Vivencias

por
Humberto Silva Morelli
Ahora comprendo el empeño de algunos amigos y muy especialmente
de mi esposa, para que yo fuera a Israel. Ellos sabían lo que
pienso ahora y siempre he pensado sobre Israel. Ellos saben que
mis ideas no vienen sólo de lecturas sino de amigos ahora
israelíes. El ahora comienza en 1951 cuando se fueron para
Israel mis primeros amigos Pero aún así, ellos hoy, no confiaban
plenamente en que mi círculo estuviera cerrado. Necesitaban que
yo viera al Israel de hoy. Necesitaban saber que mi compromiso
con Israel era efectivo, porque mucho agua ha pasado desde mi
juventud definitivamente socialista, hasta hoy época del fracaso
del hombre socialista en el mundo. Pero ese fracaso de un
sistema que idealiza al hombre, colocándolo más allá de sus
posibilidades éticas y mentales de hoy… para mí, no ha sido el
fracaso de un sistema, sino el fracaso del homo sapiens sapiens
de hoy… para aplicar un sistema que supera en todo lo que
éticamente espera de nosotros la Torah, pero que aún no ha
muerto en muchos de los kibutz de Israel. Es cierto… el
socialismo de los primeros tiempos casi no existe. Los kibutzim
tampoco pudieron implementarlo. Pero allí existe lo que no hay
en el resto del mundo. Allí existen seres humanos con “AMOR”.
Así entre comillas y con mayúsculas… y por allí se empieza. En
Israel, comparado con Chile… no hay pobres. Existe una efectiva
protección social para sus ciudadanos.
Existe una política educacional, de un nivel increíble, para
crear el que una vez llamé “el hombre nuevo”. Ese hombre nuevo,
ahora está naciendo de los jóvenes que han sido educados en el
hoy de Israel. Ese hombre nuevo sabe de su historia, la historia
del hombre, lo que antes no se sabía o no se consideraba
importante saber. Ellos saben que para honrar su historia, deben
sentir en su corazón los mandamientos morales de la Torah. Que
sin ellos hay nada. Y por ello se les enseña. Y por ello… ellos
van al ejército. Y por ello ellos cuidan a sus ancianos. Pero no
sólo a los ancianos. Todos entre ellos se cuidan y ayudan para
tener un mundo mejor. Creo que eso querían mi señora y mis
amigos que yo viera… y lo vi. Pero aunque no necesitaba estar
allí para saberlo, ellos tenían la razón... la ciencia moderna
igual que nuestro corazón necesita “ver para creer”. Antes yo
tenía un compromiso conmigo mismo para estar con Israel. Pero mi
señora y mis amigos, me querían decir: “Ese compromiso no basta”
y era cierto… ahora además estoy comprometido con el hombre
nuevo de Israel, que vi en los próximos relatos.
Hoy es martes 29 de junio y salimos tempranito de Jerusalem para
Haifa. Tempranito quiere decir que la encantadora prima de Ruth
nos llevó en auto al Terminal de Buses de Jerusalem, como a las
11.00 de la mañana, donde fluía el gentío normal de esta hermosa
ciudad. Al entrar Ruthy necesitó comprar algo de una tienda de
ese mall y yo me quedé esperándola con nuestros dos equipajes de
mano y mi netbook colgando en el cuello. La esperé en el
descanso de una escala de entrada al mall, que estaba a unos
cuatro metros sobre del primer nivel del mall y a otros cuatro
metros del segundo, que era nuestro destino. Mientras esperaba a
Ruth, me afirmé en un cilindro del mall, especial para pegar
propaganda, de unos cuarenta centímetros de ancho por 1 metro y
medio de alto. Sobre él, alguien había dejado una vieja kipá
como las de nuestro templo de Lyon. Allí estaba sin que nadie se
la llevara. Su dueño la volvería a buscar y ella allí esperaría.
Curiosa la honradez de este pueblo. Aquí son muy pocos los que,
como en todas partes de nuestro mundo, pasan la frontera de la
ley. Aquí no se sabe de gente que roba carteras de autos con
ventanas abiertas. Los restoranes no tienen cinturones en sus
sillas para sujetar carteras. Acá en Israel y hace poco tiempo,
nuestra prima G. tuvo que ir a Berlín para esperar unos diez
días la llegada de su marido. Cuando ella llegó a Berlín, se dio
cuenta que su billetera no estaba en la cartera. Afortunadamente
y como este matrimonio tenía pre pagado el hotel… allí esperó a
su marido sin salir a la calle, porque no tenía dinero ni para
un autobús. ¿La había perdido? ¿Se la robaron? ¿Dónde? ¿En el
taxi que la llevó al Aeropuerto Ben Gurión? ¿En el aeropuerto?
¿En el avión? No sabía dónde. Pocos días después de esta
pérdida, al comunicarse con su hijo en Israel, este le informó
que una persona fue a su casa a dejar la billetera de ella. Esta
persona la encontró en el piso del Aeropuerto Bengurión y la
entregó sin que en esa billetera faltara nada. Ni una tarjeta…
ni un shekel… ni un euro… ni nada… ¿Y sabes quién te la entregó?
Preguntó ella… Nada… vino una persona me la entregó y se fue… –
dijo su hijo.
Rebobino… Yo estaba mirando la vieja kipá olvidada sobre el
cilindro del mall. Estaba abstraído y recordando, cuando más
siento que veo… a un soldado que al subir al segundo piso, se
detiene, me mira y vuelve a bajar. Se me acerca y dice algo…
supongo que en hebreo porque no entendí nada. ¿Hablas inglés? –
pregunté. Perfectamente – me respondió. Y prosiguió: Sólo quería
saber si lo puedo ayudar llevando sus valijas al piso superior.
Era un joven de unos 22 años con algún grado militar en la manga
y muy parecido a mi nieto Camilo a esa edad. “No gracias – le
respondí – Estoy esperando a mi señora… que bajó a comprar y que
vuelve luego.”
El me miró callado y después me dijo: “Usted señor se parece
mucho a mi abuelo que recién perdí. Ahora voy a visitar a mi
abuela. Perdone si lo he molestado.”
Entonces… y me nació al ver su mirada… tomé su mano entre mis
dos manos y le dije “Yo también tengo nietos y bisnietas, y uno
de ellos tiene un corazón parecido al tuyo. No tengo nada que
perdonar… Sólo tengo que agradecerte la alegría que me has
dado.”
Pocos minutos después llegó Ruthy y me preguntó qué me había
pasado. Tienes ojos de estar emocionado… me dijo.
Ahora… y para finalizar estos recuerdos de vida… reflexiono… Las
que he visto, sólo son algunas de las virtudes del pueblo que
nos espera en Israel. Y así son las cosas que más adelante
discutiré. Ellos nos necesitan y mucho, y para ello nosotros en
nuestro ishuv debemos cambiar y mucho. Es difícil pero si se
quiere… se puede. Ya veremos cómo. Lo importante es desear
hacerlo.
Estos muchos actos de bondad… nos toco ver, verlos o sentirlos
Ruth y yo... personalmente. Gente buena en Israel abunda. Gente
con ideales que trascienden un buen vivir y morir, también
abundan. Pero lo que realmente abunda y casi abruma... es el
trato entre gentes... la mayor parte de las veces, entre
desconocidos. Es cierto que entre los israelíes y nosotros los
chilenos, y sin profundizar emocionalmente, se pudiera ver una
gran similitud... pero no es así... los israelíes no roban las
carteras de las señoras que toman un café en la calle. Su prensa
diaria, no derrama actos de violencia, de maldad, ni se revuelca
en la sublimación de la basura, como se hace en Chile. Incluso
la prensa se pasa de la raya al no mencionar los misiles diarios
de los terroristas que desde chicos son enfermados en el odio.
Así, sin informar, creen poder evitar un cúmulo de enfermedades
del alma que nacen del temor. En un mes caminando por Israel, no
vimos nada que pudiera parecerse a una pelea o discusión con
ofensas personales. El concepto de enojo en una discusión… como
las que entre nosotros tenemos... no se debe confundir con una
discusión a fuertes voces pero sin ofender. En ellas parecen
violentes, pero no lo son. Esto lo vi en el congreso y a veces
en la calle. Curioso. El calor y la vehemencia puesta en una
discusión entre israelíes, no es sinónimo de animadversión. Solo
de desacuerdo... salvo en el Congreso cuando un grupo de
ortodoxos se negó a aceptar lo que aprobó la casi unanimidad de
los representantes y se pusieron a gritar solos... como poseídos
por una jauría de demonios. Ese episodio fue lo único
desagradable que vi en 30 días de convivencia con el pueblo de
Israel. Donde fuimos nos recibían con amabilidad y se despedían
con una sonrisa. Estuve con israelíes sin distinciones ni de
credo ni de origen.... de todos tenemos un grato recuerdo.
Estuvimos en el río Jordán, viendo a un grupo católicos chinos,
recibiendo su bautismo, como lo hizo Jesús. Vimos muchas escenas
de amor y recogimiento y nos sentimos parte de ellas. Esto nos
hizo escarbar en nuestros recuerdos. En ellos hay algo que nos
llamó profundamente la atención... no vimos policías... ni uno.
Si vimos autos de la policía en unas dos o tres ocasiones...
nada más.
Tampoco vimos puertas de tiendas a prueba de robos, ni siquiera
con protecciones antirrobo. Realmente en lo que no vimos, esta
la respuesta a su modo de ser. Ellos hoy están siendo, lo que
nosotros quisiéramos ser y eso sólo es más grande que todos sus
premios Nobel, que todos sus registros de marcas, que su
tremendo ingreso medio per capita... porque ese raro indicador
que se podría llamar “amor por el hermano... por el vecino...
etc.”, basta con llamarlo “AMOR”. Y el “AMOR” es el padre de la
“ESPERANZA”, siempre renovada por el amor. Siempre diferente
porque siempre está naciendo. Por eso la Hatikvá es su himno
nacional desde el Primer Congreso Sionista Mundial en 1897
convocado por Hertzl. Por eso es tan hermoso… y por eso
transcribo su letra, basada en una vieja melodía recogida por
Smetana. Yo antes no lo sabía, pero hoy se que por eso a esa
vieja melodía yo la sentía llena de amor.
Mientras en lo profundo del corazón palpite un alma judía,
y dirigiéndose hacia el Oriente un ojo aviste a Sión,
no se habrá perdido nuestra esperanza:
la esperanza de dos mil años… de ser un pueblo libre en nuestra
tierra…
La tierra de Sión y Jerusalén.
Este canto, para mi finaliza diciendo: “Esperanza que siempre es
y será renovada por el amor”.
Es posible que mi apreciación sea sesgada. Que la realidad sea
otra. Que yo vea o quiera ver una sola cara de la moneda. Pero
esto es lo que he visto… y mucho o poco de lo que siento… en la
realidad existe. Sin embargo un país está hecho por personas y
estas pueden ser ricas o pobres. Creyentes o incrédulos.
Inteligentes, dementes, abúlicos, hiperactivos, patanes, o como
se les quiera clasificar. En un país hay de todo y para todos
los gustos. Si yo soy optimista, positivo y feliz de vivir y me
encontré con gente parecida a mi, por las razones que fueren, no
es raro que busque ideas y apoyos en gente con criterios
similares a los míos. Sin embargo hay que recordar que los
hechos son porfiados y que uno no puede ser más porfiado que
ellos. Además y también es un es un hecho, que una comunidad es
un ente vivo y por tanto cambiante. Todo esto es sólo para
decir: No niego la posibilidad de estar equivocado si hubieren
hechos que hoy desconozco y que lo demuestren. Mientras eso no
suceda lo que siento es mi verdad.