El Estado de Israel v/s el Estado Vaticano
por Manuel Lichtenstein
Cada día se
confirma más la sensación que las relaciones del
Estado de Israel con el Vaticano dependen del
Papa de turno.
El Sínodo de Obispos sobre el Medio Oriente,
objetó a Israel el derecho sobre la construcción
de los asentamientos en su Capital Jerusalén
consagrada como tal para el judaísmo desde hace
mas de 3000 años, y el privilegio que convivió
con el judaísmo de detentar la Tierra de Israel
como Tierra Santa.
No necesariamente se debe competir con el
cristianismo en el juego de quien tiró la
primera piedra.
Pecados, de una forma u otra, los cometemos
todos, solo depende de su tamaño. Pero con
pecados o sin ellos, Israel y Tierra Santa,
responden a iguales valores, mal que le pese al
Papa Joseph Ratzinguer.
Si las actitudes del Vaticano, de alguna manera
lastiman a Israel, siendo como somos los judíos
los hermanos mayores de la comunidad cristiana,
¿que podemos esperar de los que se proponen
arrojar a los israelíes al mar?
Ahora resulta que ni respetan la sagrada
potestad del judaísmo sobre la tumba de Raquel,
por parte de fundamentalistas islámicos, sin que
se escuche ninguna protesta en serio en razón de
los derechos ancestrales que le compete al
pueblo judío sobre los valores que hacen a sus
tradiciones, base de su propia religiosidad.
Estos no son simples palos en las ruedas que
buscan motivar razones de genuina irritación del
judaísmo y sobre todo del Estado de Israel.
Históricamente el judaísmo jamás atacó la
religiosidad de comunidades de la confeción que
fuere.
Tal vez será porque destina su tiempo solo a
defenderse de las calumnias y agresiones que de
hecho la apuntan desde siempre.
Los judíos, entre otras asignaturas que
responden a la vida, en todo su contexto, solo
queremos que nos dejen ser judíos además de ser
personas que no necesariamente debemos demostrar
nuestros sentimientos de hermandad, sobre todo a
los que por derecho propio tienen el orgullo de
profesar el cristianismo. Somos hermanos y
punto.
Quisiera albergar los mismos sentimientos hacia
los islámicos, pero a la inversa de nuestra
sensibilidad y deseos, el Islam niega a todos
los que no lleven en sus entrañas al
fundamentalismo islámico, que no reconoce otras
fuerzas espirituales cuyo tronco no devenga del
Islam.
El mundo en general parece no advertir el
peligro que conlleva el avance de islamismo que
se extiende como una imparable mancha de aceite.
Hoy sus planes de penetración se centran en los
cinco continentes, habiendo logrado hacer punta
en Latino América, donde cuentan con el
incondicional apoyo de uno de los mas
exacerbados enemigos de Israel, el Presidente de
Venezuela, Hugo Chávez, quien es sus permanentes
prédicas no cesa de maldecir al Estado de
Israel.
El Islam con sus 1.200.000.000 de fieles, está
decididamente a proseguir por todos los medios,
a consolidar su añeja Guerra Santa.
No deja de llamar la atención la pasividad de
países democráticos, cuyos gobernantes no
advierten el peligro que se cierne cada día que
pasa, de perder la homogeneidad de sus propios
sentimientos religiosos y que de no tomar las
medidas adecuadas, terminarán por sufrir la
debilitación de sus intereses políticos.
De alguna manera el Sínodo de Obispos sobre el
Medio Oriente, contradice y disminuye lo que con
valor y coraje realizaron los tres grandes de la
Iglesia Católica, como lo fueron Juan XXII,
Paulo VI y Juan Pablo II.
Que Dios los tenga eternamente en la Gloria.-
Fuente: EFE