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Los
evangélicos y la Ley Antidiscriminación en Chile

por
Víctor Rey, Pastor Bautista
El martes 8
de noviembre del 2011 quedará marcado en la historia de
Chile como el día donde se avanzó para hacer un país más
libre, tolerante y respetuoso, ese día se aprobó la Ley
Antidiscriminación. La aprobación en el Senado de la ley
contra la discriminación es un importante hito para la
sociedad chilena. La mayoría que aprobó el proyecto
demuestra que se pude avanzar hacia un país más
inclusivo en que se respete a todos.
Nuestra historia tiene muchas muestras en las que se ha
avanzado para superar discriminaciones odiosas. Esto lo
podemos comprobar revisando el comienzo de nuestra vida
independiente, Chile dio el ejemplo terminando con la
esclavitud. Durante los siglos XIX y XX en el Congreso
Nacional se produjeron debates que recogió la historia
que culminaron en la aprobación de leyes que terminaron
con diversas formas de discriminación.
En este camino, las religiones han tenido un rol
relevante, puesto que en un principio nuestro Estado se
declaraba católico y discriminaba a otros grupos
religiosos. En el siglo XIX se dio una batalla de ideas
para establecer los cementerios laicos y el matrimonio
laico.
Las iglesias evangélicas han tenido históricamente el
respeto de los sectores más avanzados en su lucha por la
libertad de cultos. También es digno de recordar la
separación Iglesia y Estado que consagró la Constitución
del año 1925. Recientemente durante los gobiernos de la
Concertación se aprobó una ley de cultos que les
reconoció igualdad de derechos y en otra se estableció
el 31 de octubre como el Día nacional de la Iglesias
Evangélicas.
En 1935 se aprobó el derecho a voto para las mujeres en
las elecciones municipales y recién en 1949 se les
permitió votar en las elecciones presidenciales y
parlamentarias. En esa ocasión también hubo quiénes se
opusieron teniendo posiciones que hoy nadie defendería.
Ese logro de las mujeres y de la sociedad chilena, sin
embargo, no ha terminado con la discriminación por
género.
También se ha luchado contra la discriminación política,
que tuvo su expresión más brutal durante la dictadura
militar del General Pinochet. Se logró eliminar el
artículo octavo de la constitución que discriminaba a
formas de pensamiento. Queda en la conciencia de que el
respeto a las particularidades de cada chilena y chileno
redundaría en un mayor bienestar para las personas y en
una inestimable contribución al bien común. Este ideal
se halla expresado en el artículo primero de nuestra
constitución –todos nacemos libres e iguales en dignidad
y derechos-, en la defensa de las libertades
fundamentales, en el gran número de tratados,
declaraciones e instrumentos internacionales que Chile
ha
suscrito en este sentido.
Pero este ideal está lejos de volverse realidad. En
Chile se discrimina en todas las áreas de la vida
ciudadana por una larga lista de razones: desde el sexo
hasta el origen social, desde el credo hasta la
identidad de género, pasando por la orientación sexual,
el lugar de procedencia y tantos otros motivos. Chile es
hoy un país más discriminador que pluralista, un país
donde todavía imperan las supremacías culturales del
pasado. Se ha avanzado en ciertas áreas, pero estos
esfuerzos son insuficientes a la luz de los informes de
derechos humanos que realizan anualmente diversas
instituciones, informes que dejan a Chile en un pobre
lugar respecto de otros países.
En este proceso, se ha vivido en estos días un nuevo
capítulo: la aprobación en el Senado de la ley
antidiscriminación. El establecimiento de un
procedimiento judicial para denunciar la discriminación
es un logro para toda nuestra sociedad. Desgraciadamente
algunas personas que representan a iglesias evangélicas,
iglesias que han sido históricamente discriminadas por
su opción religiosa se han manifestado en contra de esta
legislación reclamando por el artículo que alude a la
orientación sexual e identidad de género.
Con dolor y tristeza hemos visto en estos días el triste
espectáculo que han ofrecido algunos sectores
evangélicos fundamentalistas en relación a este proyecto
de ley. En especial por los reiterados y concertados
ataques homofóbicos verbales y escritos. Dolor por el
enfoque basado en una interpretación literalista y
legalista de la Biblia, abiertamente discriminadora y
falta de amor y compasión.
Son lamentables las muestras de intolerancia de un
sector de la sociedad chilena que justamente ha sido uno
de los más discriminados por muchos y ahora los
discriminados de antes se han vuelto los nuevos
discriminadores, pero afortunadamente el Senado ha
entendido mayoritariamente que debe legislar para todos
quienes habitan Chile sean respetados en su condición
humana.
Esta ley no constituye una amenaza ni para el matrimonio
ni para la familia. La ley no establece la igualdad
absoluta. Simplemente define la discriminación. Ya que
todos los seres humanos tienen dignidad y no valen por
su aspecto físico, su origen familiar, creencia
religiosa, su etnia, su orientación sexual, su vocación
y su conducta. Prohibir la discriminación no es imponer
la igualdad absoluta. Se trata de establecer diferencias
pero en base al desempeño, no en base a la orientación
sexual, la etnia o el origen. El acuerdo de vida en
pareja es una alternativa de vida a una realidad social
y se busca soluciones y regulaciones a una realidad de
hecho, que no podemos tapar e ignorar con amenazas y
acusaciones.
Considero que las muestras de fundamentalismo,
integrismo, fanatismo e intolerancia que hemos visto por
parte de algunas iglesias, es producto de la gran crisis
que están viviendo estas instituciones que hace urgente
hacer un alto en el camino y pensar la misión y la
identidad de estas iglesias. También de hacer una
reflexión seria sobre el contexto y la cultura a la luz
de la Biblia y en diálogo con la realidad redefinir la
misión que deben tener estas expresiones religiosas en
esta cultura para ser sal y luz y fermento en la
sociedad, donde tantas personas buscan una respuesta
para darle sentido a sus existencias en un mundo que es
plural y diverso. Si los evangélicos no son capaces de
enfrentar este desafío seguirán siendo parte de esta
sociedad, pero como grupos de religiosos sectarios,
viviendo en ghettos, sin ser un aporte y menos
entregando buenas noticias. Considero que la ignorancia
y la falta de información son dos elementos que no
permiten el crecimiento y la influencia que de los
evangélicos en la sociedad chilena, hacen que su rol se
cada día menos significativo y menos pertinente.
La aprobación de esta ley es una buena noticia para la
sociedad chilena y también para las iglesias y otras
expresiones religiosas y espirituales, porque esta ley
no está pensada solo en minorías, sino en todos los
habitantes de Chile que merecen respeto, y entre ellos
están las iglesias evangélicas.
Nota de
Anajnu: el Pastor Víctor Rey Riquelme, fue
Presidente de la Fraternidad Teológica Latinoamericana
hasta el mes de octubre de 2011. A partir del mes de
enero de 2012, en el marco de la Fundación Kairós, será
Coordinador del Centro de Estudios Interdisciplinarios,
CETI, y del programa de Desarrollo Integral de la Niñez,
DINA y profesor de Filosofía, licenciado en Filosofía en
la Universidad de Concepción, Ciencias Sociales en la
universidad Alberto Hurtado, Teología en el Seminario
Teológico Bautista y Comunicación social en la
Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
Fuente:
lupaprotestante.com
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