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Wagner en
Israel, Operas wagnerianas y músicos israelíes

Una controversia que no cesa
por
Julián Schvindlerman
Cuando el
conductor Roberto Paternostro dio los primeros
movimientos de su batuta, indicando a los músicos de la
Orquesta de Cámara de Israel el inicio del wagneriano
"Idilio" de Sigfrido ante un auditorio en Alemania, a
fines de julio último, desencadenó, como era de esperar,
una polémica en su país. Que una orquesta israelí toque
música del compositor favorito de Adolf Hitler, que lo
haga en Bayreuth -el epicentro cultural nazi por
excelencia durante los años de la Segunda Guerra
Mundial-, que el director Paternostro sea él mismo hijo
de sobrevivientes del Holocausto, y que el Festival de
Ópera de Bayreuth sea administrado por los descendientes
del propio Wagner parecía una combinación de factores
hecha a medida de la mejor provocación posible.
Pero en rigor, él no estaba sino agregando un precedente
más a los aparentemente interminables esfuerzos por
parte de renombradas figuras de la cultura israelí de
promover la música de Richard Wagner dentro y fuera del
Estado judío. En 1981, la Orquesta Filarmónica de
Israel, con la dirección de Zubin Metha, tocó un
fragmento de Tristán e Isolda como bis. En el momento en
que Metha anunció que tocaría eso, miembros de la
audiencia se retiraron de la sala? junto a dos
violinistas de la orquesta. Diez años después, la
Orquesta Filarmónica de Israel insertó obras de Wagner
en su programa pero se vio obligada a retirarlas ante
las protestas de los abonados. En 1995, la radio estatal
israelí transmitió la obertura de El holandés errante
así como una serie sobre la vida y obra del compositor
alemán. En 1997 el Canal 8 (dedicado a la ciencia y a la
cultura) emitió obras de Wagner durante docenas de
horas. En 2001, Daniel Barenboim, al mando de la
Staatskapelle de Berlín, tocó música wagneriana al fin
de un concierto en Israel, lo cual no estuvo exento de
críticas. El empeño por divulgar la obra de Wagner
reconoce antecedentes incluso en las épocas anteriores
al establecimiento de Israel.
El violinista judeo-polaco Bronislaw Huberman, fundador
de la Orquesta Sinfónica Palestina en 1936, invitó a
músicos talentosos del extranjero a incorporarse a la
orquesta y dio lugar a las obras del célebre compositor
alemán. En 1938 tres directores tocaron óperas
wagnerianas en Palestina: Arturo Toscanini dirigió los
preludios al primer y tercer actos de Lohengrin ; Jascha
Horenstein dirigió la obertura de Tannhäuser ; y el
primer violinista Bronilsaw Szulk incluyó la obertura de
El holandés errante . Estos conciertos tuvieron lugar en
Tel Aviv, Haifa y Jerusalén, entre abril y julio, y
según Na'ama Sheffi, autora de The Ring of Myths: The
Israelis, Wagner and the Nazis , "fueron recibidos con
entusiasmo". Una nueva sesión fue programada para
noviembre, la cual sería inaugurada por Toscanini, quien
planeaba tocar la obertura wagneriana de Los maestros
cantores de Nuremberg . Pero tres días antes del
concierto, la Kristallnacht ocurrió en Alemania: cientos
de sinagogas fueron incendiadas, miles de casas y
negocios destrozados, cientos de judíos golpeados
brutalmente y más de noventa, asesinados. El
establishment artístico judío comprendió que aquél no
era el mejor momento para tocar la música de Richard
Wagner en Palestina, de modo que se le pidió a Toscanini
que dejase a un lado aquella pieza. El maestro italiano
aceptó y la reemplazó por la obertura de Oberon de Carl
Maria von Weber. Toscanini era un antifascista
declarado; voluntariamente había partido de Italia en
muestra de desprecio al régimen de Mussolini y a pesar
de ser convocado por el Tercer Reich en más de una
ocasión a participar de sus eventos culturales, el
maestro italiano declinó y se rehusó a asistir a los
festivales de Bayreuth. Para Wagner, empero, parecía
tener algún lugar cálido en su corazón.
Los nazis hicieron de Richard Wagner su ícono cultural
supremo. Su música era presentada en las convenciones
del partido y sus óperas adornaron escenas en películas
antisemitas y filonazis. Elementos de su obra podían
hallarse en la película El triunfo de la voluntad de
Leni Riefenstahl, extractos de su panfleto racista El
judaísmo en la música fueron citados en el film
propagandístico Der Ewige Jude y su ideología influyó en
la pieza de propaganda jud Süss . En el ensayo El
judaísmo en la música , Wagner estereotipaba y denigraba
a los judíos, a quienes señalaba como incapaces de crear
música que no fuese superficial. Se le ha atribuido
acuñar los términos "problema judío" y "solución final".
Tan influyente fue él en el pensamiento nazi que Adolf
Hitler proclamó que era imposible entender el
nacionalsocialismo sin entender a Wagner.
Ciertamente, las obras de otros grandes compositores,
como Beethoven, Liszt y Mozart, fueron adoptadas por los
nazis, a pesar de haber dejado el mundo terrenal -al
igual que Wagner- con anterioridad al advenimiento del
nazismo. Es más: músicos conocidos por su cercanía al
régimen nazi lograron superar la censura musical de los
israelíes: Richard Strauss y Carl Orff por ejemplo.
¿Entonces por qué esa obsesión con Wagner? Quizá la
respuesta radique en un hecho crucial, que separa a
Wagner del resto de los compositores cuya música fue
apropiada por el nazismo así como de los seguidores u
oportunistas filonazis. A diferencia de esos
colaboradores circunstanciales, Wagner fue un forjador
de judeofobia genocida alemana. Más que simplemente
consumir antisemitismo, él fue un creador de
antijudaísmo, y lo hizo con tal eficacia que los futuros
nazis lo admirarían precisamente por ello.
Richard Wagner es un símbolo cultural del nazismo. Pero
la historia es rica en ironías. Admirador de la música
de Wagner, el fundador del sionismo político, Theodor
Herzl, eligió la obertura de Tannhäuser para la
inauguración del Segundo Congreso Sionista en Basilea,
en 1898. Un hecho que, a la luz de la historia por
sucederse, seguramente hoy escandalizaría a Herzl y que,
de haber vivido lo suficiente para presenciarlo,
indudablemente hubiera horrorizado al propio Wagner.
Fuente:
Lanacion.com.ar/JS
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