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¿Existe el terrorismo religioso?

P. Fernando Pascual
Con frecuencia se habla de “terrorismo islámico”.
Con menos frecuencia se habla de terrorismo
hinduista, terrorismo hinduista, o terrorismo
cristiano.
Podemos preguntarnos: ¿es correcto hablar de
terrorismo religioso? ¿Existen ideas en las propias
creencias religiosas que impulsan a las personas a
cometer crímenes sobre seres humanos inocentes y
desarmados?
La respuesta
puede encontrarse desde una doble perspectiva. La
primera, teorética (o de contenidos): si las
religiones, en su esencia profunda, son caminos a
través de los cuales los hombres buscan la verdad
sobre Dios y sobre sí mismos, resulta sumamente
contradictorio hablar de terrorismo religioso. La
segunda, desde una perspectiva “sociológica”:
parecería posible que algunas personas concretas
usen (manipulen, deformen) sus creencias religiosas
para usarlas “motivaciones” o excusas para el
crimen.
El acercamiento de los hombres al mundo de Dios
implica un esfuerzo por acoger verdades que
enaltecen y que orientan la propia vida. Ser
religioso significa reconocer la existencia de una
realidad superior, un Ser divino, que da valor y
sentido a la vida humana en el tiempo y en lo
eterno, y que exige un comportamiento acorde con las
propias convicciones religiosas.
Existe, ciertamente, un pluralismo religioso que
hace que el acercamiento a Dios no sea fácil. ¿Cuál
de las religiones sería la verdadera? La pregunta
resulta fundamental, pues la aceptación de unas o de
otras creencias no puede apoyarse simplemente en
emociones personales, en tradiciones de grupo, en
miedos irracionales o en prejuicios injustificados.
Por desgracia, pueden darse formas de perversión
individuales o de grupo, también a nivel teórico,
que lleven a pensar que la muerte de otros seres
humanos inocentes sea parte de la propia vida
religiosa. Estos tipos de perversión, sin embargo,
muestran una de las más dramáticas paradojas del ser
humano: llegar a confundir lo malo con lo bueno,
hasta el punto de creer que un crimen horrendo sea
agradable a Dios.
Junto a esas formas de perversión de algunas
religiones, es posible que entre los creyentes de
las distintas religiones se den actitudes de
violencia que culminen en la creación de grupos
terroristas. En esos casos, hablar de terrorismo
religioso resultaría impropio si el uso de palabras
e ideas religiosas por parte de los terroristas no
reflejase las convicciones auténticas de la religión
a la que dicen pertenecer.
En ese sentido, terroristas que matan y usan
palabras o versos del Corán antes de sus atentados
están en abierta contradicción con la fe que dicen
profesar. Como también lo están quienes usan
fórmulas de otros libros religiosos (de la Biblia,
por ejemplo) para justificar matanzas y crímenes de
inocentes.
Para referirnos a esos casos, según una perspectiva
sociológica, es posible hablar de terrorismo
religioso. Estamos ante personas que piensan
pertenecer a tal o cual religión y que cometen
atentados terroristas desde el abuso de algunas
ideas que suponen propias de su mundo religioso.
Hay que aclarar, sin embargo, que el creerse parte
de una religión concreta, no significa que esas
personas representen verdaderamente lo que piensan
representar. Aunque uno diga que es cristiano, o
budista, o hinduista, o musulmán, sus actos
concretos no reflejarán sus creencias religiosas si
cae en actitudes de violencia y de abuso condenadas
abiertamente por la religión a la que se dice
pertenecer.
Sobre el tema, hay diversas intervenciones recientes
de los Papas. Podemos recordar, por ejemplo, lo que
escribía Juan Pablo II en el Mensaje para la XXXV
Jornada mundial de la paz (1 de enero de 2002), n.
7: “Por tanto, ningún responsable de las religiones
puede ser indulgente con el terrorismo y, menos aún,
predicarlo. Es una profanación de la religión
proclamarse terroristas en nombre de Dios, hacer en
su nombre violencia al hombre. La violencia
terrorista es contraria a la fe en Dios Creador del
hombre; en Dios que lo cuida y lo ama”.
Por su parte, Benedicto XVI explicaba, en su
discurso de Regensburg (12 de septiembre de 2006),
que “la violencia está en contraste con la
naturaleza de Dios y la naturaleza del alma”. En el
Angelus del domingo 10 de enero de 2010, el mismo
Papa recordaba que “no puede haber violencia en
nombre de Dios, ni se puede pensar en honrarlo
ofendiendo la dignidad y la libertad de nuestros
semejantes”.
En definitiva, hablar de terrorismo religioso es
como hablar de una sal dulce: la verdadera religión
es incompatible con cualquier forma de violencia
gratuita sobre inocentes. Vale la pena recordarlo, a
la hora de juzgar si ciertas creencias sean o no
sean realmente religiosas, y para denunciar
cualquier uso manipulado de la religión como aval
para cometer crímenes que ofenden a Dios y a los
hombres.
Fuente: Catolic.net |