|
Yaffa Yarkoni: "Nunca le canté a la guerra..."
por Mijael Vera "Estoy cansada. Durante 51 años he cantado sobre Israel por todo el mundo, contando historias de cómo era antes Israel: la primera guerra, la segunda guerra, todas las guerras. Guerra, guerra, guerra. Me llaman la cantante de las guerras. No me gusta este sobrenombre. Quiero ser la cantante de Israel", declaraba Yaffa Yarkoni poco tiempo antes de entrar a una larga y penosa enfermedad degenerativa que la dejaría fuera de los círculos artísticos desde hace más de una década. Su queja difícilmente podría haber ser acogida pues su voz está irremediablemente ligada al Estado de Israel y a la imagen heroica de sus luchas por la sobrevivencia.
Es la misma época en que las izquierdas mundiales miraban extasiadas los logros del kibutz, y cantaban nuestras canciones sin pudor alguno (Miryam Makeba, Quilapayún y muchos otros). Eran los mismos tiempos de "Éxodo" la célebre película estadounidense de 1960, producida y dirigida por Otto Preminger, y los tiempos en que todo cantante que se preciara de tal corría a grabar su versión propia de "Hava Naguila". ¿Quién era esta mujer? ¿Qué la llevó a triunfar en los grandes escenarios del mundo con una serie de canciones de melodías fáciles pero de letras en un idioma que nadie entendía?
Yarkoni
nació como Yafa Abramov en Giv'at Rambam en el seno de
una familia judía que emigró del Cáucaso. Cuando tenía
10 años, aprendió ballet. Esta asociación generó una corriente dramática en el Pueblo judío a nivel mundial; se la recordaría para siempre por su magnífica interpretación de las canciones patrióticas en desmedro de otras temáticas que también la llevaron a los grandes escenarios del mundo a partir del Olympia de Paris, el Festival de Grecia, México, Japón. Allí encontraría el público que mundialmente estaba extasiado con todo lo que viniera desde Israel. Su producción musical y el impacto en la memoria popular sólo es comparable a las trayectorias de otras tres grandes de la música popular mundial: Ella Fitzgerald, Amália Rodrigues, y Edith Piaf en su capacidad de hacer sentir a través de su voz la pasión de una nación claramente definida en sus contradicciones en la manera de ver el amor, el apego a la tierra, las incidencias de la Historia. Un mérito adicional puso a Yaffa Yarkoni en un sitial privilegiado para el mundo latinoamericano al grabar en México una sustancial cantidad de sus canciones al estilo "mariachi" abriéndole, así, un espectro de admiradores que iban mucho más allá del cautivo público judío. Su interpretación de "Finjan" en Francia quedó célebre en el famoso Olympia de Paris, así como el festivo "Romania" cantado en hebreo. Su "Dona, Dona" íntimo y vibrante causó tan gran impacto que la célebre Joan Baez lo grabó en inglés siguiendo las claves interpretativas de Yarkoni. Canciones y baladas de evidente sentido patriótico como "Aminiti Iom Iabó" se incorporaron con fuerza al acervo musical judío a nivel mundial, así como un tardío (1974) "Davar lo Od" podría ser considerada como una de sus mejores interpretaciones en balada, plena de nostalgia y sentimiento íntimo. En el recuento necesario no pueden quedar fuera sus estimulantes interpretaciones de canciones infantiles, las tradicionales canciones en idish, en griego, en español, así como una serie de duetos con cantantes emergentes, en ese entonces, como los realizados con Arik Einstein y otros. "Yarkoni ha acompañado a Israel desde su fundación con sus canciones y fue su cara más bonita", declara el ministro de Defensa, Ehud Barak, en un comunicado. Y tiene razón. Su belleza mediterránea, y una voz que se paseaba con elegancia por el hebreo, el yiddish, el griego y el español, quedaron fijas en la memoria inseparable del sentimiento patriótico y la música. En efecto, fue para la Guerra de los Seis Días (1967) en que Yarkonni alcanzó los más altos niveles de producción musical patriótica quedando su voz fusionada a los logros extraordinarios de aquella guerra, como la recuperación de Jerusalem, la derrota de los países árabes, y la proeza de los ejércitos en un terreno hostil y mayoritariamente adverso. Pero su voz apenas se escuchó en el 73' para la Guerra de Yom Kipur donde se reeditaron sus éxitos patrióticos, pero sin una nueva producción. Curiosamente, su voz desapareció de los medios para el año 1977 cuando se firmaba el Tratado de Paz con Egipto...probablemente la voz de Yaffa recordaba un pasado reciente de conflictos bélicos que, por esos días de esperanza, era mejor no recordar... Ya después del 77' Yaffa Yarkoni, con una voz más madura, pero siempre vibrante, relanza su carrera con una serie de temas de amor y de paz, algunos duetos que se hicieron célebres, y presentaciones en la televisión israelí.
Poco a poco
fue retirándose de los escenarios nacionales dejando
paso a nuevas generaciones de cantantes a quienes apoyó
y auspició muchas veces con su imagen y consejos. En
1998 la fue concedido el Premio Israel, la más alta
distinción que otorga este país, en la
Su
enfermedad la fue afectando cada vez más, aunque no lo
ocultó e incluso apareció en varios programas de
televisión, en los cuales se refirió a su dolencia y al
hecho que nadie es inmune a las vicisitudes de la vida. "Nunca le canté a la guerra...siempre lo hice a la soledad del soldado en el frente, a la esperanza de paz, a la alegría de vivir...ésa es mi canción "patriótica" y esa es la memoria en que espero ser recordada" señaló a la prensa poco antes de entrar a la etapa más prolongada y dura de su enfermedad. Será ese el patrimonio cultural que Yaffa Yarkoni le herede a la memoria judía: sus canciones están ligadas de una manera indisoluble con cada acontecimiento relevante que conmovió al Estado de Israel desde su fundación, es cierto. Pero que la mayor parte de estos acontecimientos fueran bélicos es incidental a la hora de apreciar la fuerza con que estas canciones se arraigaron en el sentir popular de los judíos de todo el orbe. Eso Yarkoni no lo comprendió...su interpretación de populares melodías de inmigrantes, las canciones del kibutz, de los jaialim, de amor, iban más allá de los eventos puntuales y se recuerdan hoy con una nostalgia estimulante que supera el incidente histórico y construyen memoria e identidad.
|
Comparta este artículo con sus contactos: