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Entre el sionismo y los valores universales
por Marcelo Kisilevski Ante el clima enrarecido en Israel, las comunidades judías deberían liderar un nuevo paradigma: la distinción entre el derecho a la existencia de Israel como estado judío por un lado, y la posibilidad de criticar -desde la diáspora y en público- al gobierno israelí de turno por el otro. Su monolitismo de opinión es lo que está alejando a los jóvenes, no sólo de su identidad sionista, sino de todo marco comunitario judío. El ministro de Inteligencia, Dan Meridor (Likud) fue el único ministro que votó en contra de la ley que extiende la Ley de Ciudadanía, que prohíbe la reunificación familiar entre árabes israelíes y palestinos de la Margen Occidental y de la Franja de Gaza. La ley fue extendida en un año más debido al “aumento del peligro a la seguridad”.
“Tomen el
caso de una persona de Kiriat Arba (en Cisjordania) que
se enamora de una persona en Haifa. Si ambas personas
son judías, podrán vivir en Haifa. Si son árabes, no
podrán hacerlo. Es algo con lo que no puedo conciliar.
Sé que la Corte Suprema falló que es una ley
constitucional, pero eso no significa que tengamos que
sancionarla. Es una ley discriminatoria que no aporta un
ápice a la seguridad del estado, sino sólo afecta a los
árabes”. Palabras de Dan Meridor. * Ley para acallar los llamados a la plegaria musulmana porque “molestan al medio ambiente”.
* Ley de
calumnias, ya sancionada: un político podrá demandar por
centenas de miles de shekels a un periodista si se
siente calumniado. * Quien niegue la existencia del Estado de Israel como estado judío y democrático, será arrestado.
* Ley de las
ONG, apuntada a poner bajo la lupa a organizaciones de
derechos humanos israelíes, según la cual toda ONG que
recibe financiación del exterior deberá reportarlo al
Registro de Partidos Políticos.
El espíritu
de este apoyo es absolutamente sionista, tal como lo
expresó una joven judía australiana: “Es nuestra manera
de apoyar a nuestros hermanos judíos en Israel”. Pero si
se votan leyes dracónicas que cuestionen este apoyo como
“antiisraelí”, los israelíes que acepten sus donaciones
estarán violando la ley, y los judíos de la diáspora,
con todo su amor sionista, estarán actuando como
cómplices de delito.
En las
comunidades latinoamericanas, la opción de permanecer en
la identificación con Israel pero defendiendo sus
valores progresistas, humanistas y democráticos,
enfrentando a los sectores derechistas tanto de su
comunidad como de Israel, no ha prendido aún. Por lo
tanto, lo que viene primando es la segunda actitud, es
decir, la del alejamiento total de toda cosa que huela a
judío o, en el mejor de los casos, a sionista, pues los
jóvenes han “comprado” la resignificación del vocablo
como insulto.
Deberían
abrir el debate y los espacios de participación para que
los derechistas y los izquierdistas puedan criticar al
gobierno de turno del Estado judío, tanto dentro como
fuera de las “paredes” de la comunidad, sin por ello
sentirse parias de la comunidad. Deberían llamar a sus
jóvenes a no abandonar la arena del debate, entendiendo
que el monolitismo de opinión, tanto en este como en
otros temas, es lo que está vaciando a las comunidades
de sus jóvenes.
Fuente
blog de marcelokisilevski
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