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El drama de los
Venejews
por Daniel
Shoer Roth
Un paseo por Aventura Mall este
fin de semana terminó por deprimirme cuando encontré a los padres de
un viejo amigo que me contaron las penas y dilemas por los que
atraviesan los judíos en Venezuela.
Al
igual que para los judíos cubanos o jewbans, Miami es la capital del
exilio de los judíos venezolanos, a quienes en el futuro, vaticino,
nos llamarán venejews. Entre ambos grupos resaltan similitudes.
Como sucedió en Cuba con Fidel Castro, la cifra de los judíos en
Venezuela ha disminuido drásticamente desde que Hugo Chávez asumió
el poder. La comunidad hebrea ha sido objeto de invectivas
provenientes del mismo presidente y de medios oficialistas.
Lo que me induce a cuestionar, ¿cuál es el destino de la vibrante
comunidad judía en esa tierra que refugió a mis antepasados y que
siempre sirvió de modelo para la diáspora judía?
“Hay un hecho real, un gran número de la comunidad se ha ido de
Venezuela”, me comentó Abraham Levy Benshimol, el presidente de la
Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela. “Cuanto más
gente se pierde, más problemas para mantener nuestras
instituciones”.
Este éxodo acarrea dos consecuencias inevitables. Entre el
contingente de expatriados se encuentran líderes que eran vitales
para el funcionamiento y desarrollo de la comunidad. Por otra parte,
como son tantos los que han emigrado, las donaciones han disminuido,
y a las instituciones les es más difícil asistir a los miembros más
necesitados, que son quienes no tienen recursos para irse del país.
La cifra de judíos en Venezuela varían. Medios internacionales como
el Jerusalem Post han informado que la
comunidad ha decrecido de 30,000 integrantes en su mejor momento a
9,000 actualmente, según los cálculos más conservadores. Sin
embargo, un censo conducido por el demógrafo israelí, Sergio Della
Pergola, durante comienzos de los 90, concluyó que la comunidad no
llegaba a 20,000.
Confirmé, además, con directivos no autorizados a declarar a los
medios, que en el sistema educativo comunitario -- que abarca desde
el kínder hasta la secundaria -- la cantidad de alumnos se ha
reducido a la mitad en la última década.
Uno de los aspectos que más preocupa a los judíos es precisamente la
educación de sus hijos. La semana pasada, el gobierno chavista
aprobó una oscura Ley de Educación que otorga al estado un poder
exagerado de intervención en los currículos de las escuelas
privadas. Eso sin contar las materias de adoctrinamiento sobre el
“Socialismo del siglo XXI” que serán obligatorias.
La ley también prevé que los consejos comunales participen en la
administración y supervisión de las escuelas, dándole a las personas
no capacitadas en el área educativa la potestad de influir en estos
asuntos.
Por otra parte, persisten temores de que el gobierno aplique las
restricciones a la enseñanza religiosa y la instrucción de idiomas
extranjeros como el hebreo, que son vitales para garantizar la
continuidad de la vida judía en cualquier lugar de la diáspora.
Esta incertidumbre ha intensificado en los últimos seis meses la
emigración de judíos que se ve reflejada en las escuelas hebreas de
Miami, donde se ha notado un incremento significativo en las
inscripciones de niños venezolanos,
me
dijo Chaim Botwinick, presidente del Centro para el Avance de la
Educación Judía de Miami. La agencia también ha recibido llamadas
desde Venezuela de familias averiguando las opciones educativas que
se ofrecen aquí.
“No tengo futuro en Venezuela para mis hijos”, me comentó una madre
de tres niños -- de 9, 6 y 2 años --, que vive en Caracas y se
encuentra en Miami de vacaciones.
“Desde lo que pasó en enero con la sinagoga, los judíos ya no nos
sentimos seguros en Venezuela”, confesó la mujer en referencia a la
profanación de la Sinagoga Tiferet Israel.
Como ella, la mayoría de los judíos en Venezuela teme pronunciarse
contra el gobierno públicamente por miedo a la retaliación. La
comunidad prefiere pasar desapercibida en tiempos difíciles, me
explicó Pynchas Brener, el rabino principal de la Unión Israelita de
Caracas. “La comunidad debe reaccionar con energía frente a
cualquier atropello de carácter antisemita, provenga de donde
provenga, porque el silencio sólo anima a quienes desean
descalificarnos” opinó Brener. Fuente: El Nuevo Herald
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