este ensayo me centraré en sus críticas y
re-imaginación de estos tres símbolos. Althaus-Reid
pertenece a una tradición Reformada por entrenamiento
adulto y afiliación, y por lo tanto podría esperarse que
ignoraría la Mariología, pero ella ha escrito
extensamente acerca de ésta, con tres ensayos mayores y
muchas referencias en sus escritos[26]. Como mujer
latinoamericana escribió acerca de la Mariología con
mucho interés y consciente de las raíces dudosas y la
enorme influencia de las tantas figuras de María en la
piedad oficial y popular y su rol en moldear la
ideología de género en América Latina.
Para Althaus-Reid las figuras mariológicas en América
Latina son una expresión preeminente de la conquista
católica española y la reformulación colonial de la
sexualidad y los roles de género, impuestos sobre los/as
indígenas que pensaron y actuaron diferentes. Los
conquistadores españoles -adoradores de María- eran
asesinos y de los indígenas y de sus culturas. La
adoración de María y el asesinato de los/as indígenas
eran muy ligados, y las narrativas de conquista
retrataban a menudo a María como guía de los
conquistadores en sus masacres de indios. El sistema
heterosexual de machismo o la preeminencia masculina
latinoamericana tiene, como su contraparte, el
Marianismo o a la esposa o madre sumisa,
auto-sacrificada y sufriente.
Las apariciones de María la retratan típicamente
apareciéndose a un humilde catequista indio no para
pedir justicia para los indios sino para presentar una
demanda a las autoridades de la iglesia para que le
construyan un gran templo para tener su estatua como la
personificación de su aparición local. Ella nunca pidió
por casas para los pobres o protestó en contra de los
abusos de los derechos humanos. A lo largo de la
historia de América Latina, la Mariología usualmente
está al lado del poder opresivo de la clase dominante.
Esto fue reforzado durante el período de la dictadura
militar, como se mencionó anteriormente, cuando los
seguidores de la seguridad nacional del estado fascista
solían presentarse como fervientes seguidores de María.
Esta relación de los seguidores de María con el fascismo
nacional está ejemplificada en la historia sobre una
procesión religioso en honor a la Virgen de Luján
durante la dictadura militar en Argentina, cuando un
cura liderando la procesión gritó con un megáfono “el
Argentino que no venera a la Virgen es un traidor de la
Patria y merece que le disparen por la espalda”.[27]
Para Althaus-Reid la Mariología de la tradición
cristiana es una construcción enteramente patriarcal
anti-sexual y no tiene bases reales en un ser humano con
una historia e identidad alternativa que pueda ser
reclamada o reinterpretada, a diferencia de la figura de
Jesús. Si bien, Jesús indudablemente tenía una madre, la
figura de María no se basa en ninguna memoria de esta
mujer, sino ha sido inventada para representar ciertas
visiones sobre la impureza de las mujeres de una forma
extrema. Althaus-Reid ridiculiza los esfuerzos de
algunas teólogas feministas, así como el ya mencionado
libro de Ivone Gebara y María Clara Bingemer de reclamar
a María como liberadora de los pobres y las mujeres
pobres por retratarla como una pobre mujer campesina.
Para Althaus-Reid el vestido y la apariencia de María es
predominantemente aquella de una “mujer blanca rica que
no camina”, es decir, no hay flexibilidad de
reinterpretación ninguna.
Pese a que Althaus-Reid está también muy consciente de
la enorme influencia de la imagen de María en
Latinoamérica, que a menudo sustituye al Dios de Cristo.
La piedad mariana difícilmente puede ser ignorada. Pero
para liberarla hay que salirse de la Mariología oficial
de la iglesia y mirar algunas áreas de la Mariología
popular donde la gente pobre se apropia de la figura de
María y la reforma de maneras indecentes, tales como
uniendo a María y un Cristo travesti. La Mariología
representa entre las masas latinoamericanas un anhelo
por la madre, por un poder divino que los cuide, por
esperanza en situaciones desesperanzadoras después de
tantas traiciones históricas de las promesas de la
iglesia y el estado. Como dijo el escritor Mexicano
Octavio Paz : “Después de más de dos siglos de
experimentos y derrotas, el pueblo mexicano sólo tiene
fe en la Virgen de Guadalupe y la Lotería Nacional”[28].
Althaus-Reid encuentra un mayor potencial liberador en
Jesús que en María. Aunque Cristo también llegó a
Latinoamérica como representante de la conquista, el
Jesús en el Nuevo Testamento tiene un núcleo de realidad
histórica. Es posible releer las historias de Jesús y
encontrar un potencial indecente. Su construcción como
modelo de rol heterosexual de celibato para curas
heterosexuales célibes por la iglesia puede fácilmente
ser “desvestida” como una ficción ideológica de una era
tardía de la Cristiandad. Jesús tiene un ardiente amor
por los hombres en su vida.
Ama a Lázaro e interrumpe su funeral para resucitarlo.
El discípulo amado estuvo apoyado en su pecho durante la
última cena. Fue rodeado y alabó a mujeres anormales
como María Magdalena. Puede ser visto como una figura
lesbigay que daría la bienvenida a personas gay,
lesbianas y bisexuales en su mesa.
Sin embargo, Althaus-Reid no idealiza a Jesús ni lo hace
omnisciente en su manera moral de comprender las
realidades de injusticia y justicia. Más bien lo ve como
un hombre de su tiempo, mas perspicaz y compasivo que la
mayoría con los marginales, los pobres y los
marginalizados, pero aún así limitado por su contexto
cultural. Así, Jesús llega a la mujer marginalizada con
flujo de sangre, parando la hemorragia para así
purificarla. Pero el no denuncia el sistema de impureza
ritual que hace a las mujeres impuras por la
menstruación. Al igual que los teólogos de la liberación
Jesús necesita seguir creciendo, ser desafiado y ver
flexibilizado para ver dimensiones más profundas del
sistema heterosexual de injusticia que moldea la
sociedad[29].
Un Cristo lesbigay espeja a un Dios queer abierto hacia
la diversidad entera de la propia creación de Dios,
liberado de la matriz heterosexual que hace de Dios el
autor de la dominación del macho. Althaus-Reid ve
potenciales queer en doctrinas como la Trinidad en la
cual Dios es un “triángulo”, interconectando tres
personas en relaciones amorosas uno con el otro. Ella
pone a conversar las Escrituras y al Marqués de Sade
para revelar perspectivas ocultas de las historias
bíblicas. Examina tradiciones alternativas en la
sociedad latinoamericana, tal como una ciudad indígena
en el Perú que venera tres montañas, masculina, femenina
y bisexual, y en las religiones Afro-Brasileñas que dan
la bienvenida a líderes lesbianas y gay, preguntándonos
cómo podríamos pensar en Dios desde estas
tradiciones.[30] Su visión es inclusiva; no de una
comunidad que excluye a los/as heterosexuales, sino por
el contrario una comunidad que también libera a los/as
heterosexuales de la opresión homofóbica como parte de
un pueblo queer de un Dios queer donde muchas maneras de
relacionarse son bienvenidas y valoradas. Porque, en su
perspectiva, “solamente en el anhelo por un mundo de
justicia económica y sexual, juntos y no subordinado al
otro, el encuentro con lo divino puede tener lugar”.[31]
Marcella Althaus-Reid tuvo un espíritu al mismo tiempo
juguetón y revoltoso, enormemente creativo y
profundamente comprometido con la dedicación de la
teología de la liberación a la opción preferencial por
los pobres, incluso al expandir su reconocimiento de la
diversidad de aquellos oprimidos por el sistema
dominante y todas sus manifestaciones sexuales,
económicas, políticas e ideológicas. Su pérdida a la
relativamente corta edad de 57 años es una gran tragedia
para la vitalidad persistente del trabajo teológico
liberador. Solo puede ser compensada en parte por la
dedicación de hacer su trabajo más conocido y apreciado
y continuar explorando el legado que dejó en la misión y
en la intensa orgía de sus tantos libros y artículos.
Marcella nos enseñó que para decir la verdad debemos
aprender a “hablar sucio”, de arrancar las falsas
modestias y “desvestir” las ideologías sexuales
acechando debajo del sistema de dominación que nos
empobrece a todos/as.
Traducción: Rebecca González
Revisión: Ute Seibert
[1] La Teología Indecente (Barcelona: Bellaterra, 2005)
[2] En Marcella Althaus-Reid, From Feminist Theology to
Indecent Theology: Readings on Poverty, Sexual Identity
and God (London: SCM Press, 2004), 6-7.
[3] Ver Marcella Althaus-Reid, ed., Liberation Theology
and Sexuality (London: Ashgate,
2006), pp. 2-3.
[4] Ver por ejemplo, Bartolomé de las Casas, Brevísima
relación de la destrucción de las
Indias ( 1542): (Madrid: Ediciones Cátedra, 1999).
[5] Ver por ejemplo, “La Virgen de los Treinta y Tres”
de Uruguay, en Vírgenes y Diosas
en América Latina, coordinadoras: Verónica Cordero,
Graciela Pujol, Mary Judith Ress y Coca Trillini
(Santiago, Chile: Conspirando, 2004), 177-200. Sobre la
decoción a María de Pinochet y la eprspectiva de María
de los dictadores argentinos, ver Marcella Althaus-Reid,
Indecent Theology: Theological Perversions in Sex,
Gender and Politics (New York: Routledge, 2000), 59-60.
[6] Indecent Theology, 11-19
[7] Ibid., 47.
[8] Ibid., 79-86.
[9] “A Saint and a Church for Twenty Dollars: Sending
Radical Orthodoxy to Ayacucho,”
En Marion Grau y Rosemary Ruether, Interpreting the
Postmodern: Responses to
Radical Orthodoxy (New York: T. and T. Clark, 2006),
107-108.
[10] José Severino Croatto, Biblical Hermeneutics:
Toward a Theory of Reading as the
Production of Meaning (Maryknoll, NY: Orbis Books,
1995).
[11] Ver Marcella Althaus-Reid, “From Liberation
Theology to Indecent Theology,” en
Latin American Liberation Theology: The Next Generation,
Ivan Petrella, ed.
(Maryknoll, NY: Orbis Books, 2005), 21-22.
[12] Elina Vuola, Limits of Liberation: Praxis as Method
in Latin American Liberation
Theology and Feminist Theology (Helsinski: Suamalainen
Tiedeakatemia, 1997).
[13] El primer libro de José Miguez Bonino fue Doing
Theology in a Revolutionary Situation
(Philadelphia, PA: Fortress, 1975). Ruben Alves’ A
Theology of Human Hope (New York: Corpus, 1971) fue
originalmente títulado una “Teología de la liberación” y
hubiese sido el primer libro publicado con este título,
antecediendo el de Gustavo Gutierrez.
[14] Mysterium Liberationis, (Maryknoll, NY: Orbis
Books, 1993), pp. 222-231 and 482-
495.
[15] La Comisión de Mujeres de la Asociación Ecuménica
de Teólogosdel Tercer Mundo que se formó como grupo
separado el interior de ASETT en 1982 sigue luchando
contra los teólogos de la liberación masculinos por su
falta de incorporaciçón de la crítica de mujeres y
feminista.
[16] Ivone Gebara, Out of the Depths: Women’s Experience
of Evil (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2002)
[17] Vea su ensayo “Gustavo Gutiérrez Goes to Disney
Land: Theme Park Theologies and the Diaspora of the
Discourse of the Popular Theologians in Liberation
Theology,” en From Feminist Theology to Indecent
Theology, pp. 214-142.
[18] Indecent Theology, p. 26.
[19] From Feminist Theology to Indecent Theology,”
35-36.
[20] Ibid., 37.
[21] Ver la entrevista de Gebara con Mary Judith Ress,
“Ecofeminism and Panentheism,” en Creation Spirituality
(November/December, 1993), 9-11.
[22] Eso es el libro de Ivone Gebara y Maria Clara
Bingemer Mary: Mother of God, Mother of the Poor (New
York: Orbis, 1989), la base del artículo que estas
autoras escribieron en el compendio de la teología de la
liberación, Mysterium Liberationis. Parece que eso es el
único libro de Gebara alguna vez citado por Althaus-Reid.
[23] En el número de Con-spirando de Septiembre 1993, el
mismo año como su entrevista en Veja, Ivone Gebara
publicó un artículo sobre aborto. Después de eso no hubo
nada más sobre este tema, excepto un artículo de Coca
Trillini, Coordinadora de Católicas por el Derecho de
Decidir sobre la experiencia de este grupo trabajando
por la legalización del aborto en América Latina (Abril,
2004).
[24] En el número de Septiembre, 2001, la teología
lesbiana norteamericana, Mary Hunt, tiene un artículo
sobre el amor lésbico. En el número de Diciembre, 2004
se pubicó un artículo sobre la teoría queer y en Agosto
de2006 un artículo sobre erotismo lésbico y en 2008 hubo
tres artículos desde las perspectivas lesbianas o queer..
[25] Número 39 (Marzo, 2002).
[26] “The Indecent Virgin,” in Indecent Theology, 47-86;
“When God is a Rich White Woman who does not Walk: The
Hermeneutical Circle of Mariology in Latin America,” en
From Feminist Theology to Indecent Theology, 30-43, y
“The Virgin Mary: Many Images, Many Interests,” en
Controversies in Feminist Theology, Lisa Isherwood y
Marcella Althaus-Reid, eds. (London: SCM Press, 2007),
63-80.
[28] Octavio Paz, a Jacques Lefaye, Quetzalcoatl and
Guadalupe: The Formation
of Mexican National Consciousness, 1531-1813 (Chicago:
University of Chicago Press,
1976), p. xi.
[29] Ver “Do not Stop the Flow of my Blood: A Critical
Christology of Hope among Latin American Women,” From
Feminist Theology to Indecent Theology, 44-59.
[30] Indecent Theology, p. 59
[31] The Queer God (London: Routledge, 2003), pp. 25-29,
117-120, 158-162. Indecent Theology, p. 200.
Fuente:
nacionjuvenil.blogspot.com
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