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B”H VALPARAÍSO: Encanto, Historia y Vida Judía.
Es la muy primera, la más antigua comunidad judía de Chile, fundada en abril de 1916; y a la vez la más reciente en contar con apoyo rabínico. Para describir una comunidad, generalmente se comienza por el tamaño o la corriente. Pero Valparaíso –tanto comunidad como ciudad– es su gente y su carácter. La ciudad no es un “valle del paraíso” sino un delirio urbano: Otrora puerto principal del Pacífico sudamericano, hoy, con más de medio millón de habitantes, es un abanico apasionante de barrios multicolores colgando de los cerros sobre el mar. Funiculares centenarios suben y bajan por ingenios de poleas y remedos desde y hacia “El Plan”: Unen la algarabía del centro llano junto a sus buques con los racimos de ventanas de sus cerros exuberantes. Valparaíso, surgida a partir de 1536, es encanto, nostalgia y permanencia. Es la América Latina profunda. Cada quién hizo un palacete con vista al mar y lo pintó como mejor supo. Sus perros vagos son los eruditos de sus callejuelas espirales, y su porfiado sentimentalismo fraguado de colores imposibles le mereció que la UNESCO la declarara Patrimonio Cultural de la Humanidad, el 2 de julio de 2003. En el corazón de la ciudad, entre el Parque Italia y el ascensor Monjas, está el hogar de la comunidad judía de Valparaíso, cuyo nombre es homenaje al gran escritor judío-húngaro, psicólogo y uno de los primeros sionistas, Max Nordau (1849 – 1923).
A pesar que no existe un censo que esclarezca cuantos judíos viven en Valparaíso, el Seder de Pesaj comunitario de este año fue celebrado con 110 judíos de todas las edades. El número es alto incluso para los estándares de Santiago. Yom Kippur pasado, fue celebrado en el auditorio de la comunidad anglicana de Valparaíso, Monumento Nacional del elegante Cerro Concepción, acogiendo a 250 personas. Fue una ocasión histórica en la que nuestra comunidad salió de su sede para acoger a los judíos de la región, incluyendo familias de Santiago, que eligieron vivenciar un inspirado y profundo Yom Kippur junto al mar. Y el 2009, la comunidad celebrará el centenario de la primera celebración comunitaria de Yom Kippur en Chile, en 1909, en Valparaíso. A raíz del éxito de este inolvidable Yom Kippur, en un gesto de inmenso cariño y generosidad, los hermanos José y León Avayú –nacidos y criados en la Max Nordau- decidieron donar a la comunidad una nueva sede para la comunidad en Valparaíso. Será un edificio propio, más amplio, en algún lugar conveniente del Plan, y en el estilo arquitectónico propio de nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad. De hecho, con la llegada de nuevas familias de Quilpue, Villa Alemana y no-afiliadas a Viña del Mar y alrededores, nuestra sinagoga de calle General Cruz -¡felizmente!- nos ha quedado estrecha. La membresía y sus cuotas tiene dos categorías: “socios” y “amigos”, (miembros y colaboradores respectivamente). Hoy hay una cincuentena de ellos, y el número crece semana a semana. La Max Nordau goza su tradicional liturgia sefardí igualitaria, cantada en hebreo a voz de cuello, y liderada por un impresionante tenor parecido a Teodoro Herzl y de nombre bíblico: Abraham Levy. Hijo de un presidente anterior, Levy, en la cuarentena, es el presidente de esta Kehilá Sefaradí y representante de una generación que reanimó a Valparaíso hace una década. Esta generación le da vida a una congregación vibrante, alegre, cálida y muy hospitalaria, que muchos, hace veinte años, habrían predicho se extinguiría. Pero no. Aquí la gente realmente ama y cuida su hogar profundo que es esta sinagoga y su dignidad; se sabe depositaria de una herencia preciosa, y entreteje naturalmente su inclinación progresista con una visión de futuro fuertemente enraizada: Los 92 años de la Max Nordau con sus líderes y congregantes comprometidos, son garantía de que esta congregación es permanente y está destinada a evolucionar y crecer.
¿Qué les motiva en lo hondo? El amor a su
comunidad humana en un ambiente sin igual; una Cuando uno visita esta vieja casona, se encuentra con todo lo que una sinagoga debe tener. Desde los rollos de Torá hasta un púlpito muy tradicional, desde mortajas de Jevrá Kaddishá hasta un hermoso pergamino de Megilat Esther, desde los implementos de Havdalá hasta pipas de agua turcas que frecuentemente se fuman en amenas conversaciones, especialmente entre las mujeres. Retratos de viejos rabinos de Turquía y de generaciones de bigotudos miembros de directorios pasados decoran sus limpias paredes. ¡Las mujeres también han comenzado a aparecer en los más recientes! Pero lo que es precioso, lo que hace la diferencia, es que no es un museo, sino una congregación tan viva. Es una comunidad judía realmente cálida, latina, divertida y positiva. Como tal, el servicio de Kabbalat Shabbat comienza tarde para estándares extranjeros, a las 8.30 PM, y por lo general sólo después de holgados abrazos y saludos. El servicio dura fácilmente hasta las 10.00 PM, luego todos acuden al Kiddush alrededor de la vieja gran mesa. Oneg Shabbat es comunitario, muy pocas personas se van a sus casas para la cena de Shabbat de los viernes. La gente –incluyendo a los niños– se queda hasta las diez y media, conversando de la Parashá y compartiendo amenamente. La señora Susana Albajari, nieta del Rabino Salomón Albajari de Estambul e hija de un miembro fundador, vive en la sede, la cuida con abnegación, y es una mamá y abuela de todos, quién con los recuerdos de las anteriores generaciones, nos anima a emularles y crecer. Y es que Valparaíso es bohemio, y ese rasgo también se palpa en la Max Nordau. Un gran mural en memoria del ex Primer Ministro israelí Isaac Rabin Z.L., adorna el Museo Abierto, el amplio sector público de Valparaíso con pinturas murales permanentes. Abraham y Marisol Levy conducen un sexteto de músicos profesionales bajo la dirección del maestro Juan Ramírez, que interpreta música sefaradí con instrumentos tradicionales, llamado Kante Muestro. Valparaíso es oficialmente ciudad hermana de Bat Yam en Israel, y un monumento representa esa marítima fraternidad. También existe una “Plaza Jerusalén” así como una rica historia cripto-judía colonial que puede explorarse con un tour judío llamado “Shalom Valparaíso”. Este conduce a través del antiguo barrio judío, los ascensores y elegantes cerros Concepción y Alegre. Se almuerza el caldillo al que Pablo Neruda le escribiera una oda. Y por supuesto que se visita la comunidad judía, donde siempre habrá alguien de la congregación para recibir a los invitados y para servir un tradicional café turco y Raki (Anís). Valparaíso también cuenta con los voluntarios de la Bomba Israel, unidad de bomberos que extiende la acción social de nuestra comunidad de manera estupenda y tangible. Su juventud estableció una campaña de acción social llamada “Shajatz”, construyendo casas para los pobres de Valparaíso en el marco de la campaña gubernamental Un techo para Chile. Algunos jóvenes han realizado Aliyah desde Valparaíso, como las familias Friedmann, Souter y Strejelevich. Una joven pareja de casados, Ari y Jacquie Paz, fue a la convención regional de Judaísmo Liberal en Punta del Este, Uruguay, en noviembre de 2006, como delegados, y otros dos jóvenes, Aaron y Anita Morgunovsky, nos representaron en la convención de Tamar, en noviembre de 2007. La juventud de Valparaíso participa en reuniones con el grupo juvenil judío Maccabi de Viña del Mar. Se reúne los jueves en Valparaíso y se identifica con la plataforma del movimiento juvenil Netzer/Tamar. Las actividades de Maccabi en el club deportivo judío Estadio Israelita Reñaca, se realizan los sábados en la tarde, a unos 16 kilómetros de distancia, de modo que los niños de Valparaíso participan allá y van a los campamentos de verano. Maccabi en Viña del Mar es sede del festival musical anual de las agrupaciones juveniles de la juventud judía de Chile. Algunos niños judíos de Valparaíso estudian en el Colegio Hebreo de la vecina Viña del Mar. Además de ser uno de los mejores colegios de la región, entrega educación judía desde kindergarten hasta enseñanza media. Algo muy interesante es que muchos niños no judíos también asisten a este colegio. A sus padres les gusta la educación judía y la orientación sionista, incluso si sus hijos no son judíos. Por supuesto, los aspectos religiosos son opcionales para ellos. Un lector podría preguntarse ahora cómo y por qué esta congregación se unió a la Unión Mundial de Judaísmo Progresista. Y la historia es hermosa: Tanto sefardí tradicional como naturalmente igualitaria, Valparaíso es poco convencional, espontánea y progresista. Es una mezcla rara y singular. Los congregantes son trabajadores o profesionales, y sus estándares económicos son variados, aunque la sencillez relajada de Valparaíso y del carácter judío-turco impone el tono. Las vocaciones progresistas conviven armoniosamente con la observancia judía en la sinagoga. Más que convicciones ortodoxas, es su sentido de mantener lo que siempre han conocido, lo que combinado con madura flexibilidad, permite esta receta quinta-esencialmente “porteña”. En junio de 2005 visité esta congregación por primera vez, e inmediatamente me encantó. Los cánticos en los servicios religiosos son participativos, alegres y desinhibidos. Son sonoros y cálidos, pero al mismo tiempo receptivos a momentos de silencio, kavvanot espontáneas y niggunim. El elemento cultural sefaradí es intenso y el ladino es común, también en las bromas susurradas durante el servicio. Sin embargo, toda esta mezcla solo podía desarrollarse en la inocencia del aislamiento. De hecho, la Comunidad Sefaradí de Valparaíso ha sido algo ermitaña. No tuvo rabino durante 90 años, y tampoco una afiliación definida a una de las corrientes del judaísmo. Por supuesto participaba en las grandes celebraciones de la comunidad judía, pero permaneció con su carácter propio y su perfil bajo. Por más de 90 años, Valparaíso ha estado económicamente detrás de su ciudad hermana, Viña del Mar, que tiene más recursos. A pesar de contar con pergaminos impresionantes, como ser la cuna del primer periódico impreso en español (1827), Valparaíso fue condenado por el Canal de Panamá a una posición secundaria y a un lento declive de su viejo esplendor inglés, francés, alemán e italiano. Así permaneció hasta la década de los noventa, en que presenció un resurgimiento económico y renació la fascinación por este viejo puerto. Este “redescubrimiento” fue coronado con la nominación de ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO hace cuatro años. Valparaíso está definitivamente “in”.
De alguna manera, todos estos factores coinciden
de manera feliz con mi llegada. Después de La congregación Max Nordau calza dentro de la familia de un judaísmo trans-denominacional no por su liturgia, sino por la singular combinación de judaísmo tradicional y vocación progresista. Calza en ella por su igualitarismo natural tanto en la lectura de la Torá como en su liderazgo laico; por su comprometida participación en la sociedad porteña; por el ir al encuentro de sus matrimonios mixtos y la armoniosa coherencia de estos factores entre sí. En muchos casos, a través de los años, la belleza y alma de esta comunidad ha tocado los corazones y cambiado las vidas de los cónyuges no judíos, quienes han pedido convertirse, y actualmente están siguiendo un comprometido y profundo proceso educacional y de vida de dos años hacia su conversión, con la Celia Morgunovsky, la Morah y alma mater de la congregación. Por supuesto, también yo imparto clases en el curso. A principios de 2006, Noemi Cáceres de Fuchs, una dama de Santiago con familiares en Valparaíso, hizo el gesto sumamente raro en Chile de donar un fondo para que esta congregación contara conmigo como su rabino por dos años, comenzando con una frecuencia mensual y aspirando a reunir los fondos que permitan un rabinato permanente. En abril de 2006, la Max Nordau festejó su 90° aniversario con una hermosa celebración, a la que se invitó a líderes judíos del país, y en la que se firmó un contrato conmigo, en calidad de primer rabino en su historia. Nuestra gratitud a la Sra. Noemí, a quién con cariño llamamos “la tía”, así como a la familia Avayú, que tomó la posta en la ayuda a financiar parte del rabinato, es inmensa. Solemnemente firmado en presencia del directorio, así como de la Sra. Noemi, este fue un paso que demoró noventa años en darse. El comedor antiguo y acogedor donde se celebró la firma, ahora se usa como estudio y oficina del rabino también. El hecho de contar por primera vez con un rabino en noventa años, merece una breve, aunque muy especial mención. Ello ha abierto dimensiones espirituales y educativas, litúrgicas y filosóficas; estudiamos fuentes judías clásicas y contemporáneas, y haciéndonos preguntas. Meditamos, cantamos, combinamos, rescatamos e innovamos. De esta manera se han abierto ventanas a la preciosa diversidad actual de la vida judía. Puedo dar atención como rabino y aconsejar a quienes lo piden. Tal vez lo que mejor expresa el efecto de mi trabajo es que mi presencia aquí ha devuelto el sentido de autoestima comunitaria y la reafirmación de la identidad de esta. El hecho de conectar a Valparaíso con la Unión Mundial ha entregado un verdadero sentido de pertenencia al gran mundo judío del exterior. Ese comienzo está recién partiendo y floreciendo mientras escribo. Después de dos años, hemos llegado a ver que esta congregación desea, merece y está lista para más. La congregación quiere que continúe con el trabajo. En dos años hemos: - Comenzado servicios matutinos de Shabbat, completamente igualitarios, con lecturas de Torá, Havdalah y un programa de Motzaei Shabbat con documentales y discusiones. - Celebrado todas las festividades judías con programas de educación acerca de sus significados más profundos. – hemos añadido un tercer Sefer Torá a nuestro Arca. – Establecido una nueva personalidad jurídica con una visión de futuro. – Inaugurado una pequeña biblioteca con nuevos juegos de Jumashim. –Añadido un Siddur matutino de la Fundación Pardés en Buenos Aires, Argentina. – Hemos enviado miembros del directorio a participar por primera vez en una convención internacional: Javier Tudezca y Pablo Rudnick - Hemos podido enviar a nuestra Morá, Celia Morgunovsky, al programa de formación de liderazgo comunitario Beutel Seminar, en Jerusalén, Israel - Hemos podido enviar a jóvenes a seminarios de juventud judía latinoamericana en Brasil. - Hemos recibido delegaciones y misiones, un rabino visitante desde Argentina, celebrado dos Sedarim de Pesaj comunitarios. – Hemos tenido matrimonios, puesto nombres a bebés, y realizado Bar y Bat Mitzvás. – Hemos establecido un curso de Introducción al Judaísmo que redundó en la conversión de cinco personas en un Bet Din realizado en la Fundación Pardés, junto nuestro rabino y a los rabinos Plavnick y Sztockman. Lo realizamos en el marco de un viaje de estudios a Buenos Aires, en el que pudimos conocer el Buenos Aires judío en un tour inolvidable – Hemos tenido reuniones con el directorio y con el rabino de Viña del Mar para ver metas y estándares en común. – Hemos participado en cada evento que se ha realizado en la Comunidad Judía en Santiago, desde Yom Ha’atzmaut hasta Yom Hashoah, festivales y eventos culturales .- Hemos llegado a las universidades locales y nuestro rabino ha dado charlas en varias universidades de Valparaíso. –Hemos sido recibidos como nuevos miembros por la Unión Mundial de Judaísmo Progresista.
Ya desde antes funciona un grupo de educación para adultos los martes, un grupo de estudio de misticismo judío los miércoles y un grupo de estudios de mujeres los jueves. Recibimos asimismo al matrimonio de rabinos Jonathan Rubenstein y Linda Motzkin, de Saratoga Springs, EE.UU., quienes junto a su hija Shira, pasaron su sabático en Valparaíso junto a nuestra comunidad. Aprendimos de ellos y compartimos con ellos el proyecto de Tzeddaká y educacional Bread & Torah (Pan y Torá), -Rabino Rubenstein- y el proyecto de escritura de un rollo de Torá comunitario con la Rabina Motzkin, quién es escriba y profesora destacada de hebreo, de cuyos métodos ha publicado varios libros. La hermosura de esta convivencia, que tuvo en nuestra comunidad a nada menos que tres rabinos viviendo y sirviéndola, ha sido una de las experiencias más enriquecedoras para nosotros. Y la familia Rubenstein – Motzkin está grabada en nuestros corazones como hermanos de alma. Así, Valparaíso es una hermosa historia de voluntades y tiempos que coincidieron felizmente, y una historia que combina los poderes de lo antiguo y lo nuevo; una historia de restauración e innovación, y una historia de recuperada dignidad judía. El relativo aislamiento de esta comunidad durante largas décadas fue el resultado de la timidez y de la introversión que acompañó a una autoestima a maltraer, tal como sucedió con la ciudad. El impresionante renacimiento de Valparaíso y su actual sitial cultural en el mundo coinciden con la renovación y expansión de su comunidad judía, la más antigua de Chile y, sin embargo, en un sentido mayor, tal vez la más nueva al mismo tiempo. Rabino Roberto Feldmann.
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