Todos somos judíos...mientras no se demuestre lo contrario

Charles Krauthammer, el afamado columnista, publicó en uno de sus recientes artículos una ley producto de sus observaciones durante más de 20 años: "Todos son judíos hasta que no se demuestre lo contrario".

Krauthammer especifica que su ley no se refiere a nuestros vecinos o compañeros de trabajo sino a gente famosa en la vida pública, actores, artistas, escritores, industriales, incluso políticos, de los cuales da varios ejemplos. John Kerry, candidato del partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos, se enteró ya adulto que tenía abuelos judíos; Madeleine Albright, ex Secretaria de Estado, durante la presidencia de Clinton, declaró que no había sabido que sus padres eran judíos y que sus abuelos habían perecido en el Holocausto. El candidato a la presidencia de Francia, Nicolás Sarkozy, es descendiente de judíos, al igual que el General Wesley Clark, ex comandante supremo de la OTAN.

Elvis Presley era descendiente, por el lado materno, de una bisabuela judía, lo cual, técnicamente, de acuerdo a la Halajá, lo hace judío. Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor y Sammy Davis júnior fueron judíos por conversión.

Miguel de Cervantes, la figura señera de la literatura castellana, descendía de judíos según el escritor Oscar Herradón Ámela, autor del libro El secreto judío de Cervantes, (Ed. Espejo de Tinta, Madrid, 2005).

Cristóbal Colón, según explica el historiador Salvador de Madariaga en su libro Vida del Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, (1950), descendía de judíos mallorquines.

La financiación de su viaje la hizo con una suma proporcionada por su amigo Luis de Santangel, judío converso, y no con el producto de la venta de las joyas de Isabel de Castilla, linda anécdota que tiene el defecto de ser falsa. Varios de sus marineros eran judíos, incluyendo el intérprete que llevó en su primer viaje, conocedor del hebreo, idioma que Colón pensaba que hablarían las supuestas tribus perdidas de Israel en la India. Simón Wisenthal defendió esta tesis en 1973 en "Las velas de la esperanza (Sails of Hope, the secret mission of Christopher Colombus)".

Lamentablemente también se atribuye origen judío a algunos de los mas grandes antisemitas de la historia. Hay versiones que dicen que Tomás de Torquemada, el fundador de la Inquisición Española, responsable por la muerte en la hoguera de numerosos "nuevos cristianos", era él mismo descendiente de judíos conversos.

Hay una remota posibilidad (¡Dios nos libre!) que el padre del monstruoso Adolfo Hitler, Alois Schicklgruber, haya sido hijo ilegítimo de un judío llamado Frankenberger, en cuya casa trabajaba de criada la abuela de Hitler, Maria Anna Schicklgruber. Investigaciones recientes han minimizado esa posibilidad, y atribuyen la paternidad de Alois a un tal Georg Hitler, quien pidió en 1877, 40 años después del nacimiento de su hijo, que le pongan su apellido y que, en la partida de nacimiento, le cambien el status de "ilegítimo" a "legítimo". Si esto no hubiese ocurrido, los nazis, en vez de saludar ¡Heil, Hitler! habrían tenido que decir ¡Heil, Schicklgruber!, en cuyo caso, posiblemente, la historia habría sido distinta.

También en Lima, mi ciudad natal, era popular la ley de que todos son judíos hasta que no se demuestre lo contrario. Recuerdo que en la década de los 60, cuando en Lima vivían 6,000 judíos en una población de dos millones, le pregunté a un compañero de trabajo no judío que si tenía idea de cuantos judíos había en Lima. Me contestó que por lo menos medio millón.

En algunos casos no hay error en atribuir ascendencia judía. La lápida más grande del cementerio judío, de la época cuando se fundó la Asociación Israelita 1870, es la de don Jacob Zender. En 1957 su nieta Gladys Zender, educada en un colegio de monjas y católica devota, fue elegida Miss Universo. Cuando alguien le dijo al hermano de Gladys que su abuelo era judío el muchacho casi se desmaya.

El campeón en "identificar judíos" fue el escritor francés Roger Peyrefitte, quien en 1965 publicó una novela Los Judíos, que mas que novela parece una guía telefónica sin números de teléfono, enumerando a todos los que el autor considera descendientes de judíos, incluyendo entre ellos a Fidel Castro, al Generalísimo Franco, a la Reina Isabel de Inglaterra, al rey de Suecia, al rey Fernando el Católico, al General De Gaulle, al Presidente Kennedy, y a muchísimos otros personajes.
 

Fuente: Enfoque - David Mandel

 

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