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Tres sobrevivientes de la Shoá dan su opinión sobre el polémico video de Kohn
por Julián Blejmar
Y es que en efecto, Adolek Kohn -un polaco de 89 años que actualmente reside en Australia-, logró que el clip que subió a la red en enero de este año fuera visto por medio millón de personas, un número que supera incluso a las producciones de muchos artistas y deportistas de renombre mundial. Pero esta repercusión tuvo sus costos, ya que el video -en el que se lo puede ver bailando en los campos de exterminio de Auschwitz y de Theresienstadt al ritmo del hit de Gloria Gaynor "I will survive" (Sobreviviré), junto a su hija y sus tres nietos-, le valió una gran cantidad de críticas, así como la censura del mismo en Youtube, que no obstante se sigue reproduciendo a través de otros canales de esta red y por diversos sitios.
Según opinó David, el video es tan solo una
demostración sobre el hecho de que, después de
60 años, se puede seguir viviendo, y que por lo
tanto hay que respetar a su autor “No me parece
ni bueno ni malo, son puntos de vista, él quiso
hacerlo de esta manera, es decir ir con alegría
en vez de llanto, y puede ser criticable o
elogiable, pero es algo muy personal, y no
sabemos qué es lo que verdaderamente sintió en
su interior”. Moisés tampoco fue crítico con el
video, al afirmar que “aunque en principio sentí
rechazo, después lo analice y me pareció que
estuvo bien, que se trata de mostrar que
vivimos, que estamos, y que pese a todo lo que
hemos pasado, igual tenemos fuerza para seguir
adelante”. Sin embargo, señaló que a diferencia
de Kohn, de haber podido volver “hubiera hecho
un Kadish (nombre habitual de la oración por los
difuntos) y hubiera cantado Am Israel Jai en vez
de bailar, para que también sepan que tenemos
una patria”. Entre las muchas críticas que recibió Kohn, estuvo la del historiador judío Michael Wolffsohn quien afirmó que la grabación es “simplemente una vergonzante autopromoción” y la del director de la Fundación Topografía del Terror de Berlín -donde se exhiben los horrores del nazismo-, y ex presidente de la comunidad judía berlinesa, el rabino y también historiador Andreas Nachama, quien calificó el comportamiento de Kohn como “inapropiado e incorrecto”, agregando que la grabación solo se comprendería si permaneciera en el ámbito familiar, pero que al subirse a internet “recibe una atención que no se merece”. Sin embargo, tal como se señaló, Kohn respondió que solo recibiría críticas por parte de sobrevivientes. Moisés coincidió con Kohn, citando la célebre frase de Elie Wiesel “Todo aquel que estuvo en Auschwitz, nunca podrá salir de allí. Todo aquel que no estuvo, nunca podrá entrar”, mientras que para David, “tiene razón, ya que su idea no fue ir a hacer una demostración de baile, sino mostrar la satisfacción por poder regresar con sus nietos y por otro lado, no sabemos que hizo además de ir a bailar, tal vez haya hecho el Kadish por sus familiares. Y por otro lado, el video podría ser el punto de partida para que más gente se interesa en el tema y sepa sobre el Holocausto”. En la misma línea opinó Sara, quien también comprendió el testimonio de Kohn afirmando que “no podemos saber si no hubo lágrimas. Es algo muy privado de él y su familia. Y agregaría que para muchos ignorantes y negadores, esta polémica podría servir más que muchos libros -que no llegan a tantas personas-, para que empiecen a entender que fue lo que pasó”.
En efecto, Jane Korman, la hija cineasta de Kohn
que ideó y grabó el vídeo, afirmó a los medios
que buscaba “una interpretación moderna de la
memoria histórica, especialmente para los
jóvenes”, ya que, agregó, “es importante que no
se olviden las lecciones del Holocausto”. Para David “Todo lo que se haga para dar a conocer la Shoá es válido, y la misión de los Sobrevivientes es difundir de una manera u de otra lo que pasó”, mientras que Moisés también concordó, al señalar que “es bueno e importante que el tema se sepa y circule por el mundo”. Por eso, al preguntarles sobre su opinión sobre la afirmación Kohn, los tres coincidieron en afirmar que no le dirían que no actuó correctamente. Incluso, todos minimizaron la posibilidad de que el mensaje pueda llegar a tergiversarse. David sostuvo que de hecho “el fondo del mensaje es claro, es decir que pese a todo él pudo sobrevivir”. Moisés únicamente reparó en el tiempo verbal que se utiliza. “Solo creo que tendría que decir en algún momento ‘yo sobreviví’, antes que ‘yo sobreviviré’, aunque ese sea el nombre de la canción. Pero pienso que es buenísimo que el mensaje recorra el mundo, incluso con las opiniones a favor y en contra que pueda generar. Lo importantes es que se discuta, pero que se sepa que existió un Auschwitz, porque incluso este nombre ya significa mucho” al tiempo que dio cuenta de la falta de difusión e indiferencia que hoy día genera el tema. "En abril, la DAIA organizó un concierto en la embajada de la República Checa, donde un pianista interpretó las canciones de los chicos en Theresienstadt. Fue emocionante, pero ni la DAIA ni ninguna otra institución comunitaria lo difundió bien, y no éramos más de 8 o 10 personas. Era una vergüenza, no había gente”, mientras que Sara coincidió al señalar que “Nos comíamos el hígado por no ver a la gente, y aunque no nos podíamos comunicar con los músicos hablando, nos comprendimos a través del dolor. Creo que sea a través de la música, la pintura, o de cualquier tipo de arte, lo principal es transmitir el mensaje, y quedará en la capacidad de cada persona poder interpretarlo”. Según afirmó Kohn en un testimonio que grabó para otro video, el poder regresar a los campos con tres nietos lo puso “muy feliz”, por lo que no puede dejar de consultárseles a los tres sí efectivamente creen que es posible experimentar esta sensación en Auschwitz. Según afirma Moisés, “personalmente no sé cómo me hubiera sentido, pero uno debe sentirse feliz de tener el destino de sobrevivir y de poder volver, porque es algo que jamás hubiera imaginado”, aunque señala, emocionado, que “yo nunca quise volver a Polonia, odié ese país, me borré el idioma y cuando escuchaba gente hablando en esa lengua me lastimaba. Pero ahora que estoy más viejo pienso que tal vez me hubiera gustado ir a ver el pueblo donde nací y como está hoy día, ya que siento nostalgias por mi pasado”.
Sara cuenta que nunca regresó, “sobre todo
porque mi esposo nunca quiso volver. Pero yo
creo que no podría ser feliz, porque allí fue
derramada la sangre de todos mis queridos y de
mi pueblo, y no sé si habría tenido la fuerza
para ir”, mientras que David también se muestra
cauto con las palabras de Kohn al señalar que
“no sabemos si realmente se siente feliz de
volver, aunque sí de estar con sus nietos.
Particularmente nunca tuve intenciones de
regresar, porque aunque me lo ofrecieron, decidí
no ir por temor a cómo iba a reaccionar”. MB: Kohn cumplió un sueño, que era volver a Auschwitz con su familia y demostrar al mundo que existimos. La forma en que lo hizo, es cosa de él. Pero ya lo decía Scholem Aliejem “lajn iz guezunt”, reír es sano. El humor siempre es bueno, para todo, nos ayuda.
SHZ: Yo asistí en Hacoaj a una lectura de un
libro satírico en donde también se hablaba de la
guerra. Todos reían pero yo no. Pero no culpo a
nadie, como tampoco a Kohn, porque en cualquiera
de las formas en que difunda el mensaje, incluso
mediante el humor, y más allá de lo que produzca
en cada uno, lo importante es que no se olvide
lo que sucedió, y que se recuerde a nuestros
seis millones de hermanos asesinados. El no le
hizo mal a nadie en el mundo, fue su decisión y
hay que respetarla, porque además, en el baile,
puede haber tantas lágrimas como en el llanto. |