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Vida por Vida
Esperando, siguió
aplicando presión sobre la herida sosteniendo la vida de Yoni
literalmente en sus manos. Los padres quisieron agradecer a ese soldado, pero él había dejado el hospital después de oír que el joven que ayudó sobreviviría. Mientras Yoni se recuperaba en casa, sus padres llamaron el ejército para averiguar el nombre del otro soldado para poder agradecerle personalmente. Desgraciadamente, el nombre del benefactor no fue guardado y aunque intentaron averiguarlo no pudieron rastrear su identidad. La madre de Yoni sabía que lo más importante era claramente que su hijo estaba bien, sin embargo no podía dejar de sentir que mientras no pudiera encontrar y agradecer al soldado que valientemente salvó la vida de Yoni- todo el aterrador episodio no estaría totalmente superado. El no poder agradecer al soldado continuaba dándole un sentimiento de vacío... Pero de pronto tuvo una idea. La pareja poseía un almacén de comestibles en Kiryat Malaji (población cerca de Ashdod). Decidieron poner un aviso en la puerta de la tienda describiendo lo que pasó, asumiendo que Israel es un país pequeño y en el futuro podrían hallar al misterioso soldado. Pasaron meses sin novedades. Finalmente, una mañana, aproximadamente un año después, una mujer notó la señal que colgaba en la puerta del negocio. Ella recordó lo feliz que estaba su hijo Yair cuando vino a casa un viernes de noche y les contó cómo oyó un tiro y pudo salvar la vida de otro soldado en Jebron. Ingresó y se lo relató a la dueña de la tienda. La historia coincidía. Las dos mujeres decidieron intentar localizar a sus hijos en sus teléfonos celulares y ver si podían encontrarse en el negocio. Afortunadamente resultó que los jóvenes e incluso los padres podían asistir a la reunión esa tarde allí. Las familias se congregaron para una emotiva “cita”. Los soldados intercambiaron experiencias del ejército y finalmente después de todo ese tiempo, la madre de Yoni se puso de pie para agradecer a Yair por haber salvado la vida de su hijo y dijo: - “Salvaste mi mundo”
- “Míreme, ¿no me recuerda?”
- “No, lo siento. ¿Nos
encontramos antes?”
- “Sí,” la madre de Yair
contestó. “Hay una razón particular por la que pasé frente a su
tienda hoy. Quería retribuirle de alguna manera su favor...”
- “¿Acerca de qué está hablando?” la madre de Yoni preguntó.
- “Hace veinte años vivíamos
cerca de aquí y yo venía a comprar leche y pan muy seguido. Un
día usted notó que estaba pasando por mal momento y fue muy
gentil preguntándome qué me sucedía y confié en usted. Le dije
que atravesaba por un momento muy difícil y como estaba
embarazada, planeaba tener un aborto. En cuanto pronuncié la
palabra “aborto” usted llamó a su marido y los dos parecieron
olvidarse de su propio negocio. Se sentaron pacientemente y me
escucharon. Todavía recuerdo claramente sus palabras. “Usted me
dijo que es verdad que estaba pasando por un momento duro pero a
veces las cosas buenas en la vida se presentan a través de la
dificultad, y las cosas mejores llegan a través de dificultades
más grandes. Me habló de la alegría de ser madre y que la
palabra más bella para oír en el idioma hebreo es “Ima” (madre)
cuando es pronunciada por un hijo. ¡Ustedes dos me hablaron y
hablaron hasta que me convencieran que debía tener este bebé- y
como hoy puede comprobarlo, Di-s les devolvió el favor!”
- “¿Qué quiere decir? preguntó a la madre de Yoni. La respuesta la pasmó y estremeció.
- “Yo dí a luz a un niño hace
veinte años que ustedes salvaron diciéndome que pensara dos
veces antes de practicar el aborto”. Con lágrimas de alegría
declaró: “Mi Yair querido no habría estado vivo si no es por
ustedes. ¡Él fue quien creció para salvar la vida de su hijo
Yoni!”.
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